Convivir con el coronavirus: así será la nueva arquitectura

¿Cómo serán los espacios que habitaremos tras el confinamiento? ¿Qué papel jugarán los arquitectos en repensar la ciudades? Estas son siete reflexiones de especialistas de prestigio.

Por María Nieto

El coronavirus ha vaciado las calles, las oficinas y las zonas comunes. En algún momento, volverán a llenarse, pero será en una “nueva normalidad” que transformará los espacios en los que vivimos. ¿Cómo será la arquitectura tras el confinamiento que ha impuesto el COVID-19? ¿Cómo cambiarán los hogares, el transporte público, las oficinas, las calles, los parques y otros lugares de reunión? ¿Qué lecciones han aprendido los arquitectos en esta crisis? Estos son algunos de los cuestionamientos que Obras lanzó a siete arquitectos de renombre, quienes compartieron sus reflexiones sobre estos puntos.

Se trata de Enrique Norten, José Castillo, Benjamín Romano, Verónica González, Mario Schjetnan, Arturo Arditti y Juan Carlos Baumgartner. Todos ellos invitan a reflexionar sobre el regreso a una normalidad repleta de anormalidades, donde el respeto vital al ser humano y a su bienestar serán las prioridades, buscando la convivencia en espacios mucho más equitativos, menos desiguales, y también más flexibles, capaces de transformarse de forma inmediata ante diversas eventualidades.

Estas son sus ideas.

Enrique Norten
director de Ten Arquitectos

Hacia una ciudad multidimensional

Tenemos una tragedia no imaginada. Estamos en medio de una tormenta, y por lo que leo hay una segunda, que es una situación económica en la cual estamos entrando, y que seguramente será más duradera que el propio mal sanitario al que estamos expuestos.

En el plano arquitectónico, habrá que enfrentarse pronto a esta ciudad a la que le hemos succionado toda la energía. El espíritu de la ciudad está en la activación y ocupación del espacio público, y ahora se lo hemos quitado.

El vacío urbano empieza a ser muy preocupante. Hemos defendido esta condición de densidad y activación del espacio urbano, y de pronto nos hablan de dispersión, de nuevas condiciones que no habíamos contemplado, donde se nos sugiere que es mejor no tener este tipo de relaciones, evitar cualquier acercamiento a otros seres humanos. Entonces, ¿cómo encontrar esa nueva ciudad, que era la de la congestión, y ahora, al mismo tiempo, es de la dispersión? ¿Cómo hacer convivir ambas condiciones?

El tema de la suburbanización puede tomar auge: las personas pueden creer que es mejor vivir en otro sitio donde no haya mucha gente. Pero eso significarán mayores complicaciones en transporte, movilidad, servicios… Es más costoso, y también producirá una mayor división en las condiciones de inequidad y pobreza.

Además, ya estamos viendo esas grandes divisiones en nuestras comunidades. Cada vez son más evidentes las diferencias entre pobres y ricos, y debemos trabajar, sin duda, para reducir esos distanciamientos. Creo que esto nos va a llevar a nuevos modelos paradigmáticos, geométricos, de relacionarnos con las personas, y a nuevas tipologías de ciudad. No perderemos densidad, pero sí tendrán que ser otras dimensiones geométricas.

Vamos a dejar de pensar en la ciudad bidimensional para encontrar condiciones de una ciudad tridimensional y multidimensional, pluricéntrica, pero con muchas más dimensiones, mucho más densas, con una multiplicidad de planos, hacia arriba, hacia abajo, al norte, sur, este y oeste. Es un modelo que no tenemos, pero que habrá que proponer e inventar. Sí veo que hay posibilidades que habrá que explorar.

Las tipologías genéricas a las que estamos acostumbrados van a cambiar. Esto nos está enseñando a entender que requerimos de lugares de trabajo y esparcimiento con mucha mayor flexibilidad, con condiciones menos programadas que nos permitan, de alguna manera, cumplir con condiciones básicas de resguardo y seguridad y, al mismo tiempo, tener una mayor flexibilidad en el desempeño de nuestras actividades y en la ocupación del mismo espacio. Eso llevará a nuevas soluciones y nuevos tipos de arquitectura.

