En la planta de la compañía en San Luis Potosí, los robots y las personas actúan de manera coordinada. Con la introducción de la Neue Klasse, Klaus von Moltke tiene el reto de continuar con esta sinergia.
Por: Tzuara De Luna
Fotos: Anylú Hinojosa-Peña
a palabra ‘automatización’ cobra sentido al entrar a la nave de carrocerías de la planta de BMW en San Luis Potosí. Los brazos robóticos cumplen funciones que van desde la instalación y la soldadura de partes hasta la medición milimétrica de la estructura que, posteriormente, será un vehículo terminado. En esta área, más de 1,000 robots permiten tener un 95% de automatización en los procesos.
Pero el ser humano no queda atrás en esta escena. Hasta cuatro máquinas se accionan al mismo tiempo y para un mismo vehículo, pero los trabajadores permanecen con la vista atenta a cada paso y, en procesos específicos, pendientes a donde es necesario, quizá, poner más sello y la posición es tan complicada que se vuelve difícil para los brazos de metal. Robots y personas forman parte de un gran engranaje, es el panorama que enmarca el día a día en el complejo.
Klaus von Moltke, presidente y CEO de la planta de BMW Group en San Luis Potosí desde enero, sabe que su directriz en la fábrica debe seguir con la misma sinergia y exactitud que llevan los trabajadores junto con las máquinas. Más aún al considerar el reto que se viene para el complejo, que se extiende en 300 hectáreas: la introducción de la Neue Klasse y su producción a gran escala a partir de 2027 para su exportación global.
La Nueva Clase marca una nueva etapa para la automotriz alemana, al representar su más reciente apuesta y el camino a seguir, con más tecnología, que casi convierte los vehículos en computadoras móviles, además de enfocarse en una motorización totalmente electrificada.
El nuevo rumbo se dictó en Alemania, pero resuena hoy en el complejo potosino y marca un cambio de 180 grados para la fábrica, que desde su inauguración en 2019 se había enfocado en autos a combustión interna con los modelos insignia de la planta, el Serie 3, Serie 2 Coupé y M2.
“Hay una transformación completa con respecto a lo que se conocía aquí hasta ahora. Sí, es un reto y por eso tenemos que prepararnos. Tenemos buen soporte de nuestro sistema de producción global. Sin embargo, por la ofensiva de lanzamientos que tenemos como grupo a nivel global, tenemos que enfocarnos en nosotros, es decir, que sí va a quedar una gran porción de la tarea en nuestras propias manos”, sostiene el directivo.
A inicios de 2023, BMW anunció una inversión de 800 millones de euros, enfocados en la puesta en marcha de la Neue Klasse y que llevó a un incremento en la superficie de la planta. La nave de carrocería, por ejemplo, pasó de contar con 600 robots a 1,100. En dos de las líneas de producción de esta área, la modificación fue profunda. Cuando antes se enfocaban entre ambas en fabricar el Serie 3, Serie 2 Coupé y el M2, hoy solo una se dedica a estos modelos, mientras que la otra se destinará exclusivamente a la Neue Klasse.
En la nave de pintura también se ven los cambios. El nuevo portafolio implicará el lanzamiento de una nueva paleta de colores que es necesario industrializar. Los solventes químicos tienen que procesarse lo suficiente para soportar su exposición en diferentes condiciones, desde ambientes cálidos o desérticos, con arena constante, hasta climas fríos en extremo o de nieve. El recubrimiento debe adaptarse a las diversas condiciones de los mercados a donde exporta BMW desde México, de tal manera que el proceso de industrialización de un color tarda en promedio un año y medio.
En la nave de ensamble, el corazón del proceso de manufactura, las máquinas que se mueven a cada segundo, de arriba a abajo, de derecha a izquierda y en diagonal, han tenido que adaptarse a más de 3,000 nuevos pasos o procesos para la puesta en marcha de la Neue Klasse.
El reto que encara la alemana no es menor, pero al frente de la transición se encuentra una persona que sabe de aguas turbulentas y cambiantes.
Von Moltke, de padres alemanes y nacido en Venezuela, cuenta con cerca de 30 años de experiencia en el sector automotriz. En su currículum está la dirección de la planificación en producción de todas las plantas SKD y CKD de BMW Group con enfoque en optimización de sistemas, ingeniería y control. A finales de 2022 fue nombrado vicepresidente senior para la producción global de motores de BMW, además de director de la planta de Steyr, Austria, que impulsó hacia un modelo dual de producción, combinando motores de combustión interna con sistemas eléctricos y de hidrógeno.
El ingeniero industrial por la Universidad Simón Bolívar de Caracas sabe que, ante los ambientes revueltos, la clave del éxito está en la comunicación. Más aún cuando la apuesta implica escenarios de riesgo, como la desaceleración de la venta de vehículos eléctricos a nivel global, además de un entorno de mayor proteccionismo en materia comercial. El cambio ya de por sí genera incertidumbre, más aún en un ambiente volátil, pero el directivo, de dos metros de altura, sabe qué el acercamiento con el personal es el mejor blindaje.
“Independientemente de si es aquí, en Austria, Alemania o Sudáfrica, la situación es muy clara: las personas quieren saber la directriz, hacia dónde va el futuro de la empresa, y eso es un elemento muy importante. Por eso aplico rondas de conversación directa, de preguntas y respuestas, donde se pueda comunicar acerca del futuro”, señala.
Para colaboradores como Lorena Vargas, gerente de Producción de la nave de ensamble, el acercamiento entre el directivo y los trabajadores es estrecho. Su primer idioma es el español, aunque también habla y domina el inglés y el alemán.
