Una empresa responsable puede obtener buenos resultados de negocio si actúa en solitario. Pero si involucra a los grupos de interés en cada acción sostenible puede llegar más lejos.
Por Nancy Malacara
Para Laura Pérez Grovas, un proveedor es un socio de negocio más que un abastecedor de materia prima. La directora de operaciones de L’Oréal México tiene claro que la conformación y validación de su cadena de proveeduría es clave para que la compañía cumpla su meta en 2030.
La empresa de productos de cuidado personal y cosméticos se ha puesto como propósito que para ese año su consumo de energía procederá 100% de renovables, que los ingredientes de sus fórmulas y materiales de empaque provendrán de fuentes sostenibles, que su embalaje será reusable, reciclable y compostable y que reducirá 50% sus emisiones de gases de efecto invernadero.
Para lograrlo, la empresa anunció en mayo de 2020 una inversión de 150 millones de euros y, como parte de su programa Abastecimiento Solidario, revisa que los proveedores empaten con los valores de L’Oréal. También qué tanto ayudan en la generación de empleo y cuáles son sus indicadores asociados al CO2, ya con una medición certera.
La visita constante a las instalaciones y validación a los proveedores no es negociable, dice la directora. “Así como se evalúa el precio en una licitación tendremos este tema de sustentabilidad y será un must para que puedan trabajar con nosotros. El objetivo es asegurar que la sustentabilidad no solo se quede en casa”.
Por años, las acciones de responsabilidad social corporativa (RSC) llegaron a considerarse un gasto extra y no tanto una prioridad. Hoy, incorporarlas en el modelo de negocio -e impulsarlas con los grupos de interés- es una inversión y hasta una necesidad.
El fin económico de las empresas no puede ir separado de la sostenibilidad porque no son entes ajenos a lo que ocurre en el ámbito social y ambiental. Las organizaciones son parte de un mismo ecosistema, es decir, que todo lo que hacen internamente impacta a nivel externo y viceversa. “No hay empresas exitosas en sociedades fallidas”, dice Gustavo Pérez, director de Responsabilidad Social de Grupo Restaurantero Gigante.
Christiane Molina, directora de Investigación del Centro de Empresas Conscientes (CEC) del Tecnológico de Monterrey, señala que una empresa responsable parte de un propósito claro. Crea un valor económico, social y ambiental a largo plazo, mediante planes y acciones intencionadas que hagan a la sociedad más próspera.
Es consciente que, como organización, puede alcanzar buenos resultados, pero si involucra a proveedores estratégicos y contagia la visión de responsabilidad social a más grupos de interés potencia esos resultados, así como la generación de confianza y reputación empresarial. Solo así se crea un valor compartido, real y de mayor alcance.
Durante más de 10 años, Mars México ha contribuido con el 80% de la materia prima que utiliza la Fundación Mitz para su programa Tejer el futuro. La compañía promueve la recolección de sus etiquetas y empaques de sus marcas y luego las dona a la fundación para que las artesanas, a través de técnicas mayas y asiáticas, las transformen en productos de la vida diaria, como bolsas de mano.
Gabriel Fernández, director general de la firma de chocolates en Latinoamérica Norte, refiere que en total se han reutilizado más de 80 toneladas de envolturas para la fabricación de artesanías. Piezas únicas que se venden en las tiendas M&M’s alrededor del mundo, con el fin de mejorar la calidad de vida de mujeres de escasos recursos.
Otra forma de sumar aliados es mediante el programa Por Amor al Cacao, que tuvo una inversión de 20 millones de pesos y una prospección a diez años. A nivel global, esta iniciativa contó con una inversión de 1,000 millones de dólares.
En conjunto con la Fundación Cacao México y Amco, Mars trabaja en el rescate de cultivos de cacao, y busca mejorar la productividad en las parcelas y los medios de vida de los productores de cacao en Pichucalco, Chiapas. Por otro lado, la compañía pretende eliminar el uso insostenible del agua, comenzando con una reducción del 50% en sus plantas en 2025.
“Estamos tomando medidas para mitigar el impacto de nuestras operaciones en regiones con alto estrés hídrico, como México, pero no podemos hacerlo solos. La colaboración entre empresas globales, socios y comunidades locales es fundamental para tener un impacto significativo”, comenta.
