Colonias de Gustavo A. Madero e Iztapalapa que históricamente han sido excluidas de las grandes iniciativas de movilidad fueron transformadas por este proyecto que cumple un año de operación.
Por: David Santiago
Al momento en que se cierran las puertas de la cabina del Cablebús, Adela Martínez decide cerrar los ojos. Siempre le ha tenido miedo a las alturas, pero no fue hasta hace ocho meses cuando se decidió a enfrentarlo.
La mujer, de 39 años, sube diariamente a la cabina aérea en Lomas de la Estancia para recorrer cuatro estaciones sobre el oriente de la Ciudad de México. Todavía lo hace con miedo, pero enfrentar su temor tiene una recompensa: reducir en más de 30 minutos el tiempo para llegar de su casa a Constitución de 1917, la estación del metro más cercana.
Martínez es parte de los 121,000 pasajeros que a diario mueve este sistema de transporte aéreo, que este junio cumple un año de operaciones y que ha logrado transformar y conectar algunos barrios altos del oriente y del norte con la ciudad central.
“Me ha ayudado bastante, en la avenida los autobuses y vagonetas se van pare y pare, dan más vueltas por los tianguis y en el cerro, las calles son estrechas”, señala Adela, quien tiene un incentivo más para tomar este transporte: ya no tiene miedo de ser asaltada.
El Cablebús llegó a su primer aniversario como uno de los transportes más innovadores del país por beneficiar a habitantes de zonas que, por años, fueron excluidas de proyectos de movilidad y en este lapso nacieron las dos primeras líneas: Cuautepec-Indios Verdes, en Gustavo A. Madero, y Santa Marta-Constitución de 1917, en Iztapalapa, dos de las alcaldías más pobladas y con mayores niveles de pobreza en la capital del país.
Desde el aire, la transformación de las colonias se nota: calles más ordenadas, casas pintadas de colores y con murales hacen en conjunto un gran mosaico que se observa desde el aire.
En tierra, el reordenamiento se refleja en muros con arte urbano y una mejor iluminación, lo que estimula que haya más movimiento de personas e incentiva el comercio barrial.
“Ambas líneas del Cablebús fueron concebidas no solo como el mejor medio de transporte para las zonas de difícil acceso o como extensiones de la red del metro, sino como un proyecto de justicia social y mejoramiento urbano para la zona”, explica el secretario de Movilidad de la Ciudad de México, Andrés Lajous.
En Latinoamérica, Bogotá y Medellín, en Colombia, y La Paz, Bolivia, fueron pioneras en la implementación de un teleférico como proyecto de inclusión y transformación de las zonas alejadas de las grandes ciudades.
Bajo esa premisa, las autoridades de la Ciudad de México consideraron que un proyecto de esta magnitud no solo debería tener un transporte eficiente, sino que además estuviera acompañado de una infraestructura que fuera parte de la vida de la comunidad.
Entre las intervenciones hechas está la mejora de canchas de futbol, basquetbol, centros comunitarios y parques. Los postes que sostienen el Cablebús también formaron parte del proyecto a través de murales y áreas verdes que los propios vecinos utilizan para reunirse los fines de semana.
“Estos proyectos deben construirse tomando en cuenta a la población y los usos y costumbres, si no sucede esto, al final no se va apropiar del proyecto y no lo va a cuidar”, señala Jesús Esteva, secretario de Obras de la ciudad, quien exalta uno de los mayores aciertos de la obra: lo que en otros países se utiliza para lugares turísticos de esquí, aquí se convierte en un sistema eficiente de movilidad.
La colonia Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, en la alcaldía Iztapalapa, es un ejemplo del avance en la regeneración que se ha alcanzado con el Cablebús. Esta localidad es considerada como una de las más peligrosas de la capital, de ahí que, en 2019, el gobierno federal y el de la CDMX decidieran que la Guardia Nacional (compuesta por miembros del Ejército) recorriera sus calles para disminuir los índices delictivos.