En el plano del transporte, también hay mucho que trabajar. Si la orden es mantener distancia de dos metros, ¿cómo le va a hacer la gente que tiene que tomar el metro, si no hay ni un centímetro de distancia entre una persona y otra? Eso no va a funcionar. ¿Cuáles van a ser nuestras opciones? Habrá que repensar. Por eso arguyo a favor de la densidad de las ciudades: si nos desplazamos menos, hay menos necesidad de usar el transporte.

La pandemia nos está dejando muchas lecciones: por ejemplo, nos damos cuenta de que no estamos preparados, que no hemos elegido los líderes correctos, que no tienen la visión que esperábamos, que dejamos de ver ciertas condiciones o no evaluamos con toda la amplitud.

José Castillo

Foto: Cortesía

José Castillo
socio director de Arquitectura 911sc

Pensar en ciudades más equitativas

La mayor incertidumbre viene de no entender todas las aristas de un fenómeno como el COVID-19 que sí toca a la arquitectura, al paisaje, a la construcción, al urbanismo. Eso es quizá lo que más nos inquieta y frustra a la vez, pero hay que ser cautelosos en términos de especular sobre los posibles impactos.

Observando lo que ha sucedido en los últimos 45 días en México, y en más de dos meses en el mundo, hay impactos en tres o cuatro áreas fundamentales: la vivienda, la casa, el espacio de movilidad, los espacios de trabajo —en especial la oficina— y los espacios públicos.

El impacto del COVID-19 evidencia que la crisis no se vive de la misma forma: no la vive igual una familia de cuatro o seis personas en un departamento de 40 metros cuadrados que una familia de tres en una casa de 200 o más metros cuadrados.

Pienso que esta pandemia va a modificar potencialmente la manera en que pensamos los espacios de la casa, donde la gente está recreando y revalorando actos como el cocinar o lavar. Hay que darle una mayor importancia a esos pequeños ritos domésticos, pensar la cocina desde una perspectiva social y no funcional, por ejemplo. Es algo que ya pasaba en algunos entornos y sectores sociales. También el espacio donde se trabaja en casa se vuelve polifuncional: estamos trabajando en nuestros comedores, cocinas, salas… Habrá una reflexión de lo que asumimos como importante en la casa misma.

Sobre la movilidad, el tema del distanciamiento social no es lo mismo para alguien que puede dejar de ir a trabajar que para alguien que tiene que desplazarse muchos kilómetros. La manera en como esto está impactando nos hace pensar en ciudades más equitativas o más justas, y en que las distancias entre el empleo y la casa deber estar más balanceadas.

La movilidad y el transporte son una manera que puede cambiar la forma en que diseñamos las ciudades, y eso podría llegar a ser permanente. Por ejemplo, ¿cómo dividir las calles para dar más espacio a peatones y ciclistas? Sería un buen experimento. Hay que plantear para quién es la calle.

Sí veo un cambio radical en el mercado de las oficinas. Puede reducirse de manera notable la dependencia de tener una oficina, y el mismo espacio se va a modificar como un hub o nodo social, lugares donde encontrarse con la comunidad.

En particular, las pequeñas y medianas empresas van a dejar de pagar rentas para invertir mejor en tecnología, capital humano u otro tipo de proyectos constructivos, y eso tiene que ver con arquitectura y ciudad.

El rol del espacio publico quizá es más complejo y especulativo. Volviendo a que el COVID-19 ha pegado de manera asimétrica, no hay que olvidar que para personas que viven en 40 m2 o condiciones de espacio similares, el espacio público se vuelve un ecualizador, y no sabemos cómo vamos a volver a ocupar o diseñar esas plazas. Ahora existe un espacio para reimaginar y transformar el pensamiento sobre el espacio público.

Sí creo que va a haber firmas y despachos que no van a librar esta crisis, sobre todo la económica. Veo las respuestas de gobierno absolutamente tardías, limitadas e incapaces de entender lo que implica una economía de servicios que se fundamenta, sobre todo, en pequeñas y medianas empresas que no tienen meses de liquidez para sustentar un cañonazo de esta naturaleza.

