La precariedad
laboral de trabajar en Rappi, Uber o Didi


Sin seguro social, sin prestaciones y sin un plan a futuro. Así son generalmente las condiciones en las que trabajan los que apuestan por el llamado autoempleo en las plataformas tecnológicas.

Por: Eréndira Reyes

Arturo trabaja 16 o 17 horas al día. Tiene dos 'autoempleos': uno como conductor de Uber y otro como repartidor de Cornershop. Con ello, apenas suma unos 15,000 pesos al mes, y esto gracias a que lleva más de un año en la aplicación de Uber, lo que le da preferencia frente a personas nuevas para la asignación de pedidos.

Hay ocasiones en que trabajo de las 6 de la mañana a las 2 de la tarde en el coche, y en la tarde me dedico a llevar el supermercado, a veces hasta las 10 o las 11 de la noche. Ya se volvió una rutina, casi un horario laboral.

dice este joven de 28 años

Su ritmo de vida es usual al de muchos otros "trabajadores" de estas aplicaciones tecnológicas, que ni siquiera los reconocen como tales (las empresas siempre piden que no se les llame "trabajadores" ni "empleados", sino "socios") y donde apenas tienen prestaciones, ni fondo de ahorro, ni seguro social.

El esquema bajo el que trabajan los "socios repartidores" no se considera trabajo formal en México, aunque sí pagan impuestos (algo que, de momento, no hacen las propias empresas en el país). La Ley Federal del Trabajo define en el artículo 20 que se considera un trabajo formal cuando se establece un contrato individual de trabajo, con una adherencia a prestaciones como seguro social, aguinaldo y vacaciones, y donde se establecen obligaciones y derechos. “No es lo mismo que adherir a los trabajadores a la red del SAT, pues eso sólo significa que están pagando impuestos. O sea, no significa que estén en la formalidad, pues no están dentro del seguro social, además de que no tienen certidumbre en las prestaciones ni en derechos laborales como trabajadores. Es una figura nueva”, precisa Daniel Cerdas Sandí, asesor de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo de la Ciudad de México.

Trabajar 17 horas al día puede significar ganancias de sólo 15,000 pesos al mes.

Este nuevo modo de trabajo que trajeron compañías como Uber, Didi y Rappi le ha dado una opción para ganarse la vida a miles de personas. Euromonitor calcula que tan solo en el rubro de entregas de comida, el valor anual de este mercado en Estados Unidos fue de 34,000 millones de dólares en 2018. Las empresas no comparten cuántos "socios" tienen, pero el colectivo #NiUnRepartidorMenos reúne a 20,000 de distintas apps, y esa debe de ser sólo una fracción de la cifra total. Sin embargo, este 'autoempleo' también se caracteriza por la precariedad laboral, con horarios interminables, ganancias bajas y una ausencia generalizada de derechos para unos trabajadores a los que se considera más o menos como 'freelances'.

Otro caso es el de Eduardo, un estudiante de arquitectura en la UNAM. Trabaja en Rappi de cuatro a seis horas al día en el fin de semana, aunque a veces hace hasta 12 horas de forma continua, por unos 3,000 pesos al mes. Ahora se muestra preocupado por un nuevo esquema de la aplicación, que puntúa mejor a los repartidores que más trabajen. “Mientras más horas acumules, mientras más pedidos hagas y mientras mejor calificación tengas, te dan prioridad de recibir pedidos. Si no cumples con ciertas horas o pedidos, no puedes conectarte en las zonas donde suele haber más pedidos. Y al ser tantos, la competencia se pone cada vez más intensa. Igual por eso ahora trabajo entre Rappi y Uber Eats, pues ya con ambas puedo más o menos compensar, indica.

Bajo la lluvia, con mucho calor o con tráfico intenso, los pedidos se deben entregar en el tiempo estipulado por la plataforma tecnológica, y al precio que define la app. Por ello, estos ‘autoempleados' no se consideran 'freelances' o trabajadores autónomos, pues no tienen capacidad de definir el cobro de su labor.

De acuerdo con Cerdas Sandí, esto limita la libertad de los socios y los deja en un limbo en el que se les define como independientes, pero dependen de lo que la tecnológica indique en cuanto a precios o a pedidos por hacer.

“Cuando empecé a trabajar en esto, era más fácil tener pedidos seguidos y con un costo mayor. Pero con el tema de los puntos, he tenido días donde gano 40 pesos en un periodo de cuatro horas, porque simplemente no me caen pedidos”, puntualiza Eduardo.



Ser "socio" es ser parte del 19% de la población en condición crítica laboral.

