Actor por vocación, DJ por pasión y curioso por naturaleza, Edu Maruri ha descubierto que construir una identidad no siempre significa elegir un solo camino. haciendo un recuento de sus personajes, música y nuevas etapas personales, el artista nos habla sobre la libertad de explorar distintas versiones de uno mismo, aprender a convivir con ellas y entender que, a veces, crecer también significa dejar de intentar definirnos.


Texto: Isabel Leal
Fotografía: José Henar
Moda: Mariela Maldonado


Look total, GUCCI; collares Clash y Juste un Clou de Cartier, ambos de CARTIER.


Hay una pregunta que parece sencilla hasta que intentamos responderla: ¿quiénes somos cuando dejamos de hablar de lo que hacemos? En una época en la que las profesiones, los títulos y las etiquetas parecen funcionar como una carta de presentación, resulta casi inevitable definirnos a partir de una sola cosa. Pero ¿qué sucede cuando nuestros intereses no caben en una única descripción? ¿Cuando aquello que nos apasiona se multiplica o solo se resiste a quedarse dentro de los límites que otros han trazado?

Edu Maruri tiene 31 años recién cumplidos y varias maneras de presentarse. Es actor, también DJ y le encanta la moda. Pero cuando le pregunto cómo se describiría sin mencionar ninguna de sus profesiones, no tarda demasiado en encontrar una respuesta: “Me describiría como un artista, una persona a la que le gusta expresarse, sentir, conectar”, responde.

Lo piensa un poco más. La actuación siempre ha estado primero. Desde niño sabía que quería interpretar personajes, estar frente a un público y contar historias. Lo demás fue apareciendo con el tiempo, pero no por casualidad. La música estuvo presente en su vida y la ropa se convirtió en otra manera de jugar con su personalidad. Son intereses que, vistos desde fuera, podrían parecer caminos que van en distintas direcciones, pero que para él tienen bastante más en común de lo que parece. “Creo que mi propósito en esta tierra es conectar auténticamente con la audiencia. Ya sea detrás de la cámara, detrás del booth, en el teatro o aquí contigo”, dice. Y hay algo igual de curioso en su forma de entenderlo. Maruri no habla de la actuación, la música o la moda como pendientes que tacha, sino como cosas que disfruta hacer. No parece demasiado preocupado por encontrar una descripción que las reúna. Alguna vez intentó hacerlo y descubrió que no tenía mucho sentido.

Tank top, H&M; chamarra, MAISON MARIA; pantalón, ALL SAINTS; botas, THORO 650; collar Juste un Clou de Cartier, anillos LOVE Unlimited y Juste un Clou de Cartier, brazalete LOVE de Cartier, reloj Santos de Cartier, todos de CARTIER.


Creció en Ecuador, pasó temporadas en Estados Unidos, estudió en Boston, se mudó a Los Ángeles para ir a la universidad, vivió en Londres y ahora está en México. Su vida ha transcurrido entre ciudades, personas y experiencias. Cada lugar ha construido una versión distinta de él y su yo actual no podría existir sin todas las anteriores: “La persona que soy hoy es una suma de todo. No parece haber nostalgia por un momento en particular; en cambio, siento emoción por lo que está por venir”, explica. Y es que, aunque su vida ha cambiado de escenarios en varias ocasiones, sus intereses se han mantenido sorprendentemente constantes. Lo que ha cambiado es la manera de relacionarse con ellos.

La actuación, por ejemplo, le permite hacer lo que no podría experimentar en su vida cotidiana: vivir otras vidas. Habitar cuerpos distintos, acercarse a épocas en las que no vivió y experimentar emociones que normalmente no forman parte de su día a día. Puede regresar a la preparatoria, ponerse un uniforme y recuperar recuerdos propios para construir a alguien más allá de sí mismo. O trasladarse a la década de los noventa, investigar cómo se vivía entonces e imaginar lo que significaba ser un ídolo adolescente de la época.

En Nadie nos va a extrañar, donde interpreta a Diego, ha explorado esa distancia entre lo que alguien aparenta ser y aquello que explica su comportamiento. En él reconoce algo propio: el deseo de estar presente para las personas que quiere y la intención de seguir mejorando, incluso cuando eso implica reconocer errores. La música, en cambio, le permite conectar con otros sin necesidad de convertirse en un personaje. Le gusta pensar que puede llevar a la gente por un recorrido a través de las canciones, provocar que bailen y construir una noche que recuerden después. “No hay nada que me guste más que hacer a la gente bailar”, dice. Y enseguida aclara que probablemente él sea quien más disfruta cuando está tocando.

Suéter, MAISON MARIA; pantalón, ALL SAINTS; botas, THORO 650; guantes y cinturón, COS; collar Clash de Cartier, Brazaletes Juste un Clou y Clash de Cartier, anillo LOVE Unlimited de Cartier, todos de CARTIER.

Durante años sintió que debía elegir. Si tocaba en demasiadas fiestas, había cierta preocupación de que la gente comenzara a verlo más como DJ que como actor. Y cuando empezó a trabajar más en actuación, apareció lo opuesto: que dentro de la música no se le tomara lo suficientemente en serio, una preocupación común que pocas veces nos detenemos a cuestionar. Aprendemos a responder qué queremos ser, como si la respuesta tuviera que ser definitiva; elegimos una carrera, construimos una profesión, pero ¿qué sucede con todo lo demás que también nos interesa?

Maruri tardó en dejar de preocuparse por cómo lo percibían los otros. Conforme avanzaba su carrera, llegó un momento en el que se dio cuenta de que no podía controlar lo que la gente pensara de él y, en realidad, tampoco quería hacerlo. Eso no significa que crea que es posible dedicarse a todo con la misma intensidad. De hecho, reconoce que hubo una etapa en la que intentó abarcar tanto que comenzó a sentir que hacía muchas cosas, pero no necesariamente les dedicaba el tiempo suficiente. Ahora lo ve diferente.

