Por: Puri Lucena
i hay algo que define la carrera de Estefanía Lupercio es que siempre ha buscado resolver una pregunta: cómo lograr que una gran idea realmente cambie la forma en la que hacemos las cosas.
Inició como trainee en Unilever y empezó su carrera en roles de marketing. En sus más de 12 años en la empresa, transitó por diversas posiciones y categorías antes de pasar a The Magnum Ice Cream Company, tras la separación de la división de helados de Unilever, en diciembre, para convertirse en una empresa nueva.
Sus comienzos le permitieron aprender desde un punto de vista real, y no como números, sobre los consumidores, y eso le dio una base sólida para construir su carrera, que incluye puestos globales, algo que tenía entre sus objetivos. “Era como si yo lo hubiera descrito, porque ese rol era ayudar al equipo de helados y a los diferentes países a bajar y tropicalizar la estrategia y el modelo global”, explica.
La experiencia le cambió la forma de pensar, porque podía ver cómo cada país enfrentaba el mismo problema, pero había diferentes maneras de resolverlo. También le abrió las puertas para liderar la agenda de transformación digital justo en el momento en el que irrumpió el covid-19. Transformarse ya no era solo un deseo, era necesario para subsistir.
El contexto supuso cambiar un esquema de venta que se había seguido durante décadas y que permitió, por ejemplo, que 500 familias vendieran, desde su casa, helados y generaran ingresos sin exponerse. Lupercio tampoco ha tenido miedo a proponer cosas diferentes. Suya fue la idea de rediseñar la red de distribución para estar más presente en más lugares y la planteó ante el CEO de la empresa, Peter Ter Kulve, durante una reunión: en lugar de ampliar la red de congeladores, apostó por depender menos de ellos y realizar entregas rápidas en motocicletas, apostar por el tiempo y la agilidad. Hoy, sus dos propuestas se aplican en todo el mundo.
La ejecutiva se plantea todo el rato una disyuntiva: “Y si…”. Y lo aplica ahora que tiene que establecer las estrategias globales en lo local en The Magnum Ice Cream Company México. El principal reto, señala, será desaprender para redefinir cómo será la estrategia en esta nueva compañía. “Y eso es lo más interesante, encontrar esos patrones que te limitan, que son difíciles para alcanzar ese punto de agilidad”.
Es una nueva etapa en un año, además, clave, en el que vive y respira Mundial, desde la producción, el volumen, la venta estimada y los planes de visibilidad hasta la logística necesaria y el replanteamiento de modelos.
El pasado diciembre, Lupercio logró otro hito, este, más personal. Tachó la última meta de una carta que se escribió a sí misma cuando acabó la preparatoria, con todo lo que esperaba haber cumplido 10 años después. No lo logró en una década; es más, cuando, pasado ese tiempo, abrió la carta, no había realizado nada de lo descrito. Le tomó otros ocho años conseguirlo. Lo último en esa lista era hacer un MBA en una de las consideradas grandes escuelas de negocios.
“Me tomó casi 18 años y me di cuenta de que más que el qué quiero hacer, es el cómo lo quiero hacer. Estoy pensando mucho más en cómo quiero vivir, cómo se alinea todo a mi propósito. Cuando vivo dentro de él, vivo muy bien, disfruto lo que hago y estoy energizada. Siento que estoy en el camino correcto, pero se trata de seguir aprendiendo”.