Un mundo de
‘jornaleros digitales’

Daniel es otro veinteañero que trabaja entre Didi Food y Uber Eats. Con la primera empresa acaba de comenzar después de casi un mes en la lista de espera en la Ciudad de México. “Me fui por la opción de Didi porque ya había probado otras plataformas y las ganancias son variables. Ahora sé que, si un fin de semana lo trabajo bien, puedo ganar entre 600 o hasta 1,500 pesos, sobre todo en fines de semana donde hay futbol o alguna celebración. También llevo unos seis meses trabajando en Uber y estoy combinando ambas", comenta. En general, se declara satisfecho, y su "única queja es que hay cambios que luego no se entienden y hay muchos clientes que tampoco entienden la labor que hacemos y los riesgos que corremos. Entonces, terminan no dando propina o exigiendo una atención mayor a la que nos toca”

No hay un mínimo de horas retribuidas garantizado.

De acuerdo a la más reciente encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el país reportó en 2019 una tasa récord del 19% de la población en condiciones críticas dentro de su empleo, ya sea porque percibe un bajo salario, tiene jornadas de trabajo excesivas o una combinación de ambos factores. Esto supone 10.2 millones de personas con un empleo precario, un 3.5% más que en 2018 y la cifra más alta desde que existe registro, en 2005.

Hasta el momento ninguna app tiene un programa para el retiro.

Sin un mínimo de horas retribuidas garantizado, medidas de seguridad que protejan la salud de los repartidores ni derechos laborales básicos para los trabajadores de las aplicaciones tecnológicas, se corre el riesgo de crear “jornaleros digitales”, dice la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su informe Trabajar para un futuro más prometedor, que plantea la necesidad de regular este tipo de apps, ya que no están cumpliendo los requisitos de lo que se considera un trabajo digno.

Los esfuerzos alrededor del tema ya existen. La Unión Europea evaluará en abril una regulación de la llamada gig economy, que incluye a este tipo de aplicaciones, y algunos jueces regionales en España han declarado que estos "socios" son "falsos autónomos", y deben ser considerados empleados de las compañías. El estado de California, en Estados Unidos, y Francia también han marcado antecedentes de la discusión que viven las plataformas de delivery con sus repartidores. En el primer caso, se logró que los socios conductores de Uber y Lyft, plataforma de movilidad similar a Uber, ya tengan la figura laboral de contratista, mientras que en Francia se estableció que las empresas deben reconocer a este tipo de colaboradores como sus trabajadores.

El colectivo #NiUnRepartidorMenos
está integrado por poco más de

repartidores

Sin embargo, otros países han decidido lo contrario. La Suprema Corte del Trabajo en Brasil determinó que no existe una relación laboral entre Uber y socios conductores. De acuerdo con el ministro Breno Medeiros, la autonomía y flexibilidad con la que cuentan los socios conductores que utilizan la plataforma de Uber para generar ganancias son incompatibles con una relación de empleo, dado que ellos pueden elegir conducir dónde y cuándo ellos prefieran.

¿Y en México? Una opción "es lo que sucedió con las trabajadoras del hogar", dice Saúl Gómez, representante del colectivo #NiUnRepartidorMenos, que busca que las tecnológicas den el reconocimiento de empleados a sus "socios" y, por tanto, que se aplique un contrato con prestaciones y derechos laborales. "Pero nosotros no aparecemos en la Ley del Trabajo, no somos empleados. Sin embargo, tenemos una ventaja: aparecemos en la ley tributaria, y como la mayoría está tributando y tenemos sistema bancario, eso nos facilita a entrar al seguro social. Ahora, lo que buscamos es un sistema tripartita, pues necesitamos tener derechos laborales”, añade.

El sistema tripartita basa la afiliación al IMSS en un apoyo conjunto del empleador (en este caso, las apps), el gobierno y otra porción de parte del trabajador. Hasta este momento, ninguna de las marcas tiene un esquema claro de prestaciones o de seguridad social para los repartidores, por lo que estos se encuentran en la práctica en la informalidad.

En caso de robo, es aún más complicado pedir ayuda.

(In)seguros

Gabriel Estrada mordió el concreto al caer de su bicicleta dos veces en un año. En junio de 2018, el repartidor de aplicaciones de pedidos voló sobre el pavimento cuando entregaba un pedido de Rappi, en Paseo de la Reforma. Un coche golpeó la bicicleta y lo disparó por los aires. Perdió tres dientes y sufrió varias raspaduras. Habló a la empresa para reportar lo sucedido.

Me preguntaron si podía llevar el pedido, y si no, para cancelarlo.

recuerda el estudiante de Gastronomía
La cancelación le generó una deuda de 200 pesos.

