Aunque el gobierno federal quiere ser parte fundamental de ciertas industrias relacionadas con la tecnología, como semiconductores, la aeroespacial e IA, México debe acelerar la creación de talento.
Por: Selene Ramírez, Ana Luisa Gutiérrez, Fernando Guarneros y Eréndira Reyes
México atraviesa un momento decisivo para su desarrollo tecnológico. El sector de los semiconductores, la
industria espacial, la inteligencia artificial y el talento especializado se presentan como rutas con las
que el país aspira a fortalecer su soberanía científica, reducir la dependencia de insumos importados y
posicionarse en la reconfiguración global de las cadenas productivas.
La estrategia trazada por la presidenta Claudia Sheinbaum es un reflejo de que la tecnología dejó de ser un
complemento industrial y se convirtió en un eje estratégico para la seguridad y el crecimiento económico, lo
que obliga al país a definir con claridad el lugar que desea ocupar en los próximos años.
Entre las industrias claves, la de los semiconductores es una de las más relevantes para el gobierno
federal. Durante décadas, México ha sido parte de la cadena, pero sin ocupar un lugar central, y por ello
pretende convertirse en un actor relevante dentro de la producción global de chips, un sector estratégico
dominado por Asia.
Según la Semiconductor Industry Alliance (SIA), México exporta alrededor de 4,900 millones de dólares
anuales en semiconductores y genera cerca de 10,000 empleos especializados. No obstante, el país importa más
chips desde Estados Unidos y ese desequilibrio comercial es una de las razones por las que el gobierno
intenta apuntalar esta industria.
Así, el país tiene como meta pasar a una etapa más avanzada dentro de la compleja cadena de manufactura de
chips, integrada por cinco fases: investigación y desarrollo, diseño y validación, fabricación, pruebas y
empaquetado, y distribución. Hoy en día, México se enfoca en los últimos pasos, por lo que pretende ascender
hacia procesos de mayor valor agregado. El Plan México plantea duplicar la proveeduría local de
semiconductores hacia 2030 y atraer alrededor de 10,000 mdd en inversiones.
éxico tiene hoy un nivel tecnológico medio en la industria de chips, explica Francisco González,
presidente ejecutivo de la Industria Nacional de Autopartes (INA). Cuenta con capacidad para participar en
etapas como validación, empaquetado y pruebas, aunque sigue lejos de los nodos más avanzados de
fabricación.
Sin embargo, ese rezago no representa un obstáculo inmediato. La SIA explica que la manufactura concentra
entre el 26 y el 30% del valor del chip, pero exige inversiones superiores a 10,000 mdd por planta. En
contraste, las fases restantes reúnen alrededor del 70% del valor agregado y requieren entre 300 y 1,000
mdd. Para México, iniciar su avance por estas etapas intermedias resulta más viable y estratégico.
A pesar del potencial, el entorno económico para inversiones enfrenta desafíos, menciona González, debido
a
que las reglas del juego de la economía mundial están en transformación. “Para atraer capital, México
necesita estabilidad en infraestructura energética, ya que se trata de un sector que consume grandes
cantidades de electricidad y agua”, afirma.
La apuesta mexicana ocurre en medio de un escenario internacional competitivo. Desde 2021, China, Corea
del
Sur, Estados Unidos, India, Japón, Taiwán y la Unión Europea anunciaron incentivos superiores a 316,000
millones de dólares. No obstante, la ruta de Sheinbaum se divide en tres momentos. El primero establece la
creación de chips mediante el centro de diseño especializado Kutsari. El segundo prevé inversión pública y
privada para levantar una planta nacional de manufactura y el tercero plantea que, hacia 2029, exista
producción de chips en el país.
La presidenta considera que esta ruta permitirá reducir la dependencia de importaciones y blindar a
industrias estratégicas. Además, colocaría al país en una posición favorable rumbo a la revisión del
T-MEC,
con el debate sobre las reglas de origen como punto clave para atraer inversiones de largo plazo.
Las industrias automotriz y de electrodomésticos serían las más favorecidas, detalla González. Hacia 2040,
cerca del 35% del valor de un automóvil corresponderá a hardware y software ligados a semiconductores.
También los electrodomésticos, desde cafeteras hasta refrigeradores, necesitarán chips, lo que anticipa un
crecimiento sostenido en la demanda.
No obstante, México deberá elegir con precisión la tecnología que impulsará. En este sentido, González
puntualiza que el país necesita enfocarse en nodos intermedios, entre 17 y 29 nanómetros, esenciales para
sectores con importancia económica y menos competidos que los chips de punta.
Sonora, Jalisco y Baja California jugarán un papel clave debido a su infraestructura y su cercanía con
proveedores tecnológicos. González también señala la necesidad de alianzas con Japón, Taiwán, Corea del
Sur,
Países Bajos y Alemania, líderes en óptica, litografía y maquinaria de precisión. Sin esas conexiones,
coinciden los expertos, el país avanzaría de manera incompleta y lenta, mientras que la falta de acción
inmediata lo mantendría como consumidor en lugar de ser diseñador y exportador de tecnología.
