FOTO: CORTESÍA, ALBERTO VARGAS

Amanda Jacobson

Cofundadora y CRO de Radar





Por: Puri Lucena

L

a energía de Amanda Jacobson se percibe desde el primer saludo. La emprendedora, originaria de Los Ángeles, convirtió las negativas que tuvo al buscar su primer trabajo en una oportunidad que cambió su carrera y su vida. Tras estudiar Negocios y Psicología, intentó entrar a una gran consultora, pero no quedó. Había tomado un curso de emprendimiento social y uno de sus mentores la animó a aplicar a un programa en la India como becaria. Y ahí se fue.

Los integrantes de este programa eran colocados en diversas empresas con impacto social. A ella le tocó en un fondo de inversión. Seis meses después, regresó a Estados Unidos con conocimientos sobre emprendimiento social y cómo financiar una empresa. Y, de nuevo, enfrentó el ‘no’. “Literal, apliqué para 100 puestos de trabajo. ¡Sufrí mucho! Empecé a hacer de todo, conduje para Lyft (la app de movilidad), ¡incluso Uber me rechazó porque mi auto era muy viejo!”, recuerda. Se mudó a Boston para hacer un programa de emprendimiento, donde ganaba 1,000 dólares al mes y pagaba 700 de renta. De lunes a viernes, trabajaba en la oficina, de viernes a domingo, ofrecía muestras de yogur en un supermercado.

Hasta que, con 23 años, en 2014, llegó a México como gerente regional para América Latina de Village Capital. “Me mudé porque no pude encontrar trabajo en Estados Unidos, pero también porque me dio una gran oportunidad de aprender de emprendimiento social y cómo hacer impacto en una comunidad con una solución con fines de lucro”, explica.

Casi cuatro años después, pasó al laboratorio de innovación de Gentera, donde fue inversionista por primera vez. Fue un gran salto y quiso empezar a “ensuciarse las manos”. “Dije: ‘He ayudado a emprendedores, estoy en las juntas de los boards como inversionista, pero nunca he emprendido, necesito calle’”.

Se sumó a Oyster, una fintech para pymes que tenía casi 100,000 clientes cuando fue comprada. Tras un año sabático en el que analizó cuál debía ser su siguiente paso, entró como late founder a Radar, una start-up chilena que automatiza las operaciones financieras de las empresas y que buscaba expandirse a México.

“Quiero que Radar sea un ejemplo muy importante del tipo de innovación que podemos tener en Latinoamérica, que puede tener éxito para sus inversionistas, sus clientes, su comunidad y colaboradores”, afirma. “Necesitamos más casos de éxito en América Latina”.

Jacobson señala el cambio que ha experimentado el ecosistema fintech en México en la última década. “Cuando estaba en Village Capital y tuvimos que hacer el primer programa de fintech, me costó mapear a 50 emprendedores. Ahora, hay alrededor de 800”, explica. “Y más que nada, creo que lo interesante es la madurez y la calidad de las soluciones que estamos viendo y cómo tienen un impacto masivo”.

La emprendedora se siente orgullosa de que le digan chilanga. Se proyecta en México, donde, dice, aún hay mucho por hacer. “Estamos en un gran momento en emprendimiento. El ámbito laboral me ha tratado superbien aquí. Creo que hay mucho más que puedo lograr si sigo enfocada y apoyando a esta comunidad”.

La primera mitad de mi carrera aprendí mucho sobre cómo dar consejos, cómo ver patrones, pero nunca llegaba al grano. Ahora, como emprendedora, estoy aprendiendo cómo experimentar, cómo fracasar, cómo mejorar las cosas con mis propias manos y con mis equipos”.