“Uno de los elementos más valiosos es, precisamente, la conexión que se está generando al hablar español. Harald Gottsche (anterior presidente de la planta) también tenía este acercamiento, pero es diferente hablar en el idioma que utilizamos en el día a día. Para nosotros, ha sido muy transparente la transición”, explica la gerente durante un recorrido dentro de la nave a su cargo.
La tecnología que BMW utiliza en la planta de San Luis Potosí no se ve solo en los movimientos rápidos de los brazos robotizados, sino también en los conveyors o transportadores industriales, donde los vehículos se mueven a las diferentes estaciones incluso en la parte alta del complejo, de alrededor de siete metros de altura. También hay plataformas que colocan los vehículos de lado o en diagonal, con el objetivo de facilitar procesos, como soldaduras en partes muy específicas o que son difíciles de alcanzar en una posición horizontal tradicional.
El escenario, que parece salido de una película de ciencia ficción, se mezcla con los rostros, en su mayoría jóvenes, de los 3,700 trabajadores totales de la planta, donde el promedio de edad oscila entre 33 y 34 años. Esto se debe a que la alemana cuenta con programas de educación dual en conjunto con estudiantes de instituciones educativas locales, como el Conalep y el CBTis, y el 95% de los graduados de estas iniciativas han sido contratados por BMW.
“Es una población muy joven, muy dedicada, con ganas de crecer y con mucho potencial”, sostiene Von Moltke.
Y da resultados. En 2019, José Casas se convirtió en el primer mexicano en diseñar autos de la firma alemana. Entonces tenía 34 años. Más tarde, Casas fue el responsable del diseño del Serie 2 Coupé que se hace de manera exclusiva en San Luis Potosí, así como del M2.
Von Moltke explica que el grupo tiene confianza en el talento mexicano y las capacidades en manufactura del país, de tal manera que, para el corporativo, la apuesta por México cobra sentido, aun cuando el mercado de vehículos eléctricos en el mundo se está enfriando ante el poco despliegue que ha tenido su infraestructura de recarga.
En Estados Unidos, la venta de eléctricos descendió 2% el año pasado, la primera caída desde que marcas como Tesla comenzaron con el paulatino posicionamiento de este tipo de tecnologías hace una década. Pero el cese de incentivos para su adquisición en el país vecino, como parte del retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, ha modificado el panorama.
El directivo confía en que este mercado encontrará su cauce y espera que los vehículos eléctricos vuelvan al sendero del crecimiento. “Nuestra tarea primordial es preparar la planta y mantenernos flexibles desde el punto de vista tecnológico. Nuestro gran interés y la meta es seguir siendo estables aquí durante muchos años”, comenta.
Para Von Moltke, contar con una planta de baterías, como la que se está terminando de equipar en 80,000 metros cuadrados de nueva construcción en el complejo potosino, también forma parte de esta flexibilización, principalmente, en proveeduría, así como la apuesta a largo plazo que conserva la firma en el territorio nacional.
A lo largo de 2025, BMW destinó el 42% de su producción hecha en México al mercado estadounidense, una cifra relativamente baja en comparación con lo que envían otras armadoras al país, que llega a representar hasta el 90% de su fabricación.
Una de las principales razones del corporativo para instalar la planta en México fue el interés por llegar a ese mercado, por lo que Von Moltke espera que el T-MEC continúe, en miras de seguir con la integración regional de América del Norte. “En un mundo lleno de conflictos, es un acuerdo comercial, una alianza valiosa entre países que debería ser fortalecida en vez de bloqueada”, sostiene.
Con todo, el margen de maniobra de la alemana desde México es amplio, pues sabe que existen más puntos cardinales que solo el norte. “La cercanía del mercado estadounidense tiene para nosotros un elemento primordial, pero México representa también una opción para otros mercados del mundo por sus buenos tratados económicos con otras regiones”, resalta.
El complejo de manufactura, enmarcado por el clima árido de la región, ha demostrado a la compañía sus capacidades en cuanto a producción, con la fabricación de modelos exclusivos, como el Serie 2 Coupé y el M2. Al mismo tiempo, supone una buena carta desde la perspectiva del footprint global de BMW, al jugar de manera coordinada con su planta de Spartanburg, Carolina del Sur, y que se encarga principalmente de fabricar modelos de la serie X.
La Nueva Clase solo se ensamblará en Hungría, Alemania, México y China, pero en este último país será meramente para su mercado local. “Ha demostrado ser una planta con la capacidad de lanzar productos de este tipo, no solamente desde el punto de vista productivo, sino también por su proveeduría. Con nuestra planta en Estados Unidos y aquí en México, conjuntamente, tenemos una buena base para abastecer a la región con diferentes tipos de productos”, explica el directivo. “Podemos estar orgullosos porque la planta de México ha demostrado en el pasado tener la capacidad de hacer lanzamientos importantes y, por eso, no fue una discusión muy larga determinar si estaban en la capacidad para la Neue Klasse”.
Von Moltke asegura sentirse feliz de “regresar a casa”, pues es la primera vez que asume un cargo en este lado del planeta en las filas de BMW. Su esposa y su familia también están contentas. El directivo sabe que el reto y las responsabilidades que hoy recaen sobre sus hombros son grandes, pero lo es aún más el gusto con el que hace las cosas y desempeña su día a día.
“He vivido en Europa, Sudáfrica y, ahora, en México. Si me haces la pregunta ahora sobre si puedo quedarme aquí mucho tiempo, lo haría con mucho gusto. Aquí hay mucho por hacer, hay mucho potencial”, asegura, confiado.
DISEÑO EDITORIAL Óscar González / DISEÑO Y PROGRAMACIÓN WEB Nayeli Araujo / EDICIÓN DE FOTOGRAFÍA Diego Alvarez Esquivel / COORDINACIÓN DE FOTOGRAFÍA Betina García