FOTO: ANYLÚ HINOJOSA-PEÑA

Montserrat Ramírez

Directora de Operaciones PET y PEAD de ECOCE





Por: Rosalía Lara

M

ontserrat Ramírez tenía muy claro que quería estudiar una ingeniería. Eligió química porque la consideraba una de las más completas y, además, representaba un desafío que terminó convirtiéndose en su principal motivación.

“Cada vez que mencionaba que quería estudiar Ingeniería Química, todo el mundo decía que eso estaba pesado. El reto de decir que iba a estudiar eso porque yo puedo y porque yo quiero fue también lo que me motivó”, cuenta.

Su primer paso profesional fue en la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ). Desde ahí comenzó a conocer de cerca la amplitud de sectores que dependen de la química, como lubricantes, adhesivos, aditivos, productos químicos para el tratamiento de agua y resinas, área en la que terminó especializándose. Y como las resinas son la materia prima del plástico, trabajar en ese ámbito la acercó al manejo y al reciclaje de materiales.

Más adelante, Ramírez se integró al Consejo Nacional de la Industria de Productos de Consumo (ConMéxico), donde comenzó a revisar temas medioambientales, como agua, emisiones, energía y residuos en grandes empresas de consumo, particularmente, en los sectores de alimentos y bebidas.

La experiencia la llevó a involucrarse cada vez más en temas de economía circular y manejo de residuos, especialmente, en los desafíos asociados al reciclaje de plásticos. Así, su siguiente paso fue ECOCE, la asociación civil que agrupa a empresas para impulsar el reciclaje de envases y empaques en México.

Ahí, participa en el diseño y la ejecución de programas de recuperación y reciclaje de materiales. Desde su llegada, el enfoque de su área ha cambiado a concientización ambiental. Antes, el objetivo principal era acopiar la mayor cantidad posible de kilos de material reciclable, un modelo que respondió a una etapa inicial en la que era necesario construir la base del sistema. Hoy, con un mercado más maduro, la estrategia también incorpora el comportamiento de los consumidores.

“Lo que vemos es que donde realmente podemos estar aportando es en concientizar, en educar, en cambiar estas prácticas”, dice la ejecutiva. Su objetivo es ampliar la visión del reciclaje más allá del ámbito industrial y llevarlo también al terreno de la cultura ambiental, pues, señala, ahí se juega una parte importante del futuro. Sin cambios en la conciencia de las personas, el impacto del reciclaje es limitado, no se trata solamente de acopiar más, sino de disminuir el impacto de nuestras actividades en un planeta que genera alrededor de 52 millones de toneladas de desechos plásticos al año, de acuerdo con investigadores de la Universidad de Leeds, en el Reino Unido.

Para lograrlo, su trabajo no implica solo coordinar programas con la industria, sino también dialogar con autoridades y participar en la construcción de políticas públicas relacionadas con el manejo de residuos y el reciclaje. La meta es que empresas, gobierno y personas operen dentro de la misma lógica: que separar una botella deje de ser un gesto aislado y se convierta en parte de un sistema que permita reincorporar los materiales a la cadena productiva.