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¿Por qué no hay más latinoamericanos en los posgrados más competitivos del mundo?




Estudiar un posgrado selectivo en estos tiempos de pandemia es más relevante que nunca. Conoce los errores más frecuentes en el proceso de admisión.

Por Adriana G. Borunda*



La pandemia ha provocado que muchos profesionistas se cuestionen la pertinencia de estudiar un posgrado en el extranjero, sobre todo ante un panorama sombrío que supone hacerlo durante una crisis mundial. De hecho, muchos estudiantes que se encontraban realizando sus estudios en el exterior, al iniciar la contingencia tuvieron que optar por hacerlo vía remota o postergar por un periodo, hasta hoy incierto, para efectuar sus posgrados.

Pero no solamente son los estudiantes los que han tenido que reflexionar y adaptarse a la nueva realidad. También las universidades de prestigio mundial han necesitado pasar por un proceso de adecuación. De hecho, esta adaptación se ha reflejado más allá del esquema de enseñanza en tiempos de COVID, y ha impactado a los procesos de admisión, que de por sí ya eran sumamente competitivos.

Esta adaptación se traduce en una gran oportunidad para aquellos que deseen ingresar a un posgrado en el exterior, puesto que por el momento muchas universidades han flexibilizado sus requisitos, como los exámenes estandarizados.

No obstante, los procesos de admisión siguen siendo complejos para aquellos que no sepan navegar en mares desconocidos.

La pandemia ha empujado a los profesionales a evaluar sus carreras y ha evidenciado la importancia de contar con un perfil global, lo que ha resultado en un aumento considerable durante el último año en el interés y la competencia de ingreso a posgrados selectivos en el exterior.

Los MBA de las escuelas más prestigiosas en Estados Unidos, Europa y Canadá, por ejemplo, han reportado incrementos de hasta 56% de solicitudes de ingreso, algunos registrando incluso récords históricos.

Aunado a la creciente competencia, muchos de estos posgrados, a raíz de la emergencia sanitaria ofrecieron a quienes iban a iniciar sus estudios en otoño 2020, la posibilidad de diferir su ingreso un año, lo que redujo el número de espacios disponibles para nuevos postulantes.

El incremento en el interés, así como la reducción de espacios disponibles, ha provocado que la admisión nunca haya sido más difícil. Sin embargo, también nunca ha sido más relevante.

La manera de trabajar y hacer negocios está pasando por momentos de inflexión. Algunas industrias o sectores están sufriendo cambios que pueden llevar a su transformación o irrelevancia en el mediano plazo.

Además, debido al impulso y normalización de la tecnología en todos los aspectos de nuestras vidas, están naciendo nuevos nichos de mercado, libres y sin competencia, donde la ventaja de ser el primero en atenderlos, hará la diferencia en el largo plazo.

¿Qué mejor que estar en estos momentos de disrupción en los centros de innovación, pensando y construyendo el nuevo futuro?

Un perfil profesional resiliente no sólo cuenta con la flexibilidad para adaptarse y con habilidades y conocimientos actualizados y pertinentes a los nuevos retos.

Los MBA de las escuelas más prestigiosas en Estados Unidos, Europa y Canadá, por ejemplo, han reportado incrementos de hasta 56% de solicitudes de ingreso, algunos registrando incluso récords históricos.


Profesionales globales

El trabajo virtual, sin restricciones geográficas, aumenta las oportunidades laborales. Pero quienes más lo aprovecharán serán los profesionistas que puedan comprobar experiencia en equipos multiculturales, credenciales reconocidas en distintos mercados laborales y una red profesional internacional que impulse su candidatura frente a un aumento desmedido de solicitudes de empleo.

La coyuntura actual también ha traído cambios sustanciales en las políticas migratorias abriendo posibilidades para complementar los estudios en el extranjero con experiencias profesionales relevantes en el exterior.

Por ejemplo, varios programas de MBA en Estados Unidos consiguieron durante el último año la acreditación STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics), lo que le permite a sus egresados obtener una visa de trabajo por tres años a partir de su MBA, aunada a la práctica profesional pagada que ya podían aprovechar durante sus estudios.

En octubre de 2020, el Reino Unido extendió su permiso de trabajo para estudiantes internacionales de cuatro meses a dos años para una maestría y a tres años para un doctorado.

Asimismo, todos los posgrados canadienses, con una duración de dos años, otorgan un permiso laboral de tres años y la oportunidad de trabajar legalmente mientras se cursan el posgrado tanto para el estudiante como su pareja. Estos países, al igual que sus empresas, quieren atraer un talento mejor calificado.

Existen muchas razones para estudiar en el exterior, pero también barreras que hacen que cuando se trata de ingresar a los posgrados más selectivos, los latinoamericanos sean la minoría. Por ejemplo, Canadá con una población de 37 millones representa el 3% de los estudiantes de la Escuela de Negocios de Harvard, mientras que América Latina, con sus 652 millones de habitantes, solo tiene el 6%; es decir, un país con 18 veces menos gente tiene la mitad de estudiantes que toda la región latinoamericana.

Lo anterior no es por una falta de talento en nuestra región, sino un desconocimiento del proceso o de una estrategia adecuada que permita romper las barreras culturales que generan desventajas frente a postulantes de otras regiones.


Canadá, con una población de 37 millones representa el 3% de los estudiantes de la Escuela de Negocios de Harvard, mientras que América Latina, con sus 652 millones de habitantes, solo tiene el 6%.
Un país con 18 veces menos gente tiene la mitad de estudiantes que toda la región latinoamericana.