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La actuación sigue siendo su prioridad y sabe que, si quiere crecer profesionalmente, necesita dedicarle tiempo y energía. Cuando está grabando una serie, procura enfocarse en eso. Después, cuando tiene algunas semanas libres, puede tocar en más fiestas o trabajar en una colección de ropa. No ha renunciado a ninguna de sus pasiones; simplemente, ha aprendido que no todas necesitan ocupar el mismo lugar al mismo tiempo. “Es importante enfocarte en algo sin tener que soltar lo otro; darle a cada cosa el tiempo que necesita”, explica.

En México, esa manera de trabajar ha comenzado a rendir frutos. Después de desarrollar parte de su carrera fuera del país, Maruri siente que poco a poco ha encontrado un lugar dentro de la industria. Uno de sus proyectos recientes, relacionado con la historia de Timbiriche, le hizo notar una coincidencia especial. Su personaje llega a integrarse a una banda y debe encontrar su espacio dentro de un grupo que ya tiene su propia historia. Algo parecido ocurre en su experiencia personal: él también llegó a México con la intención de formar parte de una industria que, hasta hace no mucho, observaba desde fuera. Le gusta encontrar esos paralelismos entre la ficción y su propia vida. Le recuerdan que, incluso cuando interpreta a alguien más, hay experiencias personales que terminan apareciendo en su trabajo.

Pero no todos los cambios importantes de los últimos años han ocurrido frente a una cámara. Cuando le pregunto si hay alguna faceta que todavía no haya explorado y que le gustaría desarrollar, espero que mencione otra disciplina creativa. Tal vez dirigir, producir música o llevar más lejos sus proyectos de moda. En cambio, me habla de Cora, su sobrina. No hace mucho se convirtió en tío y padrino de Cora, la hija de su hermana, y parece genuinamente emocionado con esta nueva etapa. No es algo que tenga especial interés en compartir públicamente; al contrario, prefiere vivirlo de una manera privada.

Look total, DOLCE&GABBANA; collar LOVE de Cartier, CARTIER.

Su llegada también coincidió con un momento en el que comenzó a pensar de manera distinta sobre su edad. Cumplir 30, dice, le permitió ser consciente de que ciertas cosas estaban cambiando. Durante mucho tiempo se imaginó como alguien que permanecería en una especie de adolescencia interminable, siempre dispuesto a salir, quedarse despierto hasta el amanecer y dejar que los planes surgieran sobre la marcha.

Ahora le gusta la idea de tener otras responsabilidades. Quiere ser un buen ejemplo para Cora, estar presente y encontrar un equilibrio entre la vida que siempre ha disfrutado y esta nueva versión de sí mismo. Eso no quiere decir que haya dejado de salir hasta las seis de la mañana. Entre risas, admite que probablemente vuelva a hacerlo, solo que quizá ya no todos los fines de semana.

Hay algo entrañable en escucharlo hablar de esta etapa. Sobre todo porque, después de una conversación dedicada a las distintas formas de expresión que ha explorado, la faceta que más curiosidad le provoca en este momento no tiene que ver con el público ni con su carrera. Familia y amigos son dos palabras que aparecen de forma recurrente en la conversación. Y al hablar de sus miedos reconoce que no es alguien que se paralice fácilmente, pero sí alguien a quien le cuesta tomar decisiones. Es ahí donde de nuevo conecta con su red de apoyo. Cuenta que antes de tomar una decisión puede llamar hasta a 15 personas; le gusta escuchar diferentes perspectivas y reconoce que no es demasiado orgulloso cuando se trata de recibir consejos.

Y si de temores hablamos, el teatro, por ejemplo, lo ha enfrentado a momentos de incertidumbre, pero en lugar de intentar eliminar esa sensación, ha aprendido a interpretarla como una señal de que está frente a algo que lo reta.

Camisa y pantalón, BOYFRIEND'S SHIRT; botas, THORO 650; cinturón, COS; lentes, BOTTEGA VENETA en Colima 112; anillo LOVE Unlimited de Cartier, pulseras Clash y LOVE de Cartier, reloj Roadster de Cartier, todos de CARTIER.

Encontramos un punto en común: las experiencias que más nos transforman comienzan precisamente cuando no sabemos del todo qué va a pasar. Y aunque Maruri ha construido buena parte de su vida alrededor de esa curiosidad, también tiene muy claro dónde se siente más estable. ¿Qué cosas le acercan a sí mismo fuera del trabajo y de todo lo creativo? La respuesta nos lleva hasta Ecuador. Habla de llegar a Guayaquil, a la casa de su abuela, ver a sus primos, su hermana y su sobrina. La casa se llena de gente y todo está exactamente donde debe estar. Entre transformarse, experimentar y descubrir nuevas facetas, su versión más reconocible está en una escena cotidiana. Ahí donde su identidad nunca ha sentido la necesidad de cambiar.

Hacia el final de nuestra conversación le pregunto qué pensaría el Edu de hace diez años si pudiera verlo ahora: “Estaría muy orgulloso, aunque probablemente no demasiado sorprendido por sus intereses”. A los 21 años ya tocaba música en fiestas de la universidad, le gustaba experimentar con la ropa y estudiaba actuación. “Hace diez años tenía mucha incertidumbre de si lo iba a lograr. Y ahora quiero estar presente, disfrutar y no olvidarme de que ya estoy viviendo el sueño. Lo que está pasando ya es el sueño”, concluye.

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