Eléonore de Boysson


Directora General


El Palacio de Hierro


Creatividad más innovación, menos miedo

Eléonore de Boysson dejó Francia para asumir su primer cargo en México, donde busca convertir El Palacio de Hierro en un referente global con identidad local.

Foto: Anylú Hinojosa-Peña

POR: Mara Echeverría

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léonore de Boysson decidió mudarse a México y no lo hizo por impulso. Para la CEO de El Palacio de Hierro, fue una decisión medida, racional y coherente con una constante en su carrera. Debía considerar nuevas costumbres y un nuevo idioma, un desafío que tomó sin titubear.

El cambio fue radical. La ejecutiva había forjado su trayectoria en el grupo LVMH, donde dirigió desde Francia las operaciones en Europa y Medio Oriente por más de una década. Con una trayectoria global en el conglomerado, decidió aceptar su primer empleo en México como la líder de la cadena departamental.

Tomar la decisión no fue tan complicado. México le resultaba un mercado familiar, pues visitó el país durante más de una década y abrió puntos de venta de la marca Luis Vuitton en tiendas de El Palacio de Hierro. Sabía que la cadena tiene una posición entre los consumidores de lujo en el país y también detectó la oportunidad de convertir esta base sólida en un referente internacional.

“Conocía bien El Palacio de Hierro y sabía que era una empresa muy buena e interesante, con una posición única en el mercado mexicano”, dice De Boysson, quien se convirtió en la primera mujer fuera de la línea familiar en dirigir la cadena propiedad de los Baillères, que cuenta con 15 tiendas, así como dos La Boutique Palacio, dos Casa Palacio, dos outlets y 149 boutiques independientes de marcas en exclusiva.

El primer contacto de la directiva para ofrecerle el cargo fue con un headhunter en diciembre de 2024, dentro de las oficinas de la empresa en el llamado El Palacio de los Palacios, que se encuentra en Polanco, en la Ciudad de México. Para mayo de 2025, el anuncio se hizo oficial. “Era un buen momento para tener una experiencia fuera de Francia”, declara.

De Boysson encontró en El Palacio de Hierro no solo su primer empleo en México, sino un desafío que la movió de su zona de confort. Y tiene un objetivo claro: transformar una institución del retail mexicano con estándares globales sin perder su identidad local, pues la compañía se mantiene sólida con ingresos por 40,392 millones de pesos entre enero y septiembre de 2025, el último dato disponible.

Del lado personal, con cinco hijos, cuatro de ellos independientes y una en casa, era el momento justo para De Boysson, pues tenía la inquietud de vivir y trabajar fuera de Francia, su país natal. “Hay etapas en la vida donde quieres cambiar”, afirma. La decisión también responde a la lógica que ha marcado su carrera, con un sello basado en la búsqueda de entornos retadores y culturalmente distintos en los que pueda construir una transformación de largo plazo.

Al llegar entonces a El Palacio de Hierro, el primer desafío no fue estratégico, sino lingüístico. Desde su primer día decidió mantener sus encuentros con el personal en español, algo que consideró clave para integrarse con rapidez. “Desde mi primer día he hablado español y era una posición difícil y vulnerable, porque no lo hablo muy bien. Los primeros dos meses fueron muy difíciles porque había que aprender todo de la empresa, en un idioma que para mí era complicado de entender. Aprender un nuevo idioma a mi edad es un gran reto, la verdad”, reconoce la directiva.

Esencia que se construye

Desde su llegada, De Boysson ha marcado una diferencia en el estilo de liderazgo, con un enfoque más cercano y colaborativo, al romper las barreras del idioma. Y este gesto también revela su objetivo de modernizar la idea de lujo en México, para llevarlo del concepto de exclusividad rígida hacia una experiencia emocional que haga match con las nuevas generaciones, lo que, considera, derivará en mantener la relevancia de la marca.

Este momento de diseñar y desplegar la transformación de la cadena para ubicarla como un referente internacional a partir de la experiencia es, para la ejecutiva, el resultado de un proceso, lo que marca una diferencia con líderes que identifican un momento decisivo en su trayectoria. “No hay un momento clave. Una carrera se construye poco a poco, porque crecen las experiencias y también las capacidades de liderazgo. No es un evento, es un camino”, afirma.

De hecho, su estilo liderazgo en organizaciones como LVMH fue el resultado de experiencias acumuladas en contextos multiculturales con su trabajo con equipos en Japón, China, Estados Unidos, Europa y Asia, un entorno de diversidad cultural. Para la directiva, adaptarse dejó de ser una habilidad blanda para convertirse en una competencia estratégica. “Con una cultura americana y asiática muy diferentes, tenía que alinearme a ellas, y esto es un reto muy interesante porque creció muchísimo mi capacidad de adaptarme”, añade la CEO.

De Boysson también revela que, durante sus primeros años de líder, aprendió una lección que hoy guía su gestión: no es necesario tener todas las respuestas, pero sí debe ser capaz de dejar huella en las personas. “Me gusta desarrollar equipos, ayudar a que alcancen su mejor potencial”, declara.

Su aspiración es que, justo quienes trabajen con ella, se sientan inspirados y parte de un proyecto común, lo que resulta fundamental en una empresa que cuenta con alrededor de 10,000 empleados.

Una de las claves de su desarrollo profesional es no tomar decisiones con miedo. Su fórmula, por el contrario, combina creatividad e innovación con disciplina. En su trayectoria aprendió que intuición y racionalidad pueden convivir, pero el miedo no debe intervenir. “El miedo es una emoción y no tomo decisiones desde la emoción. Desde la intuición, sí”, apunta.

También, dice, hay espacio para la integridad. “Si haces algo que no te gusta, no lo harás bien”. Eso la llevó incluso a rechazar promociones en etapas tempranas de su carrera cuando no se alineaban con su interés creativo y estratégico.

La directiva recuerda que durante su labor en Eurodisney, cuando tenía 24 años, declinó una promoción a una posición de liderazgo tradicional porque no le entusiasmaba. En cambio, creó su camino y propuso dirigir el desarrollo estratégico del resort, en una plaza que integraba cifras, arquitectura, diseño y visión de largo plazo. Su vocación no era solo ejecutar planes, sino diseñarlos.

En un entorno en el que las mujeres rompen las barreras del liderazgo, De Boysson rechaza la narrativa del sacrificio total. Considera no haber realizado renuncias durante su desarrollo profesional, aunque reconoce que ha requerido organización y energía. Su secreto: aprendió a separar con claridad los espacios entre su oficina y lo personal, en el primero, la concentración es total, y en casa, el trabajo no existe.

Hacia el futuro, De Boysson reconoce que ofrecería un consejo a su versión joven: “Confiar en mí misma, ser leal y auténtica y, muy importante, escuchar a los equipos y rodearme de personas talentosas, aunque lo importante es siempre hacer el trabajo que te gusta, y para eso hay que descubrir lo que te gusta hacer”.