Los servicios profesionales y de la construcción van a verse afectados dramáticamente. Las declaraciones del presidente sobre la autoconstrucción son una afrenta, sumada al desinterés en la cultura y la absorción del Fonca en la Secretaría de Cultura. Si la arquitectura no es una profesión en camino de extinción, sí está en un proceso de violencia organizada desde la política pública, y eso, sin duda alguna, va a requerir de parte de nosotros otro tipo de organización, de defensa y adecuación cuando salgamos.

Benjamín Romano

Foto: Archivo Obras

Benjamín Romano
director de LBR Arquitectos

Hacer arquitectura flexible y que respire

Siempre he sido un convencido de que la arquitectura tiene que ser flexible, y eso lo enseño en mis clases. Ahora se refuerza mucho más mi criterio.

Derivado de la pandemia, me hablaron algunos de mis clientes, preocupados porque piensan que el home office va a modificar el uso de las oficinas en los edificios que conocemos. Aunque no lo creo, mi respuesta fue: “No te olvides de que el edificio tiene una arquitectura libre de columnas, y esa arquitectura se puede adaptar a cualquier otro uso: podemos hacer vivienda, hotel, lo que quieras”. Se quedó más o menos tranquilo.

Esto lo cuento porque sí creo que por ahí tenemos que pensar los arquitectos: pensar que nuestro trabajo debe ser flexible porque no sabemos qué va a pasar, qué tendencias van a llegar, y olvídate de un virus, sino qué tendencias de la humanidad, cómo trabajar, cómo vivir. En este momento, se refuerza muchísimo el hecho de que la arquitectura tiene que ser flexible y respirar. No podemos seguir haciendo cajas de vidrio herméticas con aire acondicionado que nada más está recirculando. No podemos, es una irresponsabilidad.

La arquitectura tendrá que buscar espacios abiertos, mientras más mejor, porque cada vez más las personas sentimos la necesidad de tener esta comunicación con el espacio abierto, con el aire libre. Máximo con este tipo de virus, nadie quiere estar dentro de un edificio que no respira.

Los espacios y edificios abiertos son algo que vamos a ver en el futuro inmediato. Para la arquitectura que no está hecha así desde un principio, será complejo adaptarse. Cuando termine este encierro, las personas van a preferir, por ejemplo, consumir en espacios abiertos. Lo último que van a querer es meterse a comprar a una caja cerrada con aire acondicionado.

Sí me preocupan los centros comerciales. Pienso que tienen problemas desde antes de la pandemia. Se van a tener que reinventar. Hay edificios que, con la mano en la cintura, los abres, pero no todos. Hay que abrir las oficinas, que entre aire fresco, que circule la naturaleza.

Esta pandemia nos ha enseñado que nos hemos equivocado al construir tantos edificios de oficinas, comercios, viviendas y ya, y se nos ha olvidado el tema de la salud, que además de rentable es necesario.

No hay nada que me dé más pena en este momento, a nivel planetario, que la escasez de centros de salud. Es un tema prioritario para el desarrollo inmobiliario, es algo que hay que crecer. La crisis que estamos viviendo no es tanto del virus, sino de la falta de espacios hospitalarios.

El virus llegó para quedarse, el humano va a encontrar una vacuna y va a aprender a vivir con ello, los más van a sobrevivir. Con la penicilina se nos olvidó que las pestes y las infecciones eran recurrentes en el Planeta Tierra, pero ahora recordamos que debemos abocarnos a ampliar y mejorar la oferta de salud en todas las ciudades.

Verónica González

Foto: Archivo Obras

Verónica González
directora de VGZ

Hay que integrar exteriores a las viviendas, por mínimas que sean

Esta es una oportunidad para revisar qué estamos haciendo bien, qué tenemos que reforzar y qué tenemos que repensar.

La información que nos llega es distinta y cambia. El gran tema es cómo vamos a repensar esta ciudad cuando no nos podemos acercar.