Puntos clave en la competencia

Un mexicano debe entender, por ejemplo, que ser internacional no es una ventaja per se. Es decir, un mexicano no compite directamente contra un chino o un alemán, cuyas experiencias y objetivos son distintos; el mexicano compite contra otros mexicanos y latinoamericanos que aportan una perspectiva similar dentro de un salón de clases diverso. Y siempre habrá más postulantes de perfiles similares que espacios disponibles.

Además, debe atender retos culturales particulares de su perfil. Por ejemplo, el GRE y GMAT, exámenes que normalmente son requisito de la mayoría de los MBA y posgrados en el exterior, evalúan su desempeño de razonamiento cuantitativo y verbal. Los exámenes presuponen un nivel avanzado de inglés, y adaptan su nivel de dificultad para asegurar que no todos obtengan un puntaje alto.

De hecho, un puntaje perfecto en el GMAT es tan raro, que aproximadamente solo 30 personas, de los 225,000 exámenes que se aplican en un año, lo obtienen. De todos los latinoamericanos que presentan el GMAT en un año, según estadísticas de la organización que lo aplica, solo 10% obtiene un puntaje superior a los 700 puntos. Como referencia, el puntaje promedio de los admitidos a los top 10 MBA de Estados Unidos ronda sobre los 720/800 puntos.

La barrera principal para un buen puntaje es cultural, tanto en México como América Latina no existe una cultura de exámenes estandarizados. En Corea del Sur, por ejemplo, cuando sus estudiantes presentan su examen de ingreso a las universidades coreanas, los aviones no sobrevuelan Seúl, las labores de construcción están prohibidas, las tiendas y los bancos cierran, y la bolsa de valores solamente abre medio día; todo esto, para que los alumnos no tengan distracciones al momento de realizar sus exámenes. Dicho de otra manera, el país completo respeta y apoya a sus estudiantes presentando la prueba. Y aunque en Estados Unidos no suspenden las actividades como en Asia, un estudiante americano típicamente presenta, a lo largo de su educación formal, más de 112 exámenes estandarizados, por lo que, cuando presenta el GMAT o GRE, ya tiene práctica y muy probablemente sabrá manejar bien el estrés.

La segunda barrera cultural es que la mayoría de los latinoamericanos son producto de sistemas educativos que evalúan con exámenes de conocimiento y memorización y no de agilidad, como son el GMAT y GRE. Para conseguir el nivel de abstracción que requiere un puntaje alto en el GMAT o GRE, es necesario resolver problemas que cambian la jugada y obligan a pensar fuera de la caja, con soluciones creativas en donde el conocimiento es solo una herramienta.

Los latinoamericanos, por lo tanto, no solo deben estudiar más tiempo, para acostumbrarse al formato y al estrés, sino que deben estudiar con una metodología que reconozca su perfil hispanoparlante y atienda retos culturales, semánticos y lógicos que la prueba le presentará.

Finalmente, para un postulante latinoamericano interesado en ingresar a los posgrados más selectivos en el exterior, no solo es importante entender su competencia y los retos particulares de su contexto, sino también conocer el contexto de quien evalúa su candidatura. Términos importantes se pierden en la traducción, diferenciadores que dentro de un paradigma son sobresalientes, en otro no tienen el mismo valor. Por ejemplo, el concepto de entrepreneurship en América Latina se entiende principalmente como emprender un negocio. El énfasis está en iniciar y no en innovar; mientras que para los posgrados que han visto nacer a muchas de las start-ups que hoy son empresas gigantes, la premisa y el valor del emprendimiento está invariablemente vinculado con la innovación. Ser puntual y responsable es una cualidad valorada y reconocida por los jefes quienes escribirán las cartas de recomendación del candidato en su postulación al posgrado; sin embargo, en el contexto de candidatos sobresalientes, es lo mínimo indispensable de un profesional.

Un último reto, pero no menos importante, es la obtención de financiamiento que permita sufragar los costos tan significativos que representan estudiar en el extranjero. Y aquí, otra vez es el desconocimiento del proceso lo que causa que personas talentosas se autodescarten. La mayoría de los posgrados ofrece una plétora de opciones para financiar sus estudios, entre ellos, las becas de mérito, o las que atienden a grupos específicos, sin importar nacionalidad. En algunos de los posgrados más selectivos, incluidos los MBA, más del 50% de los estudiantes cuentan con algún tipo de beca. Muchas veces, las propias universidades ofrecen sin haber solicitud de apoyo financiero de por medio, una beca como herramienta de atracción de talento; lo anterior, es en gran medida, el reflejo de una aplicación de admisión bien lograda, pues no solamente consigue la admisión al posgrado, sino que también un apoyo financiero; y en estos tiempos de crisis, todo apoyo debe ser, si no necesitado, sí bienvenido.

De todos los latinoamericanos que presentan el GMAT en un año, según estadísticas de la organización que lo aplica, solo 10% obtiene un puntaje superior a los 700 puntos.
Como referencia, el puntaje promedio de los admitidos a los top 10 MBA de Estados Unidos ronda sobre los 720/800 puntos.


En algunos de los posgrados más selectivos, incluidos los MBA, más del 50% de los estudiantes cuentan con algún tipo de beca.






*Adriana G. Borunda es egresada de la Universidad de Harvard, fundadora y directora de ScholasticaPrep, Consultoría en Admisiones y preparación GMAT y GRE, y coautora del libro “Estrategia Integral Para Ser Admitido a Posgrados Competitivos. Coaching En Admisiones Por Egresados de Harvard”.

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