Camisa, Ami; saco, pantalón, sandalias y bolso, Gucci.

Look total, Hermès.


Mejor conocido como Memelas de Orizaba, Eduardo Granja nos abrió las puertas de su casa para hablar de su historia, su futuro y las ventajas y desventajas de ser “el de los memes”.

Texto: Fernanda López
Fotografía: Diego Fierce
Moda: Marco Corral
Asistente de moda: Gabriel Paredes
Peinado y Maquillaje: Davo Sthebané para Givenchy Beauty
Diseño y programación: Pamela Jarquín

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Corría el año 2017 e Instagram era un lugar hermoso: lattes perfectamente espumados, modelos hermosas, atuendos tan audaces que se convertían en aspiraciones, frases inspiradoras con tipografías que desatarían la envidia de la famosa “niña de los plumones”, viajes impagables a los destinos más recónditos y claro, perritos. Poco imaginábamos que algo estaba por llegar a romper con esa paz perfectamente curada. De un momento a otro, una cuenta empezó a llamar la atención en la Ciudad de México, y no precisamente por su aspecto. Con cuadros de caricaturas complementados con comentarios tan ácidos que no podrían reproducirse en un medio como este, el mexicano Eduardo Granja logró hacer de su cuenta de Instagram, Memelas de Orizaba, una de las mayores joyas contemporáneas del internet:

“Hay cosas que hace cuatro años podía publicar perfectamente, que hoy en día me pondrían en riesgo de que me cerraran la cuenta”, explica Eduardo. “Al principio Memelas era una cuenta de la Roma-Condesa. Hablábamos del Parnita, Contramar, el Roy… era muy local y se prestaba a cosas más fuertes, a un humor que a la fecha me sigue gustando, pero que simplemente ya no se puede publicar en Instagram”. El cambio era de esperarse. Lo que comenzó como una forma de entretenimiento que Eduardo creó para pasar su tiempo libre durante una época de desempleo, hoy es una compilación de más de 43 mil memes y casi dos millones de seguidores, ya no sólo de la Roma, sino de prácticamente cualquier lugar con población hispanoparlante. De una manera incomprensible para personas de más de cierta edad, el creador de Memelas de Orizaba se ha convertido en una versión contemporánea de hombre de poder, uno que nos ha hecho pensar que un celular y un buen sentido del humor son suficientes para triunfar en este mundo. Pero, ¿realmente es tan sencillo? Para nada. Basta con observar la evolución del meme en los últimos años para entenderlo. Lo que comenzó siendo un chiste y testimonio digital del humor de una generación, hoy es mucho más que eso: los memes venden, informan (¿cuántas veces nos hemos enterado de un acontecimiento político gracias a Memelas de Orizaba?), levantan la voz por los que no pueden, y lo hacen con la libertad de acción similar a la que hubiese tenido un bufón en la era medieval, cuando estos personajes podían hablar de virtualmente todo lo que quisieran, por más delicado que fuera, en la corte y salirse con la suya porque “sólo eran payasos”.

“De pronto te das cuenta de que en Internet a veces los memeros somos quienes tenemos las puertas abiertas para hablar de cosas”, explica Eduardo. “Quizás no tenemos la formalidad que tienen otras personas, no dependemos de nuestra imagen, y eso nos permite ponernos más políticos, más críticos y más hacktivistas. Creo que sería muy tonto tener una voz potente y no aprovecharla. Es un lugar de memes, pero la crítica social y política se vuelve inevitable”. Es un trabajo duro, una responsabilidad que el mismo Eduardo no quiso tener durante mucho tiempo, pero que hoy, después de un proceso de aceptación de su rol en la sociedad, asume con gusto, incluso a costa de su propia privacidad.

Memelas de Orizaba es una cuenta de Instagram que registra el zeitgeist hispano de la época. Memelas no se trata de Eduardo, y sin embargo, hoy la gente lo reconoce y le pide fotos. Si esta entrevista se hubiera realizado hace dos años, el memero no hubiera estado cómodo con esa situación ni con el hecho de que en este texto nos referimos a él utilizando ese término. Sin embargo, hoy las cosas son distintas. Hoy, Eduardo está orgulloso. “En un punto fue inevitable que se supiera de mi persona. En muchas cuentas nunca te enteras de quién es el administrador y así será por siempre. Mi caso fue distinto porque de repente los medios empezaban a pedirme entrevistas y eso no puede hacerse de forma anónima. Eso no funciona. Era inevitable y aprendí a manejarlo”, cuenta un Eduardo que hoy no muestra ningún recato en compartir su tiempo, su casa y su historia con un grupo de escritores, fotógrafos y estilistas para la realización de este artículo.

“Al inicio era rarísimo ver que un medio hiciera una nota o retomara una foto mía, o incluso ser trending topic en Twitter cuando yo ni estoy ahí”, recuerda Eduardo. “Pero luego entendí que no lo podía controlar y se convirtió en una cuestión de balance. Y no te voy a decir que es fácil; a veces también me afecta. Soy muy extrovertido, entonces si voy a un evento no paro de hablar, pero lo que más quisiera sería no estar ahí. Se convierte en un ejercicio de paciencia. Es entender que todos los trabajos tienen pros y contras”, añade.

Look total, Hermès

Look total, Officine Genérale para Silver Deer; sandalias, Hermès.