Tenemos que reforzar bien el uso de tecnologías responsables con el medio ambiente: captación de agua, uso de energía solar, ahorro energético… Que la casa funcione como un sistema y entienda lo que está pasando a su alrededor: aprovechar vientos cruzados y luz natural como principal eje de su diseño, el asoleamiento, las sombras.

Ahora existe la necesidad de integrar a las viviendas, por mínimas que sean, un espacio exterior: balcones, terrazas y patios. Y la necesidad de contacto con la naturaleza: plantas, jardines y huerto urbano, producir algo en casa.

El otro tema es el contacto social y las cientos de preguntas en torno a esto: cómo vamos a convivir, cómo generamos espacios que nos permitan la convivencia, y cómo generamos también espacios de privacidad, espacios individuales dentro de esa convivencia.

Otro tema es cómo repensar el espacio público, lo que nos lleva pensar en el lugar que le estamos dando al coche, pues las banquetas tendrán que ser más amplias para guardar distancia. Se requieren espacios más generosos, y dar más espacio a la bicicleta y a transportes alternativos, patines, patinetas, para transportarnos sin tener que estar encerrados en un espacio. ¿De qué manera vamos a generar estos espacios públicos? ¿Cómo vamos a sentarnos al aire libre sin pasarnos los microbios?

¿Cuál es la forma en que nos vamos a reinventar? ¿Qué va a pasar con la economía, que ya estaba afectada? ¿Cómo vamos a reactivar la economía para los menos afortunados, como los trabajadores de obra que llevan ya un mes sin empleo? Como arquitectos, hay pensar qué podemos ofrecer para mejorar la calidad de vida de las personas sin que necesariamente estemos hablando de una casa.

Hay que repensar el espacio al que le vamos a dar prioridad y mucho más usos, re-usos, reaprovechar más los recursos, generar menos gasto y más comunidad. Y en cómo vamos a generar espacios para estar más conscientes de la comunidad cuando estamos bien, y no solo cuando estamos mal.

Arturo Arditti

Foto: Cortesía

Arturo Arditti
socio de Arditti Arquitectos

Construir el respeto vital de las personas

La gente se está adelantando demasiado al tratar de dar definiciones de esquemas de lo que pasará en el futuro por el impacto tan fuerte de lo que significa una pandemia que casi nadie ha visto antes. Las personas tienden a sobrerreaccionar, tratando de dar pronósticos muy influenciados por lo que está pasando en el momento.

Lo cierto es que la primera lógica es que vamos a tener espacios más flexibles, tanto en casa como en la oficina. La flexibilidad va a permitir que haya más o menos equipo trabajando en las oficinas y puede hacer que las compañías sean más versátiles en términos de la cantidad de personas que las integran. El acondicionar espacios muy específicos para que se ganen premios de arquitectura e interiorismo con cosas muy fijas va a ceder versus a lo móvil y flexible.

En las casas va a ser muy importante que se considere un espacio separado de trabajo, para que quien trabaja pueda tener un sitio relativamente aislado, y no ser distraído por lo que pasa en su entorno familiar.

Ya probamos que podemos trabajar a distancia, y nos vamos a ahorrar espacios de oficina. Tal vez nos turnaremos por equipos, unos trabajarán desde casa, otros no, no dudo que eso pase, pero a largo plazo esto exigirá un reacomodo en un punto intermedio entre la reacción inicial inmediata influenciada por lo que estamos viviendo y el modus operandi que teníamos antes del COVID, y pienso que será más cercano a la realidad que vivimos antes de la pandemia.

Aunque puede sonar ilógico, en específico en costos operativos, hay algo que la gente no está evaluando: la gente se siente protegida estando en casa, pero la preferencia va a ser trabajar fuera de casa porque el ser humano se aburre de lo ordinario. La monotonía afecta fuertemente a la parte psicológica, no le damos tanto peso, pero tiene mucho que ver con el bienestar emocional, y éste con la productividad y la eficiencia.