Con él coincide Ana de Saracho O'Brien. La directora de asuntos públicos, regulación y mayorista de Telefónica Movistar valora las alianzas para llegar a los objetivos de sostenibilidad. A sabiendas que del 2019 a la fecha se produjeron alrededor de 57 millones de toneladas de basura electrónica, y que los químicos de los equipos pueden poner en riesgo los ecosistemas naturales, Telefónica Movistar México lanzó la campaña Un celular, un árbol. Por cada teléfono que recibe para reciclar, la empresa planta un árbol en las zonas aledañas al Nevado de Toluca. La meta es cubrir 7.5 hectáreas.
La directora reconoce que en el mundo de hoy un plan aislado de reforestación se queda corto. Para que esta iniciativa promueva la economía circular y sume a más grupos de interés, Telefónica se alió con dos empresas: Recicla Electrónicos México y Reforestamos México.
La primera se encarga de la logística en la recolección de celulares, y en dar un segundo uso al 90% de los materiales con que está hecho cada teléfono móvil. “Sabemos que la movilidad ha disminuido y que hay pandemia, con su ayuda podemos ir al domicilio de las personas a recoger los celulares y hacemos que el traslado no sea un obstáculo para ellas”, detalla De Saracho.
La segunda compañía se hace cargo de la siembra de los árboles y les dará mantenimiento en los próximos tres años, tiempo que se necesita para que un árbol se considere adulto. Movistar confía en que más personas se animen a reciclar su equipo viejo, al darles la oportunidad de renovar su teléfono en un plan de renta mensual, y al extender este beneficio a los stakeholders.
Ana de Saracho afirma que estas acciones se contagian en cascada y hacia los lados, actúan como una reacción en cadena y no se limitan solo a cuestiones ambientales, de alianza o proveeduría, también de gobernanza y de atracción de talento. Movistar tiene un día internacional del voluntariado, en el que cada colaborador se inscribe a la actividad socio ambiental de su interés.
Parece acertivo para involucrar al talento de la organización, pero no funcionaría si la empresa carece de una estructura de liderazgo sólida y diversa. Los líderes son los principales motivadores. Un error común es que no haya transparencia en las actividades y objetivos de la compañía, o que el consejo de administración no tenga diferentes puntos de vista, ni un propósito.
“En cascada se baja el entusiasmo y el interés. Si el líder no da permiso o no lo contagia es muy difícil que los demás se sumen a las iniciativas”, advierte Claudia Aguado, directora de Fundación Soriana.
En el caso del retailer, Aguado asegura que la fundación se reúne con el área de capital humano para dar a conocer las acciones que traen en puerta y sumar a los colaboradores a través de avisos en redes sociales, la comunicación con su líder y capacitaciones, si es necesario.
Los empleados deben ser parte de los objetivos, por convicción. Sentirse orgullosos de los logros en conjunto, percibirse como parte importante de la comunidad y saber que sus propuestas y participación cuentan mucho, menciona.
Lo mismo ocurre con los clientes o usuarios finales. Cuando sus 13,500 empacadores voluntarios fueron enviados a casa por el Covid-19, Soriana “habilitó una alcancía”, y en cada compra los cajeros preguntaban a los consumidores si querían dar una aportación para apoyar a este grupo vulnerable de la población.
La estrategia igual consistió en comunicar con material punto de venta los detalles de la iniciativa, y en enfatizar que se trataba de una acción, en beneficio de los empacadores. En total se recaudaron 150 millones de pesos entre marzo de 2020 y febrero de 2021 entre trabajadores, proveedores y clientes. Aguado atribuye este logro a la credibilidad.
Otro caso se ve en los restaurantes Toks. En los menús, se invita a cada comensal a que adquiera productos orgánicos como miel, mole, granola, café, mermelada, chocolate y nuez caramelizada, provenientes de distintas localidades del país. Estos productos también son parte de la cadena de suministro de los restaurantes para que los comensales tengan la oportunidad de probarlos.
Hasta ahora, Gustavo Pérez refiere que se han sumado siete comunidades vulnerables y casi 600 productores beneficiados. La sostenibilidad, dice, se traduce en una mejora en la cadena de valor, en reputación, manejo de riesgo, ingresos, lealtad, al tiempo que se incentiva la economía solidaria.
Al respecto, Aguado puntualiza que hay varios frentes en los que se impacta al negocio con las acciones de RSC, sin embargo, “la gente sabe cuando haces las cosas solo por salir en la foto, y cuando la visión responsable y sostenible está en el ADN de tu empresa y de tus aliados”, advierte.
FOTOGRAFÍA Y PRODUCCIÓN:Alfredo López-Tagle Cortesía / DISEÑO Y PROGRAMACIÓN WEB:Pamela Jarquin / Evelyn Alcántara / INFORMACIÓN: Nancy Malacara