El clasismo en el ecosistema emprendedor mexicano



Las buenas ideas provienen de todas las razas y clases. Sin embargo, en México el acceso a capital y las oportunidades para hacer emprendimientos de alto impacto están más abiertas cuanto más clara sea tu piel.


Por: Eréndira Reyes

Luis Omar Guerrero tiene la tez morena, mide menos de 1.80 y es egresado del Tec de Monterrey. Este último dato es un detalle que pocos le han preguntado a la hora de presentar su firma de joyería ante el mundo. “Decidimos irnos más por la imagen de la marca que por la nuestra, porque el sector de moda tiende a irse por la imagen prototipo, donde es más importante poner a una modelo con belleza escandinava”, indica el cofundador de ArteJoyas, una empresa de joyería que hace sus prototipos en impresoras 3D.

Ni él ni su socio han buscado los reflectores, pues es buscar un doble trabajo de convencimiento ante clientes o socios, primero por su edad —son jóvenes— y segundo porque no ‘parecen’ el prototipo de ‘emprendedores’. “Es que un poco es como la vida, los que estamos feítos pero sabemos bailar, ¿sabes? Creo que nuestras diferencias son las que nos vuelven ‘chidos’. Puedes tener una ‘buena imagen’, pero eres malo vendiendo cosas, o puedes ser más chaparrito y morenito, pero muy bueno vendiendo, entonces haces equipo para vender más. Tal vez está mal que lo veamos así y sobre todo que lo normalicemos, pero la verdad llevamos lidiando con esta imagen española por 500 años, no va a cambiar de la noche a la mañana y tienes dos opciones: puedes amargarte o puedes irlo cambiando poco a poco desde tu trinchera”.

Guerrero se enfrentó desde muy joven a tener que ser más competente que sus compañeros ‘güeritos’. “Te encuentras a la señora que llega a la joyería y que no quiere hablar de negocios porque te ve joven y te ve como si no fueras el dueño. Y sí, enoja, pero pues en esos momentos prefiero no ser Lord Joyería y sólo le explicó”, dice. Esto se ha replicado en pasarelas y eventos de jóvenes empresarios, donde ha tenido que lidiar con “filtros” a la entrada, pues muchas veces no lo han dejado ingresar por ser moreno o no ha podido tomar un lugar dentro de las primeras filas, donde están los reflectores. Es —asegura— una regla implícita.

Su experiencia no es aislada. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación de 2017, hecha por el Inegi, un 23.3% de la población de 18 años o más no pudo acceder a un crédito o préstamo por razones injustificadas. Dentro de este tipo de créditos, un 24.3% de los encuestados señaló que hubo comentarios sobre su apariencia y clase, mientras que 11.3% obtuvo una negativa por ser mujer.

El estereotipo
de Silicon Valley

La falta de diversidad en el ecosistema emprendedor de Estados Unidos está bien documentada desde hace al menos 20 años. Según cifras de las empresas de 2018, en Facebook, sólo el 3% de los empleados eran negros y el 4% latinos; en Google, estos porcentajes estaban en 2% y 3%, y en Apple, en 9% afroamericanos y 12%. El estereotipo en Silicon Valley —y basta pensar en los empresarios más famosos del lugar— es el de hombre blanco.

México ha replicado esta situación. “Yo cumplía con la cuota, primero por ser güero, alto y por apellidarme Lujambio. Segundo, porque un gay emprendiendo es algo que Silicon Valley ya aceptó. Pero si analizamos quiénes son los que se llevan más rondas de financiamiento, son aquellos del status quo: blancos, egresados de la misma escuela y con un estilo similar. Es como un club, en el que si no encajas no tendrás las mismas oportunidades de crecer tu negocio”, destaca Alberto Lujambio, quien emprendió hace años con Novelistik, pero se retiró del ecosistema para trabajar como director general de Narra Consultoría.

¿Qué es un emprendedor? De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española: todo aquel que “emprende con resolución, acciones o empresas innovadoras”. El concepto se refiere a las ideas, que no entienden de razas ni clases. La realidad, sin embargo, es menos idealista.

De acuerdo con el informe de diversidad de Rate My Investor, donde se evaluó la raza, género y edad de los emprendedores que están al frente de startups en Estados Unidos, el número de emprendedores blancos que lograron un financiamiento fue del 71%, mientras que la siguiente raza que logró convencer a inversionistas fueron los asiáticos, con un 17.7% de las preferencias.

En el caso de los latinos, sólo 1.8% logró crear una empresa. Y sólo 1% de los CEOs del ecosistema son afroamericanos, según una evaluación que se hizo entre 2015 y 2017 entre 9,874 líderes.

Lujambio cuenta su experiencia en un evento de 500 Startups, donde le ‘pitchó’ su idea a Dave McClure —el fundador de esa aceleradora de negocios, que renunció en 2017 por acusaciones de acoso sexual—. Sintió que estaban evaluando más allá del proyecto. “De repente te preguntaban dónde había crecido, dónde había estudiado... Era como un perfil de reclutamiento muy marcado para ver si encajabas o no, para saber cosas ajenas al proyecto, pues no te preguntaban sobre los planes que tenías de él. Estaban más interesados en saber de dónde venías”.

Eso se traslada al ecosistema mexicano, donde si encajas, subes de nivel, añade Lujambio. “Se vuelve como una aspiración internacional. El ecosistema emprendedor blanco se siente pariente de los gringos, y en la medida en que te pareces a ellos, subes de nivel. Ves aceleradoras donde todas sus empresas son latinoamericanas, pero todo su perfil está en inglés, y eso da cuenta de esta aspiración muy rara”.

