Por: Eréndira Reyes
arolina Ruiz no llegó a la ciberseguridad por una ruta previsible. Su historia comenzó en otro lenguaje, el de la arquitectura, donde la curiosidad por conocer a la sociedad y la cultura le permitieron virar de carrera hacia la tecnología. A causa de un reto de salud, la joven replanteó su camino y entró a un sector que, hace apenas una década, era casi irrelevante en México.
Egresada de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, decidió postularse a Brier & Thorn cuando todavía no tenía experiencia técnica, pero sí una convicción feroz por aprender. Frente a la pregunta de Alissa Knight, CEO global de la empresa y quien luego se convirtió en su mentora, de qué podía ofrecer a la compañía, Ruiz respondió con una frase que hoy funciona como síntesis de su cambio de carrera: “No tengo experiencia, pero lo que tengo son muchas ganas”.
Se dedicó a estudiar de forma intensiva durante sus primeros meses, hasta entrar en procesos de certificación y asumir cada vez más responsabilidades operativas. Cuando la ciberseguridad todavía era una disciplina poco nombrada en el país, ella ya entendía que la digitalización iba a convertir la protección tecnológica en una función central para cualquier empresa. Pues veía que si la vida económica y corporativa iban a depender cada vez más de la tecnología, también crecerían los riesgos, la superficie de ataque y la necesidad de defender activos críticos.
Ruiz no habla de ciberseguridad como una colección de firewalls, alertas o herramientas, sino como una condición para competir, pues sostiene una idea que debería resonar en cualquier consejo de administración en torno a la resiliencia, ya que considera que si esta característica no existe, una empresa no puede ser competitiva. Por eso, ha desarrollado servicios diseñados específicamente para pymes.
De niña, soñaba con ser olímpica y pasó por el alto rendimiento en natación; todavía hoy encuentra en el deporte una escuela de carácter. De ahí extrajo tres ideas que parecen haber migrado intactas a su vida ejecutiva. La primera es la constancia, porque los resultados no son inmediatos. La otra es el sacrificio y también una parte importante de cómo visualiza las metas y de qué forma se exigen ciertas renuncias. La resiliencia le permitió entender que “incluso haciendo todo bien hay factores que no se pueden controlar”, menciona.
Hacia el futuro, Ruiz quiere crecer internacionalmente, y en paralelo construir una cultura digital desde abajo, desde las empresas, las familias, las escuelas y los niños que toman un celular sin entender todavía los riesgos del entorno, pues, como alegoría de la arquitectura, estos cimientos de conocimiento son lo que pueden construir mayores barreras de ciberseguridad en el país.
Ahora, además, está lanzando Knight, una empresa de IA agéntica para ciberseguridad ofensiva, que busca democratizar capacidades avanzadas de análisis y simulación de amenazas para compañías de todos los tamaños.