Gabriela María Garza San Miguel


Consejera independiente


ALSEA


Un asiento en la mesa de los mayores

Su curiosidad y su seguridad han guiado una carrera que ha experimentado cambios de giro, pero que han llevado a Gabriela Garza a donde quiere estar.

Foto: Anylú Hinojosa-Peña

POR: Diana Zavala

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enía 15 años cuando su padre, uno de sus modelos a seguir, la invitó a su primera junta. Gabriela Garza San Miguel llegó con la intención de escuchar, pero después de varias reuniones, se animó a hablar. Y descubrió algo que cambiaría su forma de entender el mundo: su palabra tenía valor.

Las personas a su alrededor le ponían atención y comprendió que lo que decía tenía repercusiones y que sus sugerencias eran atendidas. Pero también que, cuando se equivocaba, el mundo no se acababa y aprendía cómo mejorar. Esa forma de estar en el mundo y su personalidad no la han guiado solo en lo personal, sino que también han sido reconocidas por los demás.

“Tú eres como esa niña chiquita que en las cenas de Navidad tiene su mesa con los niños, pero te quieres sentar con los adultos”, le dijo hace una década un director de McKinsey, donde trabajó como analista y consultora, haciéndole ver su curiosidad constante, en una retroalimentación. El comentario no la ofendió, al contrario, le hizo ver uno más de sus atributos.

“Fue bastante atinado. A mí siempre me ha gustado tener otro tipo de pláticas. Me ha gustado ser parte de la conversación y salir un poquito de esa zona de confort”, dice Garza San Miguel.

Esa curiosidad temprana la llevó a una trayectoria que rompe con los caminos tradicionales. Hoy, con 35 años, forma parte del consejo de administración de Alsea, dirige un family office, asesora a la start-up Ximple y participa en el consejo del Monterrey Digital Hub. Su llegada a estas mesas directivas no siguió una línea recta, pero sí una misma filosofía: constancia, confianza y tomar las desviaciones del camino como oportunidades.

Su carrera inició estudiando ingeniería química en el Tecnológico de Monterrey, pasó por un intercambio en Australia y terminó graduándose como ingeniera ambiental en Dallas. Por ello, su primer trabajo fue en Trinity Consultants, una firma de consultoría ambiental.

Aunque disfrutaba el trabajo, se dio cuenta de que lo suyo no eran los temas medioambientales, sino la consultoría, así que lo dejó para dedicarse de lleno a ello. Esta, dice, pudo haber sido su primera decisión riesgosa, pero con la mirada siempre adelante, lo vio como una manera de labrar su camino. “De pronto, va a haber paradas que piensas que son un obstáculo, pero, en realidad, es una puerta que te lleva a otro caminito. Siempre tener esa visión y esa creatividad para ver todo como una oportunidad es lo que te lleva lejos”, cuenta.

Así llegó a McKinsey, donde trabajó cinco años como consultora en retail y consumo. Pero entonces vino otra decisión que redefinió su futuro y le dio experiencia financiera: enfocarse en el family office de su familia. Ahí, de nuevo, vio una puerta hacia adelante. Como lo ha hecho a lo largo de su carrera, una vez que domina algo, busca el siguiente reto.

“Siempre que estás haciendo algo, al principio puede parecer novedoso o retador, pero, eventualmente, se volverá algo en lo que ya estás cómoda. Y ahí tienes que salir y buscar algo distinto que realmente sea un reto. Siempre estar en movimiento constante”, explica. Su forma de ver la vida tiene una frase favorita: “Si lo que quieres no te asusta, no es suficientemente grande”.

Su experiencia en la consultora le dejó un buen sabor de boca, por lo que continúo de manera externa y, en 2018, realizó la primera edición del estudio Women Matter México, que analiza el papel de la mujer en las empresas y uno de los más consultados para analizar los avances y los retos en materia de equidad de género.

Este proyecto cambió su forma de ver el mundo corporativo. Garza San Miguel acababa de tener a su primera hija y quería que encontrara una realidad más equitativa. El estudio documentó cómo las mujeres enfrentan barreras desde que ingresan al mundo laboral, que se intensifican cuando forman una familia. En 2022 participó en la segunda edición, centrada en el impacto del covid-19. Ahora, junto con dos de sus coautores, lanza la fundación Equipar para seguir investigando estas barreras y trabajar con consejos de administración y directores generales.

Su consejo, por ello, es directo: alza la voz. “Si acabas de tener a tu primer hijo y necesitas algún tipo de apoyo mientras estás regresando, háblalo”, dice. Hablar en el momento correcto puede hacer la diferencia entre quedarse o salir de la fuerza laboral.

Consejos diversos

En un consejo de administración donde el imaginario colectivo dibuja a hombres mayores, Garza San Miguel ve en la diversidad de perspectivas y perfiles una ventaja. Su llegada a Alsea fue producto de su trayectoria profesional. El networking jugó un papel, también los headhunters. Pero lo que abrió las puertas fue una reputación construida a lo largo de años.

“Creo que tener esta diversidad de perspectivas, desde un punto de vista de género, desde un punto de vista racial, desde un punto de vista de edad, es beneficioso para el consejo. Y luego está la otra parte, que es qué estoy aportando yo a este consejo desde un punto de vista de expertise. Es muy importante venir preparada”, menciona antes de agregar que las mujeres suelen prepararse más.

Es partidaria de la meritocracia, pero tiene algo claro: el punto de partida no es el mismo para todas las personas.

La competencia de Garza San Miguel siempre ha sido consigo misma. Esa forma de pensar la llevó a trabajar largas jornadas en sus primeros empleos. Sus evaluaciones en McKinsey y Trinity Consultants coincidían: todo bien, pero había miedo de que sufriera burnout. Las motivaciones cambiaron con el tiempo. Hoy, su motor son sus dos hijas. “Por ellas y para ellas me levanto todos los días”, asegura.

Garza San Miguel no llegó en línea recta. Lo hizo tomando curvas, que la llevaron exactamente a donde está hoy: sentada en las mesas donde quería estar desde los 15 años.