Todo esto hace más difícil el proceso de financiamiento y levantamiento de capital para los que no encajan en el estereotipo.

Debes aprender a lidiar con la ayuda de esa imagen para lograr tener un perfil más acorde a lo que los demás quieren. Más allá del ecosistema, se trata de un asunto de clasismo y racismo en la sociedad mexicana.


comenta Luis Omar Guerrero

¿Vender tamales
es emprender?

De acuerdo con Fernando Lelo de Larrea, socio del fondo de inversión ALLVP, México tradicionalmente es un país muy emprendedor, en donde todos los estratos sociales emprenden, pero donde hay muchas diferencias en las oportunidades que tiene cada estrato social, en términos de financiamiento, mentoría y acceso a recursos como la educación. “Falta mucho por hacer alrededor del emprendimiento en los estratos socioeconómicos marginados, y por ende no podemos poner en la misma cubeta el emprendimiento de autoempleo o de manutención que al emprendimiento que accede a fondos de capital y tiene una proyección internacional”.

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Muchos proyectos de las clases sociales más bajas podrían ser buenos, pero no tienen crecimiento por la falta de oportunidades y conexiones. “El acceso a fondos de capital y el crecimiento que requiere el emprendimiento de alto impacto está desvinculado de los estratos económicos más bajos”, señala Lelo de Larrea.

A esto se suman el clasismo y el racismo sistémicos del país: las personas con piel más oscura tienen menos acceso a educación superior, a oportunidades laborales y a la riqueza material.

Según el estudio de Oxfam México ‘Por mi Raza Hablará la Desigualdad’, si eres un mexicano que habla una lengua indígena, de tez morena y estás dentro de un nivel socioeconómico vulnerable, es casi imposible que consigas un financiamiento para un emprendimiento. El informe detalla que, del total de personas que se asumen como indígenas, un 26.4% no logró finalizar la primaria, mientras que un 23.9% de los que se auto describen como negros o mulatos vivieron la misma situación. Los mismos malos porcentajes se repiten en la educación superior.

Y si el acceso a buena educación está sesgado, entrar a una escuela privada o a cursos enfocados a emprender es aún más complicado.

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“El ecosistema emprendedor mexicano no representa a la sociedad mexicana, a la juventud mexicana, a los universitarios mexicanos. Basta con ver una foto de la calle en Reforma y luego ver una foto de los que pertenecen al portafolio de una aceleradora de emprendedores, y te das cuenta de que hay algo raro. Estos chavos de la aceleradora se parecen más a la publicidad que a los que están circulando por las calles de la ciudad”, señala Alberto Lujambio. Esta “exclusión silenciosa”, como la llama, se hace evidente cuando “se privilegia, se juntan y se favorecen a los que fueron a algunas escuelas o son de contextos similares, pues a partir de estos factores se ve un progreso en sus emprendimientos y acceso a muchos de los financiamientos”.

El ecosistema ha dado pasos para conseguir una mayor diversidad dentro de las nuevas empresas en México, pero falta mucho por hacer. Sin embargo, en algunas aceleradoras prefieren ver el vaso medio lleno.

Un ejemplo de esta percepción la tiene Marcus Dantus, fundador y CEO de Startup México, quien ve un avance relevante en la inclusión de género. “De hecho, la razón de ser de Startup México era hacer algo mucho más inclusivo. Estamos en siete ciudades en una colonia popular, porque creemos que cualquier raza y género puede emprender. Nosotros hemos visto 20,000 proyectos y hemos creado 850 empresas, donde el 30% están dirigidas por mujeres. En cuanto a si el ecosistema emprendedor es racista, yo no lo creo. Creo que la mayoría de las incubadoras están en lugares que se perciben de clase alta, pero no creo que no sean inclusivos”, opina.

El acceso a recursos, programas de apoyo e incluso el fomento que se le da a los emprendedores cambia de estado a estado y de escuela a escuela. Por ejemplo, el Tecnológico de Monterrey presume, que a los tres meses, el 21% de los alumnos que se gradúan ya están emprendiendo o trabajando en una incubadora.

Esto refleja el perfil de emprendedor que más se impulsa en el país: un alumno de una institución privada.

Falta homogeneizar el acceso a los recursos. Creo que no es un problema sólo de México, los vemos en ecosistemas más maduros como el americano y el europeo. Y sí, tiene que ver con el acceso a educación, pero también con el reconocimiento de que el emprendimiento de alto impacto tiene muchas posibilidades de fracasar, lo que requiere más sofisticación empresarial, redes de contacto e incluso una posición financiera.


admite Fernando Lelo de Larrea

“Hay varios males en el ecosistema, y uno de ellos es que muchos no saben dónde buscar apoyos, y este problema es mayor en especial en escuelas como la UNAM o el Poli”, comenta Luis Omar Guerrero. El emprendedor recomienda mirar más allá de México e incluso de Silicon Valley, un consejo que él mismo llevó a la práctica, pues viajó a Milán para conseguir impulso para su empresa.

Hacia adelante, los emprendedores consultados ven un ecosistema retador para las minorías. Más allá de saber dónde buscar recursos, los retos implican lidiar con un entorno que favorece a la piel blanca para destinar invertir en un proyecto o para entablar las relaciones necesarias que una startup requiere para abrirse camino y seguir creciendo. El camino hacia la inclusión es aún largo y sinuoso.