La industria de Estados Unidos domina en la región. El país vecino mantiene un superávit en chips con respecto a México y Canadá.
Superávit de eu en mdd*Datos a julio.
Fuente: Comisión de Comercio Internacional de EU.
Esta situación tiene paralelos evidentes con otro sector que busca ser impulsado por el Plan México: el
ámbito espacial y satelital que durante tiempo habitó el territorio de la ciencia ficción. Pero en la última
década se convirtió en una industria conocida como New Space Economy valuada en 1.8 billones de dólares
rumbo a 2035, según el Foro Económico Mundial.
Esta nueva economía surge como respuesta a la creciente demanda de acceso al espacio por parte de empresas
privadas –como SpaceX, de Elon Musk, Blue Origin, de Jeff Bezos, y Virgin Galactic, de Richard Branson– que
pretenden innovar, reducir costos y acelerar el desarrollo de tecnologías espaciales. Su avance incluso está
redefiniendo la geopolítica.
Estados Unidos, Rusia y China se colocan como las potencias dominantes, impulsadas por la combinación de sus
agencias espaciales, inversiones público-privadas, capacidades tecnológicas y estrategias militares.
México, por su parte, participa con 19 satélites registrados, una presencia baja frente a naciones con mayor
consolidación en la órbita. El país funge principalmente como un actor manufacturero dentro de la cadena de
valor espacial al intervenir en la producción de cerca de 20 componentes utilizados por Starlink, incluyendo
elementos como cámaras de combustión para motores Raptor, de SpaceX, fabricados en Monterrey y Chihuahua.
A pesar de esa capacidad industrial, el país no ha logrado absorber conocimiento para crear innovación
propia. La falta de inversión pública y privada en ciencia y tecnología derivó en escasez de laboratorios y
centros de prueba, explica Valeria Ramos Barba, especialista y consultora del sector espacial. Esta
situación mantiene al país dependiente de servicios extranjeros y contribuye a su rezago.
El porcentaje de inversión de México en ciencia, tecnología e innovación con relación al PIB está lejos del promedio de la OCDE, que es del 2.7%.
Inversión con respecto al PIBFuente: Banco Mundial y OCDE.
La iniciativa de reforma fue aprobada en la Cámara de Diputados en abril de 2024, pero no avanzó en el
Senado debido a las elecciones presidenciales. Roberto Briano, exdiputado de Morena y uno de los impulsores
del proyecto, comenta que, en la actualidad, permanece detenido. Ahora, debe revisarse de nuevo y
ratificarse para finalmente programar su votación en el pleno.
La aprobación de esta ley fortalecerá la soberanía tecnológica en un momento en que la competencia
internacional por el espacio se intensifica. Sin esa base legal, México permanece vulnerable a cambios
externos y pierde la oportunidad de consolidar un sector estratégico en plena expansión global.
Isai Fajardo Tapia, consultor del sector, advierte que incluso para las transferencias de tecnología y
conocimiento que se busca en el proyecto Ixtli se requiere una regulación y leyes que ofrezcan garantías a
los países exportadores. “En el actual contexto nacional, existe incertidumbre sobre los esquemas de
transferencia pretendidos y sin un marco legal es más complejo”, sostiene.
El país posee una industria aeroespacial en crecimiento y concentra clústeres en Sonora, Baja California,
Chihuahua y Querétaro, pero aún carece de infraestructura industrial, sistemas de hardware y software,
equipos de prueba, laboratorios y un marco legal capaz de sostener la ambición nacional. Sin estos
elementos, los proyectos enfrentarán dificultades para materializarse.
Otro campo en auge y del cual México quiere ser partícipe es la inteligencia artificial, un sector en el
que el Estado busca plataformas que le permitan generar conocimiento propio, proteger activos estratégicos
y participar en cadenas de valor donde la innovación define la soberanía.
Pero, en este contexto, surge la pregunta de si el país quedará como proveedor de datos o podrá ser
protagonista en el desarrollo de productos digitales con valor agregado. La respuesta no depende solo de
la voluntad política, requiere infraestructura, capital y talento, pero, sobre todo, una visión que
entienda la dimensión de esta nueva economía.
El gobierno federal presentó inversiones con el fin de habilitar una base técnica capaz de soportar
servicios digitales avanzados. Una de las apuestas más visibles es la que anunció la empresa CloudHQ. Su
inversión de 4,800 mdd anunciada a finales de septiembre pretende construir centros de datos en Querétaro,
estado que evoluciona de ser un polo industrial para convertirse en epicentro tecnológico. Esta obra fue
destacada por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien afirmó que funciona como la columna
vertebral de una carretera digital para aplicaciones de IA y servicios de nueva generación.
El flujo de recursos en el sector confirma esa tendencia. La Secretaría de Economía reportó que la
inversión extranjera directa en servicios de cómputo y procesamiento de datos alcanzó 183.8 mdd entre
abril y junio de 2025. En paralelo, la Asociación Mexicana de Data Centers (MEXDC) estima que en el país
se invertirán entre 2025 y 2030 más de 10,000 mdd en infraestructura de centros de datos, de los cuales ya
hay 55 en operación y 22 en proceso de construcción.
