Jimena González de Cossío trabaja en el campo legal, financiero y de la gobernanza para diseñar estructuras que den certidumbre, alineen intereses y sostengan el crecimiento de las empresas.
Foto: Anylú Hinojosa-Peña
POR: Rosalía Lara
imena González de Cossío vive en la intersección entre lo legal, lo financiero y lo humano, una posición estratégica en un momento en el que las empresas enfrentan una creciente exigencia en términos de gobernanza.
Como socia desde hace cinco años del área corporativo-transaccional de Chevez Ruiz Zamarripa, define su rol como un ejercicio de doble vía. Por un lado, la asesoría a empresas en procesos de fusiones y adquisiciones, y financiamientos estructurados; por el otro, las ayuda a fortalecer su gobierno corporativo.
Su llegada a la firma fue una entrada lateral tras una carrera en Ernst & Young, donde también fue socia del área legal. Su vocación por el derecho nació de su gusto por la historia y lo social, y se transformó en una pasión cuando comenzó a trabajar desde el segundo semestre de la carrera.
Desde sus primeros años se especializó en derecho corporativo, fusiones y adquisiciones y derecho financiero. Más adelante, una maestría en Derecho Bancario y Financiero en la Boston University profundizó el enfoque legal como un reflejo directo de la lógica económica de los negocios. “Son operaciones de gran tensión, en las que convergen intereses contrapuestos y donde el manejo de las personas es tan relevante como el diseño legal”, asegura González de Cossío.
El reto, dice, es estructurar operaciones que ofrezcan seguridad jurídica a los fondeadores y, al mismo tiempo, permitan a las empresas acceder a capital de forma ágil. Para lograrlo se debe apoyar en un activo que ella considera escaso y valioso: la confianza institucional y, para construirla, se requieren buenas relaciones corporativas e identificación temprana de riesgos.
“En esos procesos ves que toda la parte de diseño legal tiene una conexión muy íntima con las estructuras de negocios, con el tema del capital, con la asignación de recursos. Creo que esa es la parte más interesante de mi trabajo, cómo diseñamos estructuras que sostengan un negocio hacia el futuro y se alineen con los objetivos de todos los grupos de interés, de todas las personas”, comenta.
Eso es todo un desafío en un país donde, de acuerdo con datos del INEGI, alrededor del 90% de las empresas son familiares, pero ahí es donde la gobernanza se convierte en un mecanismo para alinear esos objetivos. “La vida está llena de problemas y las empresas y las familias los tendrán. Lo importante es minimizarlos con mecanismos para solucionarlos”, apunta.
Así, su trabajo con empresas familiares se mueve entre el plano técnico, enfocado en la incorporación de buenas prácticas de gobierno corporativo que funcionen a nivel operativo y de mercado; y el humano, orientado a reconocer la complejidad de las relaciones familiares.
“Cuando las empresas entienden cuáles son los principales retos y cómo se pueden solucionar, el nivel de estrés baja muchísimo”, explica. “Ahí, la gobernanza deja de ser un requisito formal para convertirse en una ventaja competitiva”.
Esa visión se extiende también a su trabajo en consejos de administración. Desde 2020, forma parte de varios, entre ellos, el de Cox Energy y el de Park Life, el más reciente fideicomiso de inversión en bienes raíces (Fibra) que se listará en la bolsa.
Su entrada a los consejos fue fruto de años de carrera ayudando a las empresas con sus estructuras, de construir relaciones y redes de mentores, colegas y clientes que la han apoyado en su carrera, tanto en los éxitos, como en los momentos difíciles. “Probablemente, ya estaba siendo una consejera desde afuera, y agradezco a las personas que me invitaron porque vieron el valor que tenía al estar adentro y hacer las preguntas que incomodan hoy para evitar las crisis que destruyen mañana”, dice.
Para ella, estar en el consejo de una empresa cambia la perspectiva, al tener acceso a la operación completa, a los retos financieros y a las decisiones humanas detrás de cada estrategia. Por eso, asegura, ha aprendido mucho de esa visión integral. “No estoy ahí solo para opinar sobre derecho, sino para contribuir y ayudar a construir decisiones de negocio más fuertes, defendibles y sostenibles en el largo plazo”, asegura.
Además de la operación del día a día, González de Cossío también trabaja en el desarrollo de talento. Dentro de Chevez Ruiz Zamarripa, tiene a su cargo el desarrollo y crecimiento del equipo de asociados, seniors y pasantes, además de participar en los programas de inclusión y desarrollo de mujeres en la firma.
No se trata solo de que lleguen a ser socias, sino de crear un entorno que les permita su trascendencia en todos los aspectos, como profesionistas líderes, pero también como personas plenas. Que no tengan que elegir, dice la abogada, entre su ambición y su vida personal, especialmente, en una profesión que es muy demandante, altamente competitiva y donde a pesar de que el 39% de las personas abogadas son mujeres en México, solo el 17% llega a puestos directivos, de acuerdo con la International Bar Association.
La clave para navegar en ese entorno, dice, es la consistencia, la determinación y la calidad profesional. “Hay que conocer el mercado al que te enfrentas, entender las reglas no escritas y anticiparnos a la resistencia con asertividad. No es un tema de pelea, pero cuando actuamos asertivamente, cambiamos la cultura”, afirma.
Su labor también se refleja en su trabajo en la fundación La Cana, que se dedica a generar oportunidades económicas y legales para mujeres privadas de la libertad. Ahí también forma parte del consejo, al que fue invitada por una de sus fundadoras, a quien conoció como pasante.
Ya sea en un consejo de administración o en una fundación, su enfoque es el mismo: construir instituciones que trasciendan a las personas, que ordenen voluntades y recursos, y que sean sostenibles en el tiempo. Así, dice, su legado será doble: “Los deals que cerré y las puertas que abrí”.