En el corazón de esta colonia se ubicó la estación Quetzalcóatl del Cablebús en donde había un mercado con locales hechos de lámina y cartón. Hoy, el lugar se transformó en un centro local de abasto que la ha convertido en la segunda estación de mayor afluencia, después de la terminal Constitución de 1917.
Pero la zona también ha mejorado en seguridad. El portal de datos abiertos de la CDMX muestra cómo el robo a transeúntes se ha reducido, al pasar de 146 víctimas en 2019 a 70 en 2021, una disminución de 49%, mientras que el robo a pasajeros de transporte público pasó de 46 víctimas en 2019 a 18 en 2021.
En la colonia aledaña que alberga la terminal de Constitución de 1917 también ha disminuido el robo a transeúntes, al pasar de 74 en 2019 a 23 en 2021.
Antes del Cablebús, Gustavo Bautista fue asaltado en una ocasión a bordo del autobús de la ruta Cuautepec-Indios Verdes y otra, rumbo a su casa en las faldas del cerro del Chiquihuite, y relata que incluso tuvo que comprar un celular barato para poder entregarlo en caso de volver a vivir otro robo. Hoy, saca su teléfono y checa sus redes sociales, habla por teléfono en este transporte o, incluso, se duerme sin preocupación en un trayecto de 35 a 40 minutos.
“En términos de seguridad, no tenemos hechos delictivos reportados dentro de las cabinas ni dentro de las estaciones; por las características del transporte, es muy difícil que una persona cometa un delito ahí, todos van en la cabina, todos se ven las caras y todo se monitorea, salir de la estación también estaría complicado”, explica Andrés Lajous.
Este sistema de transporte también ha traído la disminución de algunos delitos del fuero común, como el robo a transeúntes y a pasajeros en transporte público.
De lunes a viernes, las dos líneas del Cablebús atienden la demanda de pasajeros que anteriormente utilizaban autobuses, vagonetas y taxis que tardaban hasta una hora y media en llegar al metro más cercano y que representaba un costo de 15 a 90 pesos para la gente.
Contrario a lo que ocurre en el metro o en el Metrobús, las dos líneas del Cablebús incrementan el flujo de usuarios los fines de semana, pues familias completas de otras alcaldías o entidades del país utilizan este medio de transporte con fines turísticos.
El Cablebús ha tenido mucha aceptación entre los usuarios y rápidamente ha aumentado el número de pasajeros.
Para Bernardo Baranda, director en Latinoamérica del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP, por sus siglas en inglés), la mayor fortaleza del Cablebús es que es un transporte que los propios usuarios han adoptado como una forma de vida y además de ofrecer un servicio de calidad, el proyecto dignifica el espacio público en zonas con rezago.
Para el experto en transporte, a futuro, este teleférico podrá potenciar la creación de mejores opciones de vivienda y, con ello, se podría despresurizar el centro de la Ciudad de México.
Sin embargo, Baranda dice que uno de los puntos donde las autoridades deben poner atención es en evitar que la demanda de usuarios sature los medios masivos de transporte, como el metro y el Metrobús, a donde conecta este transporte y, sobre todo, que haya un plan de mantenimiento adecuado y para el tamaño de la obra.
“No son sistemas baratos para su operación y mantenimiento comparado con otros medios de transporte, sabemos que todos los sistemas, como metro y Metrobús, tienen algo de subsidio, por ello, las autoridades deben tener una tarifa técnica que cubra costos”, apunta.
La sustitución de viajes en vehículos particulares y autobuses a diésel por el Cablebús, que viaja a seis metros por segundo por el aire, reduce el impacto ambiental en las zonas norte y oriente de la Ciudad de México, ya que al ser un transporte eléctrico se dejan de emitir 16,000 toneladas de dióxido de carbono al año, lo que las autoridades aseguran, equivale a reforestar con 46,000 pinos esta zona de la capital.
Tzatzilha Torres, responsable de Movilidad del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad de la UNAM, asegura que uno de los mayores valores de este tipo de transporte es que son incluyentes con personas con discapacidad y de la tercera edad.
