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El cantante puertorriqueño presenta
‘Señor Santos II – Sueños de grandeza’, su reencuentro con el trap y habla en exclusiva como uno de los artistas de música urbana más influyentes de su generación.
Dice Austin Agustín Santos (Nueva York, 1985) que todavía se está recuperando de la cirugía a la que se sometió el pasado marzo, que no se siente “bien del todo”, que aún sufre algunas “complicaciones para respirar”. “Todas mis noches son incómodas. Durmiendo, uno no tiene control de su cuerpo, así que a veces me giro para el lado incorrecto. Se me hace difícil levantarme de la cama cuando estoy completamente acostado”, nos confiesa mientras se acomoda en uno de los sofás del estudio de Orlando (Florida) donde una hora más tarde se llevaba a cabo la sesión fotográfica que acompaña a este texto.
Arcángel, su alter ego en la industria musical desde hace dos décadas, es mucho más optimista. Para el artista de música urbana, uno de los más influyentes de su generación, esa operación de corazón también catalizó su reencuentro con una voz interior que, reconoce, se había ido alejando de un tiempo a esta parte. “Desde hace un par de años hacia acá, mis momentos creativos me abandonan más que vuelven”, señala con la serenidad de quien es consciente de haber lanzado un álbum, Señor Santos II – Sueños de grandeza, destinado a convertirse en un clásico del género.
El proceso hasta alcanzar esa seguridad creativa, sin embargo, no fue tan plácido como podía esperarse.
Por la cirugía, por supuesto, que trastocó todos sus planes –personales y profesionales–, pero quizá también porque ya suma dos décadas impactando en la industria desde todos los frentes posibles; o porque el combustible de la ambición, como él mismo apunta, ya no brota con los mismos octanos. “No es que esté satisfecho, pero tengo mucha menos hambre porque ya he logrado muchas cosas. Eso también influye en el proceso creativo del artista, más en la música urbana. Cuando tu virtud es cantar o rapear sobre lo que vives y eres un artista yoísta, hablas de cosas que te han afectado o han sucedido a tu alrededor. Cuando has logrado muchas de esas cosas, puede que lo que digas ya no sea tan interesante”, añade.
Para Pablo Picasso, el advenimiento de la inspiración era algo así como un momento indescriptible, casi místico, que el pintor siempre trataba de recibir trabajando. Emulando al genio malagueño, durante aquellos momentos de tribulación en los que las ideas no se comportaban frente al micrófono con la misma soltura que escritas sobre el papel, Arcángel decidió apostar por el mismo método: tres días después de recibir el alta en el hospital ya estaba en el estudio.
“Yo no fuerzo la situación, no voy detrás de las musas. Las musas son como el amor, no puedes perseguirlas ni salir a la calle a buscarlas. Tienes que esperar a que lleguen”, sostiene con seguridad. Cuenta que antes de la cirugía “no tenía demasiadas cosas de las que la hablar”, pero que ese momento personal no le impidió encerrarse a grabar con disciplina para aprovechar al máximo ese material que, tras el inesperado parteaguas hospitalario, volvía a brotar con la soltura de antaño. “Tengo la virtud de componer todos los días, pero no todo vale la pena. Lo hago porque nada me lo impide. Es igual que si eres cocinero, nada te impide cocinar un plato todos los días. Pero no necesariamente todo lo que grabo amerita ser lanzado al público. A veces tengo un buen día y grabo tres o cuatro temas, pero nada ni nadie te asegura que vayan a ser un hit”, relata sin soslayar la realidad de una industria cada vez más hipnotizada por los brillos de la inmediatez.
Señor Santos II – Sueños de grandeza –“queremos que haya un tercer volumen que dé continuidad a los dos anteriores”, adelanta– parece haber sido creado con esa misma vocación de organicidad. Un álbum de 18 temas, contracultural en el sentido más estricto, que, además de un preciso homenaje al trap en español, muestra las venas abiertas de un artista al que nadie discute la paternidad (copaternidad, cuanto menos) del género. Durante su adolescencia, que transcurrió entre San Juan y Nueva York, Arcángel supo absorber lo mejor de los dos mundos –el trap de Atlanta, el rap de Harlem, el reggaetón de Puerto Rico…– hasta encontrar una voz propia, hoy inconfundible, que en este nuevo trabajo suena con más madurez que nunca. “Con toda modestia, tengo que decir que traje un nuevo sonido, tonos diferentes, velocidades nuevas… Muchas cosas que hoy en día se siguen utilizando. Muchos lo aceptan y otros son incrédulos, pero para que el mundo exista tiene que haber creyentes y no creyentes. Todo el mundo es bienvenido”, declara.
Uno de esos temas es “Gohan y Goku”, “top 2 del álbum” en opinión del cantante y el debut en la industria de su hijo Austin (Austin San en los créditos, Austincito para amigos y familia). Una decisión tan esperada como meditada. Hace cinco años, en tiempos de pandemia, Arcángel anunció a sus seguidores durante un live de Instagram que su hijo sería su heredero en cinco años. El título de la canción, el alumno que trata de superar al maestro en el universo de Dragon Ball Z, tampoco engaña. “Mi hijo quiere cantar desde que es muy niño. Ha dormido conmigo en estudios musicales desde que tenía seis meses y a los 14 años ya me dijo que quería cantar. Yo, para poder apoyarlo bien en el futuro, tuve que decirle que no era su momento. Podía ayudarlo de otra manera, dándole acceso a los lugares necesarios, a los productores… Todos mis amigos, que lo conocen desde que era un bebé, empezaron a mandarle beats. Lo quieren, es como un sobrino para ellos”, dice (ahora sí) Austin Agustín Santos.
