Por: Nancy Malacara y Alberto Zanela
omenzó su carrera en Novartis en 2014, la única empresa en la que se ha desarrollado en diferentes cargos. Erick Alonso suele decir que en la industria farmacéutica los procesos significan que un medicamento o dispositivo médico llegue a tiempo a quien lo necesita. “Me gusta trabajar en Novartis por el propósito con el que lo hacemos. Siempre hay una persona a la que le estamos salvando o cambiando la vida”, afirma. “Y en toda la cadena de valor, hay personas que tal vez nunca ven a un paciente, pero lo que hacen sirve a ese paciente”.
Con eso en mente, su labor ha sido fundamental. Participó en uno de los episodios operativos más complejos durante el sismo de 2017, cuando el laboratorio de control de calidad que lideraba tuvo que ser reubicado sin detener la liberación de medicamentos. Esto implicó reorganizar más de 200 equipos e instrumentos de laboratorio y revisar los movimientos para ajustarlos hasta abrir su nueva unidad, en Naucalpan.
Alonso también lideró la creación del primer Centro de Servicios Compartidos de Calidad en el país, que centralizó procesos antes realizados por separado entre México, Brasil y Argentina, lo que produjo ahorros de más de 1.7 millones de dólares al año y llevó a que México concentrara dos de los tres hubs creados a partir del proyecto.
Después, participó en proyectos regulatorios ante la Cofepris y en cambios operativos con el equipo de cadena de suministro, donde reorganizó el trabajo según impacto comercial, disponibilidad de producto y relevancia estratégica, con lo que los medicamentos prioritarios dejaron de esperar filas de hasta dos semanas y el tiempo para dictaminar su calidad se redujo hasta 70%. “Logramos 36% más entregas en tiempo versus 2024, junto con una adherencia de 99% de entrega en tiempo para productos de alta prioridad”, detalla.
Desde julio de 2025, el ingeniero químico dirige el Novartis Operations Corporate Center México (NOCC), uno de los seis centros globales de la compañía y el único en América, donde se centralizan servicios de operaciones y funciones globales que Novartis provee a los países del continente, como transformación digital e IT, contabilidad y finanzas, compras, operaciones de calidad, recursos humanos y atracción de talento.
Cuando tomó las riendas, impulsó la actualización de la estrategia de localización de Novartis para Estados Unidos con equipos globales de atracción de talento. La iniciativa demostró, con análisis del mercado laboral mexicano, que el país podía atraer funciones más especializadas en inteligencia artificial, automatización y gestión de lanzamientos de nuevos productos. “La evolución de la industria demuestra que México tiene muchísimo potencial por la disponibilidad de profesionales altamente especializados”, señala.
El ejercicio derivó en la confirmación de México como ubicación prioritaria para desarrollar nuevas capacidades para Estados Unidos, decisión que podría generar cerca de 100 empleos especializados durante 2026, pero va mucho más allá. “Tenemos un propósito muy noble, y como compañía, la oportunidad de trabajar con áreas terapéuticas que están de pronto desatendidas, como las enfermedades raras”, detalla Alonso. “El año pasado, por ejemplo, se lanzó un medicamento que es non profit para Novartis para tratar malaria en bebés”.
El directivo, padre de dos hijos, cree que su trabajo tiene trascendencia y que va a heredar algo al mundo. “Me gustaría pensar que dejo un legado en el que estoy conectando y generando muchos puentes de comunicación y colaboración entre equipos, para que, al final, haya pacientes beneficiados”, enfatiza. “Con todo lo que hacemos desde México, cada persona en Novartis impacta alrededor de 8,500 pacientes al año”, sostiene Alonso, quien dirige el centro que concentra a 1,200 de las 1,500 personas que colaboran en la compañía.