Y aunque todo esto parecería una queja desde una posición privilegiada, está lejos de serlo. Eduardo ama su trabajo, y quisiera que la gente entendiera que no se trata sólo de divertirse y subir memes: “Es como cualquier otro trabajo. Tengo contratos, negociaciones, correos, reglas, muchísimas cosas que hay detrás”. A eso se suma la presión externa. “Te voy a poner un ejemplo absurdo. Una vez subí un meme donde se veía el logo del IMSS y me llegó un correo de su directora de comunicación. El meme parecía una imagen oficial, pero no lo era. Era como una fake news y me pidieron que lo bajara. De repente no te das cuenta de todo lo que pasa en el fondo: tengo detrás a la directora del IMSS, a marcas… Nadie se imagina que esto es una montaña rusa”, asegura.

Este año, esa montaña está repleta de puntos altos, pues varias de las metas de Eduardo se están cumpliendo. “Cada año, junto con mi agencia, nos hemos puesto cierto tipo de objetivos. Nosotros hacemos campañas publicitarias para muchas marcas. Para mí el crecimiento se mide cuando nos empiezan a buscar marcas que nos interesan. Por ejemplo, pasaron cuatro años para que llegara McDonald’s y este año sucedió. También soy la imagen de Barcel y ya hice mi primer comercial de televisión”, explica.. A esto se suma su primera aparición en una plataforma de streaming (que a la fecha de publicación de este artículo no se podía revelar más información que un posible estreno entre junio y julio).

¿Qué sigue después?

Tal vez Hollywood, tal vez otra cosa. Ante una carrera tan nueva las posibilidades se vuelven ilimitadas, y con ellas, llega el punto que todos tememos: el final de Memelas de Orizaba. “Si te soy sincero, cuando siento demasiada presión o pienso ‘Esta semana fue muy pesada’, ha pasado por mi cabeza la idea del final de Memelas. No paro de pensar en qué habrá mañana o en qué pasará si desaparece la cuenta. Hay muchos planes en mi cabeza, sin embargo, es un trabajo que va muy al día. La noticia del momento, la campaña del momento… No tengo esta visión muy a futuro de qué va a pasar en cinco años, pero no tengo duda que los memes se van a acabar. Eso es un hecho, van a evolucionar, a lo mejor va a ser algo diferente, pero eventualmente el concepto actual de meme va a desaparecer”, sostiene.

Look total, Dior.

Pero si Memelas muere, siempre tendremos a Eduardo, un hombre en sí mismo fascinante, con una sensibilidad estética totalmente opuesta al ojo insípido y absurdo del meme. Su conocimiento e historial como stylist y escritor en revistas de moda ya es algo conocido. Y sin embargo, su verdadera pasión es la danza: “Estudié ballet clásico toda mi adolescencia. No continué por varias circunstancias que me hicieron dejarlo, sin embargo, es mi amor número uno hasta el día de hoy. También tengo esa cosa rara, artística, que contrasta”.

Al entrar a su casa se hace aún más evidente que Eduardo es mucho más que Memelas. Aunque no es un lugar con una pinta aséptica intimidante, es un espacio tan pulcro y con una curaduría de piezas de decoración, plantas y muebles digna de una revista especializada. Durante la sesión, tomamos un cenicero de la mesa de su sala para intentar lograr cierto efecto fotográfico a través de él. “Es de Zaha Hadid”, explica Eduardo de la manera más casual, al notar nuestro interés en la pieza. No lo hizo en tono de advertencia, sino como una aportación para explicar su peculiar figura. Sin embargo, de repente hacer esa foto se convirtió en una actividad de alto riesgo.

"recibo cartas a diario de la gente hablando de temas de salud mental, de cómo los memes les ayudan con su depresión, de cómo les ayudaron en un bajón, y constantemente estoy hablando de temas de salud mental en la cuenta".

“Tengo un trastorno obsesivo-compulsivo cabrón”, confiesa. “Los memes tienen una marca de agua chueca, faltas de ortografía e imágenes mal cortadas. Es una ley de los memes. Al inicio me causaba conflicto pero luego aprendí a dejar ir, y comprendí que ese es parte del lenguaje del meme y su informalidad. En la vida real soy un obsesivo del diseño, los muebles, el orden y la pulcritud; todo lo contrario a la informalidad, las groserías, fake news, opiniones absurdas… Todo lo contrario”, añade.

Aquella sala antes mencionada se convierte en el escenario para mirar hacia atrás, ver el camino recorrido y hablar de los logros que más orgullo le generan. “Es un tema bien fuerte, pero recibo cartas a diario de la gente hablando de temas de salud mental, de cómo los memes les ayudan con su depresión, de cómo les ayudaron en un bajón, y constantemente estoy hablando de temas de salud mental en la cuenta. Es triste, pero un amigo memero perdió la vida por esa causa. Es un tema que tengo muy claro y eso es lo que me hace sentirme más orgulloso: que la gente me diga ‘No sabes cómo me ayudas. No sabes la terapia que es para mí. No sabes cómo me gusta ver un meme sobre algo que pensaba que sólo me pasaba a mí y darme cuenta qué le pasa a mucha gente’. Es como una terapia común en donde lees que algo le pasa a alguien más y te identificas. De ese modo, te das cuenta de que no estás solo”.

Look total, Dior.

Look total, Hermès.