No todo lo tenemos que medir en términos de ahorros en costos de operación y productividad. Tenemos que medir las cosas en un balance de sanidad social e individual, en lo personal y social. Eso no lo estamos viendo claramente.

En México, hemos sido muy desafortunados en temas de densidad en espacios interiores. Un estándar promedio internacional de un país desarrollado es tener una persona cada nueve o 10 metros cuadrados con plantas abiertas, aquí hay compañías que atiborran una persona cada 5 m2, y el parámetro es que hay que eficientizar. En México somos muy adeptos a no darle tanta importancia a esos órdenes de respeto vital.

Los espacios van a ser una reacción a una nueva condición social. Un tema crítico van a ser los espacios públicos que no puedan reacomodar su actividad para incluir a la gente de manera más aislada, con más separación, con más seguridad. En auditorios, quizá se determine que las personas se sienten con separación de butacas en forma horizontal, vertical y diagonal, como se ha mencionado que se reabrirán los partidos de futbol en España, pero eso es una medida temporal para que las personas se sientan tranquilas, y permitir que se reanude la economía de ese sector. Creo que vamos a tener una serie de restricciones en ese periodo en el que las personas se sigan sintiendo vulnerables.

Juan Carlos Baumgartner

Foto: Archivo Obras

Juan Carlos Baumgartner
director de Space

Mejorar la vida del usuario

Ahorita tenemos tiempo para cuestionarnos cómo va a cambiar el mundo. He escuchado personas que lo ven como un tema pasajero. Todo mundo entiende la gravedad del problema económico, pero poca gente se está cuestionando cómo va a ser el mundo al que vamos a regresar.

Y más allá de los que creen que debería ser un mundo super ecológico, y que evidentemente estamos metidos en el tema, creo que hay capas mucho más profundas. No tiene que ver nada más con que si vamos a ser una ciudad más empática y sustentable, sino con cuestionar cómo hacemos las cosas. Por ejemplo, la industria del cine tendría que preguntarse si va a seguir existiendo como la conocemos, y si no, cuál es su futuro y el de toda la infraestructura que tienen.

Al final del día, pienso que todas las industrias se van a ver impactadas por lo que está sucediendo. Pero no veo que muchas de estas industrias se estén haciendo las preguntas adecuadas, aprovechando el tiempo no sólo en sobrevivir y esperando a que esto rebote, sino en rediseñar cómo creemos que debería de ser ese mundo al que vamos a regresar.

Pienso que las industrias creativas y de diseño van a tener muchísimo trabajo cuando las organizaciones empiecen a entender que este mundo cambió. Pero definitivamente, vamos a pasar por un proceso complicado, por lo menos en el corto plazo.

Al final va haber muchas bajas en muchos sentidos, va a ser muy complicado, con gente que va a morir, gente que se va a enfermar y personas que se van a quedar sin trabajo. Pero en otro nivel va a haber una limpia impresionante de prestadores de servicios y de empresas.

Las organizaciones que no estaban creando innovación y mejorando la vida de sus usuarios con diseños, los despachos de arquitectura que simplemente seguían instrucciones de clientes sin cuestionarlos ni aportarles valor… Todas esas organizaciones que no transformaban de manera positiva a la sociedad, pienso que serán las primeras que van a desaparecer. Nos va a doler mucho, pero al final, si esto ayuda a que la gente entienda que principalmente las industrias de diseño tienen que tener un propósito y una manera de mejorar la sociedad, entonces vamos a estar ganando todos.

Es un buen momento para preguntarse si estás haciendo una diferencia trascendente en la sociedad. Hay que tener mucho cuidado, porque hacer cosas estéticas no quiere decir que por default se está transformando a la sociedad de manera positiva. Sí es parte, pero el tema es mucho más complejo.

Hay que cuestionarse, ¿“cómo lo que estoy haciendo ayuda a lograr las metas trascendentales de la sociedad”?. Si no puedes responder a esas preguntas, seguramente eres una de las organizaciones a las que esta situación les va a afectar más.