En abril pasado sucedió otra vez. Un auto golpeó su bicicleta y mandó a Estrada al suelo cuando se dirigía a casa. Estuvo inconsciente 30 minutos, sufrió lesiones en la dentadura y la rodilla. Gastó 20,000 pesos en curaciones. Esa vez estaba desconectado a SinDelantal, otra app para la que también trabaja. Al otro día, envió a la empresa un correo para notificar lo sucedido. “Me respondieron que lo lamentaban y que cuándo regresaría a trabajar”, dice el repartidor de 25 años.

ganancia promedio mensual de

pesos, trabajando 25 viajes diarios

En México y en el mundo, el auge de estos trabajos de la llamada economía colaborativa ha traído problemas como la inseguridad de los repartidores, que no tienen garantía de acceso a atención médica en el seguro social, y la ausencia generalizada de ayudas como el seguro de gastos médicos mayores, fondos para el retiro o apoyos a la vivienda.

“Nosotros nos reunimos con algunas apps, con Rappi un par de veces y con Sin Delantal. Pero más allá, hemos participado con el Senado en las reuniones sobre el tema, y vemos que algunas de las apps sí pecan de soberbia y que no se considera a los repartidores como empleados. Creemos que las empresas deben humanizarse en el tema de seguridad de los repartidores, no ven a la familia que hay detrás de cada repartidor”, indica Gómez. #NiUnRepartidorMenos surgió en noviembre de 2018 después de la muerte de Manuel Matías, quien se desempeñaba como socio repartidor de Uber Eats y que se encontraba entregando un pedido en el momento del accidente.

Desde el momento en que tuvimos noticia del hecho entramos en contacto con la familia para brindar el apoyo correspondiente, y se reportó el percance a la aseguradora.

expuso Uber Eats en ese momento

Sin embargo, Gómez asegura que la propia familia del repartidor tuvo que revisar cámaras y horarios para demostrar que Manuel Matías estaba en el proceso de entrega de un pedido. El colectivo, que reconoce el valor de estas aplicaciones para muchas familias —"hay de todo desde estudiantes, madres solteras o gente que trabaja en algo fijo, y esta opción les sirve para complementar sus gastos"—, se queja también de que otro problema es que "la información sobre los seguros no es del todo clara".

Uber Eats y Didi Food tienen un esquema de seguros que cubren a terceros y al repartidor si sufre lesiones, e incluso cuentan con un seguro de vida. Sin embargo, los detalles sobre los montos no son públicos, y ninguno de los repartidores que consultó Expansión sabía que, en caso de muerte, su familia podría acceder a esta prestación.

A finales de febrero, Didi Food presentó un programa integral de seguridad, con una línea de atención especial ante siniestros y un esquema de seguro que, si bien no tiene una póliza, cubre a terceros y al socio repartidor en caso de accidente. “No podemos precisar el monto de la cobertura por riesgo a que se generen accidentes provocados y por seguridad de los mismos socios repartidores, pero puedo decir que es competitivo”, destaca Andrea Vidales, gerente de comunicación de Didi Food México. El caso de Uber Eats es similar. Y Rappi, en caso de muerte, ofrece el llamado Rappitendero, una cobertura de 100,000 pesos, mientras que la cobertura para lesiones cubre hasta 20,000 pesos.

No hay cifras sobre el número de accidentes o fallecimientos de estos repartidores. De acuerdo con el último reporte de la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México, de julio del 2019, los incidentes de motociclistas aumentaron un 7%, y #NiUnRepartidorMenos asegura que ha habido 28 muertos en todo el país.

El trabajo de este tipo de colaboradores podría ser de riesgo, y al no ser considerados como trabajadores de parte de las empresas, pueden no tener acceso a garantías de seguridad. De hecho, si algo sucede, se debe revisar caso por caso para saber si los repartidores o las familias afectadas pueden apoyarse en las empresas para tener algún tipo de auxilio.

señala Cerdas Sandí

La mayoría de los socios toman este trabajo como primera fuente de ingreso, no como complementaria.

¿Libertad?

En todos estos debates, las empresas destacan la enorme cantidad de 'autoempleo' que están generando, y argumentan que los repartidores son “prestadores de servicios independientes que buscan un ingreso adicional en un horario flexible". Esta libertad de cada uno para definir su jornada laboral es lo que hace que no se los pueda considerar como empleados bajo contrato.

Sin embargo, dada la cantidad de horas que hay que trabajar para conseguir un dinero decente, algunos repartidores afirman que esa libertad apenas existe, sobre todo desde que varias apps premian a quienes más horas hacen. Eduardo es uno de los que piensa así. "El problema de los puntos es que, por no tener tiempo entre semana, no puedo trabajar y ganar lo suficiente para seguir estudiando. Me había metido a Rappi por lo mismo, por ser flexibles en el horario, pero al estar sujeto a un esquema así no sé si tenga que buscar otra opción para conseguir dinero".








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FOTOGRAFÍA: Jesús Almazán / CON INFORMACIÓN DE: Angélica Pineda / DISEÑO Y PROGRAMACIÓN WEB: Evelyn AC