Había descubierto que el futuro de ambos estaba escrito. “Sabía que una vez cumplidos los 18 lo iba a exigir. No quería trastornarle con responsabilidades para las que en ese tiempo no estaba preparado. No es lo mismo levantar a un niño para ir al colegio que para que vaya a dar una entrevista. Cuidé eso lo más que pude”, continúa satisfecho Santos, hoy abuelo.
La canción, un éxito incipiente, es también la representación del papel que (de nuevo) Arcángel, representa hoy en el género, una suerte de eslabón entre la vieja escuela –Tego Calderón, Don Omar, Daddy Yankee, Wisin y Yandel…– y las nuevas generaciones, además de un pedagogo, casi un historiador, de un movimiento que ayudó a globalizar con tanta velocidad como audacia. “Me considero parte de la edad media del género. Cuando yo salí, el movimiento tenía casi 20 años, así que crecí escuchando a aquellos artistas. Siempre voy a ser fanático del género, y mis artistas favoritos van a ser siempre los mismos. Eso no va a cambiar por más que yo logre cosas que ellos no lograron. No voy a dejar de mencionarlos, porque si no, la historia no sería cierta”, sostiene.
Para él, esa historia comenzó algunos años atrás en Nueva York, cuando se encontró por casualidad con un disco de Tego Calderón. “Me volví a enamorar del reggaetón”, recuerda sobre una epifanía que le llevó a dejar atrás una idea preconcebida que mantenía sobre algunas canciones y artistas del género musical con el que había crecido. Empapado de la escena estadounidense en la que se desenvolvía, cada vez que regresaba a Puerto Rico, Arcángel se sorprendía al descubrir cómo algunos de los éxitos que sonaban en las radios estadounidenses eran copiados y transformados en la isla en canciones de reggaetón. “Plagiaban la melodía y le ponían otra letra. Yo nunca respeté mucho eso, pero cuando escuché a Tego la motivación fue tan grande que decidí regresar a Puerto Rico ese verano. Le dije a mi papá que tenía claro lo que iba a hacer”, rememora. Tenía 15 años. Cinco después, comenzaba una carrera en la que otros géneros como el reggae, la bachata, el merengue o la balada se iban integrando sin demasiados complejos a otros como el rap, el trap y el reggaetón. El entorno también ayudaba. El Puerto Rico de aquel 2005 era una verdadera caldera creativa, además de un infinito semillero de ingenieros, productores, cantantes, arreglistas y percusionistas absolutamente convencidos de que aquel género tenía todas las posibilidades de dominar las siguientes décadas en todo el mundo. “Antes me vestía con ropa nueva y me ponía mi mejor perfume para ir al estudio. Invitabas a amigos y, mientras grababas, estaban afuera tomando y compartiendo. Yo salía, convivía y lo que no se me ocurría adentro se me ocurría afuera, escuchando. El estudio era mejor que la discoteca”, señala con cierta nostalgia contenida. Hoy, su rutina es muy diferente, aunque se sigue divirtiendo con una pasión que para él “es un deporte”. “Y me gusta mucho el deporte”, añade. “Me entretengo buscando una melodía o una rima, es como un crucigrama en el que vas buscando la palabra correcta”, apunta, aunque también reconoce que ya no soporta la presencia de más de tres personas en el estudio. “Me gusta que cada persona que está en el estudio aporte algo, ya sea arreglista, ingeniero o compositor”. Otros tiempos.
Han pasado 20 años desde que Arcángel comenzara su carrera musical y algunos más desde que interpretara su primer rap junto a sus amigos de la infancia Carlos y Elías en un talent show en el colegio de La Inmaculada de Santurce, el barrio de San Juan en el que pasó parte de su infancia.
Hoy, el género –“quizá el producto de exportación más importante de la historia de la isla”, como el propio Arcángel señala– está más vivo que nunca. Y no solo en la isla. Como un espejo de lo acontecido en la Francia de los años 90, cuando el país europeo se convirtió en el segundo mercado mundial de hip-hop por detrás de Estados Unidos, otros países han seguido la estela de Puerto Rico. Para Arcángel, Colombia –“Medellín en algún momento fue la capital mundial del reggaetón”, asegura– y Argentina encabezan esa lista. “Creamos algo tan poderoso que hicimos que otros lugares quisieran formar parte de nuestra cultura. Quiero que mi género sea lo más global posible, si lo mantenemos en el Caribe eso no va a ocurrir”, aventura sobre el futuro de un movimiento que, en su opinión y ocurra lo que ocurra en el futuro, siempre tendrá al territorio caribeño como origen y epicentro. “Al campeón no se le gana por decisión, al campeón tienes que noquearlo. Así ocurre con Puerto Rico”. Y ya no sabemos si el que habla es Arcángel o Austin Agustín Santos.