Aunque el acumulado de inversión en este sector es superior a años previos, a escala global, aún es
marginal. La consultora de mercado especializada en la industria Dell’Oro estima que el gasto de capital
de data centers a nivel global alcanzó los 455,000 mdd en 2024, un año en el que el gasto en
infraestructura para entrenamiento de IA creció 161%, por lo que si bien México avanza, su participación
todavía refleja un papel periférico en esa carrera.
Para ponerse a la par, uno de los anuncios más recientes y ambiciosos del gobierno es Coatlicue, una
supercomputadora con una inversión de 6,000 mdp que, de acuerdo con José Antonio Merino, titular de la
Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, tendrá cerca de 15,000 GPU (unidades de
procesamiento gráfico) y aspira a impulsar el uso de IA y procesamiento de datos en el país.
Con todo, Adriana Rivera, directora ejecutiva de la MEXDC, puntualiza que a pesar de las intenciones de
avanzar en infraestructura, el país tiene un reto de talento. “No hay que olvidar que un centro de datos
es como cualquier otra empresa. (...) Es importante desarrollar el talento que la industria requiere hoy y
también en el futuro”, menciona.
México ha comenzado a atraer inversiones en el segmento de centros de datos, lo que generará una demanda de nuevos perfiles profesionales.
perfiles más comunes para un centro de datosFuente: MEXDC.
Como respuesta, el gobierno planteó la creación de un Centro Público de IA, cuyo objetivo es graduar 25,000
estudiantes al año en análisis de datos, nube y ciberseguridad. El plan se articula con empresas como IBM,
Microsoft, AWS, Google y Salesforce, que ofrecen certificaciones y herramientas técnicas. Teresa Verthein,
líder de relaciones con gobierno de Salesforce México, afirma que el país tiene ventajas estratégicas, como
su cercanía con Estados Unidos, un mercado interno amplio, ecosistemas tecnológicos en crecimiento y una
base de ingenieros competitivos. Sin embargo, también alerta que aún existen brechas.
Y es que la diferencia entre observar el futuro y formar parte de él se encuentra en las universidades, y
por eso la conversación sobre semiconductores, satélites, supercómputo o IA termina en el mismo punto:
talento, el punto más frágil del sistema.
A escala internacional, el reporte From Hype to Impact, de EPAM, indica que el 43% de las empresas planea
contratar especialistas en IA, pero México no acompaña ese ritmo, ya que solo el 2% de la población
económicamente activa forma parte del sector de TI, según el INEGI, mientras que José Luis Guasco, socio
líder de consultoría de GDS México, estima que el nivel de madurez digital del país tiene un avance del
41.71% cuando lo ideal es un 70.24%.
El sistema educativo tampoco responde con velocidad. El estudio ‘Comprendiendo la contratación tecnológica
en México 2025’, elaborado por Triplete, que realiza bootcamps de programación para principiantes,
menciona
que apenas el 20% de los programas universitarios introduce contenidos de IA, nube o ciberseguridad. Esta
desconexión mantiene a los estudiantes lejos de las demandas reales de la industria.
Cecilia Hermida, Country Manager para México de Infor, firma de software empresarial en la nube, considera
que gran parte de las empresas mexicanas funciona con procesos manuales que frenan la productividad y
desincentivan el desarrollo de perfiles especializados. “Tienen una oportunidad estratégica en modernizar
sus plataformas tecnológicas; solo así el talento puede enfocarse en tareas de alto valor y cerrar la brecha
de especialización que hoy limita a la industria”, afirma.
A pesar de ese contexto, el país intenta corregir esa brecha. El Centro Nacional de Diseño de
Semiconductores Kutsari, con presencia en Puebla, Jalisco y Sonora, busca articular academia, industria y
gobierno para formar ingenieros en diseño de chips, un perfil escaso en México.
Según estimaciones de ManpowerGroup, la falta de talento especializado fue del 70% en 2025, lo que afectó la
logística, la manufactura avanzada y las tecnologías digitales. Guasco señala que, para avanzar en este
aspecto, México necesita marcos regulatorios que acompañen la transición y añade que la propiedad
intelectual, las certificaciones y los incentivos fiscales deben reflejar una economía con la IA como motor
central, pues el mundo observa al país como una alternativa para la expansión.
En el entorno tecnológico, México conquistó atención internacional, pero la economía digital ya no se define
por ventajas pasivas. El futuro no está solo en la electricidad que alimenta los centros de datos ni en las
GPU que aceleran cálculos complejos. Está en las personas que puedan convertir todo eso en ideas lucrativas.
“La demanda existe”, concluye Guasco. “El mundo está volteando a ver a México como una opción de talento y
de crecimiento”.
DISEÑO EDITORIAL Rodrigo Heredia / Óscar González DISEÑO Y PROGRAMACIÓN WEB Paula Carrillo EDICIÓN DE FOTOGRAFÍA Diego Alvarez Esquivel COORDINACIÓN DE FOTOGRAFÍA Betina García