“Los adultos mayores se vuelven más seguros, se valen por sí mismos, tienen más confianza de salir y hacer su mandado en los mercados y tianguis cercanos o, incluso, acercarse al centro de la ciudad”, resalta.
A un año de su puesta en operación, el sistema Cablebús llegó para posicionarse como uno de los transportes preferidos de los habitantes de los barrios altos de la Ciudad de México. Y se alista una tercera línea que conectará la primera y la cuarta sección del bosque de Chapultepec, en Miguel Hidalgo, mientras que ya se analiza una cuarta que conectaría la zona alta de la alcaldía Tlalpan, en el sur de la capital, con Ciudad Universitaria.
La línea 2 del Cablebús no solo es representativa por haber ganado en 2021 el Récord Guinness como el teleférico más largo del mundo, también por ser una galería de arte a cielo abierto, que puede apreciarse por los 7 pesos que cuesta el viaje.
Un grupo de artistas originarios de la alcaldía Iztapalapa se encargó de pintar, hasta abril de 2022, poco más de 600 murales de los 1,000 que están planeados a lo largo de los 10.7 kilómetros de extensión de esta línea del Cablebús, tanto en los techos de las viviendas, como en calles y avenidas principales.
Ello permite que desde cualquier estación y hacia el destino que elija, el pasajero pueda apreciar el arte urbano, cuyo eje transversal es la visibilización de los derechos de las mujeres, su lucha por una vida libre de violencia, así como retratar los oficios y tradiciones que dan identidad a esas colonias.
Desde el aire, las obras conviven con la vida cotidiana de las familias, algunos techos, que antes servían como bodegas abiertas y desordenadas, hoy lucen coloridos y llenos de vida. Poco a poco, las familias se han acostumbrado y ya no ven el Cablebús como una invasión a su privacidad, hay personas que suben a su azotea a tender la ropa, voltean a ver las cabinas azules y levantan la mano para saludar a los pasajeros.
Durante el recorrido, se pueden apreciar pinturas dedicadas a Olimpia Coral, la mujer cuyas imágenes íntimas difundidas en redes sociales y cuyo caso dio origen a la Ley Olimpia para castigar la violencia digital; a Guadalupe Bautista, famosa boxeadora originaria de Iztapalapa, así comoa luchadores sociales.
En la paredes y techos también hay personajes de la vida cotidiana, como una mujer indígena que carga, con su rebozo en la espalda, a un bebé mientras levanta con su mano derecha un racimo de ajos, pintado en el mercado Las Mercedes, de San Miguel Teotongo.
Óscar Fuentes y Rocío Ríos son maestros de Artes Plásticas en la alcaldía Iztapalapa. La pandemia de covid-19 obligó a cerrar las aulas, pero al iniciar las obras del Cablebús, los invitaron a colaborar en el proyecto de los murales. Para ellos, fue todo un reto plasmar imágenes a gran escala, pues su especialidad es la pintura al óleo.
En el tramo entre la estación Lomas de la Estancia y San Miguel Teotongo, se pueden apreciar sus obras con temáticas sobre las tradiciones y oficios de Iztapalapa. En la creación involucraron a jóvenes, pues, para ellos, esto es una forma de generar respeto por el entorno urbano.
“Al principio, algunos chavos nos rayoneaban las obras, pero al llamarlos a que participaran en el mural, comenzaron a respetar y ahora no tenemos ninguna”, señala Ríos, quien explica que hoy son los propios vecinos de otras colonias quienes buscan a los artistas para poner a disposición los muros de su vivienda.
Este teleférico no solo vino a cambiar la vista y el entorno de las colonias de la sierra de Santa Catarina, sino también puso en el mapa sitios que estaban lejos de ser considerados como un atractivo turístico. De ahí que el Archivo Histórico de Iztapalapa haya decidido organizar tours gratuitos para explicar la historia de las colonias, pueblos y barrios.
FOTOGRAFÍA: Anylú Hinojosa Peña / MAPAS: Oldemar González / DISEÑO Y PROGRAMACIÓN WEB: Salvador Buendía / COORDINADORA DE FOTOGRAFÍA: Betina García