Mario Schjetnan

Foto: Archivo Obras

Mario Schjetnan
director general de Grupo de Diseño Urbano (GDU)

La pandemia evidencia la necesidad de más espacio público

La pandemia, el coronavirus y esta hibernación forzosa nos están mostrando que el planeta nos pide un respiro y manda avisos cada vez más dramáticos, ahora con la afectación directa a la especie humana.

Esta hibernación nos está marcando nuevas posibilidades, si lo vemos con claridad, de interactuar de manera más virtual. También da una visión amplia en términos de invertir más dinero y tecnología en comunicación cibernética para reducir la necesidad de traslados y así aminorar el congestionamiento vial. Ahora nos damos cuenta de que podíamos haber resuelto antes este tema.

Por otro lado, se hace evidente la necesidad que tenemos los seres humanos de entrar en contacto, tanto en casa como en espacios público, como los parques. Probablemente es lo que más añoramos, según las fotos que llegaron de España y otras partes del mundo, en las que vimos cómo, cuando empezaron a levantar las restricciones, las personas retomaron el espacio público de manera impresionante.

Esta pandemia ha implicado tener más intimidad, más relación, si se quiere forzada, pero hemos visto cómo familias se metieron a cocinar juntas, a trabajar todos en casa, lo que en algunos casos ha generado más tensión, pero al final más interacción en familia.

Si bien la comunicación abre posibilidades que evitan el desplazamiento, y a nivel de despacho y taller sí hemos podido trabajar en este método virtual, nunca vas a suplir la forma presencial, sobre todo en términos de enseñanza, a nivel profesional, de universidades.

Algo sorprendente es cómo al desconectar el sistema de transporte a base de huella de carbono, las fábricas, el petróleo… El mundo renace. La naturaleza ha tomado su posición, surge en una forma inusitada hacia las calles: coyotes, osos, especies que creíamos perdidas. Incluso en México: cocodrilos en las playas, serpientes, aves que no habíamos visto.

Necesitamos darle realmente un espacio a la naturaleza, ya no explotar el mundo como veníamos haciéndolo desde el siglo XIX, XX y parte del XXI, con energéticos fósiles. Tenemos que dar la transición a la supervivencia del Planeta Tierra, tenemos que cambiar.

Pero vemos noticias tan extrañas como que la Comisión Nacional de Energía cancela proyectos de energía eólica o impide el desarrollo de energía solar. Es una especie de contradicción esquizofrénica entre las señales que nos esta mandado el planeta y las decisiones que se están tomando en nuestro país.

Esta pandemia también ha demostrado la necesidad de tener una población más saludable, porque está afectando a nivel de sobrepeso, a las personas diabéticas, con problemas del corazón, a personas sedentarias. Hay que caminar con aire puro desde el punto de vista de la sanidad, ni siquiera de estética.

Al mismo tiempo, hay necesidad de espacio. Hay que comprender que sí puede haber densidad, pero debe haber espacios abiertos y un sistema ecológico de equilibrio. Aunque aún es pronto para hablar en temas precisos de diseño, habrá cambios en el tamaño de los espacios, cambios en casas, en oficinas, talleres, edificios, a nivel de tráfico, de movilidad. Esto puede afectar positivamente, y espero que tomemos este periodo como una prueba necesaria, como un experimento.

Esta hibernación revela que la inversión en salud es fundamental, lo mismo que en educación —puesto que la población en México no es disciplinada y no le cree al gobierno, no ha tomado las precauciones necesarias—. Entonces, en todos los ámbitos va a haber una especie de carambola de tres bandas que ahora ni siquiera vemos en profundidad, en todos los espacios y en cambios hacia la prioridad en inversiones, hacia comunicación versus transporte, hacia la ciudad.

No se puede omitir que hay una necesidad marcada de más investigación científica en salud, de centro de investigación en red. Esto se va a desarrollar en el futuro inmediato, esperamos que en nuestro país no nos quedemos atrás porque vemos sentidos contrarios: hemos quitado dinero en investigación, salud, espacios públicos, en educación, en universidades, y retornamos de las energías sustentables a las fósiles con mayor ahínco. Todas esas direcciones son un poco esquizofrénicas.