Mariana Castillo pensaba que iba a ser una funcionaria de alto nivel. Pero descubrió que lo suyo era generar impacto a través de su propia empresa.
Foto: Anylú Hinojosa-Peña
POR: Puri Lucena
a madre de Mariana Castillo todavía le reclama el giro que dio a su carrera. Cuando la empresaria estudiaba Economía, se veía en una posición en gobierno, tal vez, como secretaria de Hacienda. Y así enfocó su camino: servicio social en la Secretaría de Economía, tres años de trabajo en Banxico. Su objetivo siempre fue generar un impacto positivo para el país y, con esa idea, regresó a México, donde no vivía entonces, para estudiar la carrera.
“Mi madre dice que la engañé”, bromea. “Pero me di cuenta de que el impacto que yo estaba teniendo era muy distinto al que esa Mariana de 18 años pensaba. Que mi trabajo en el Banco de México no me iba a llevar a tener ese impacto”, agrega sobre la convicción que ha guiado sus decisiones. “Mi personalidad no iba a cuadrar bien con que la toma de decisiones fuera más política que con fundamentos”.
Con el objetivo de cambiar de giro, inició un MBA en la Escuela de Negocios Chicago Booth. Allí se convirtió en emprendedora, junto con Eduardo Paulsen, Benigno Pérez y María José Madero. Diez años después, Ben & Frank, su empresa, es una de las principales cadenas de ópticas del país, con 200 tiendas en México, 10 en Chile y 14 en Colombia, después de haber nacido con un modelo de ventas digitales. También, se ha convertido en un referente para muchas emprendedoras.
Castillo reconoce que no le gusta tanto estar en el centro de atención, pero también la importancia de la visibilidad. “Porque veo cómo las mujeres no se animan a dar este paso, lo ven difícil. Y lo relaciono mucho a que no ven ejemplos. Entonces, me trago un poquito eso y me expongo un poquito más porque quiero que vean que sí se puede”, explica. “Y no digo que sea fácil y hay un montón de factores que a mí me han ayudado, que tienen que ver muchísimo con el privilegio y otras cosas, pero sí creo que hay mucho valor en esta exposición”.
En estos 10 años, Castillo se ha convertido en un referente en el ecosistema emprendedor y de negocios. Y con el crecimiento de la empresa, también lo hizo su rol, que inició como co-CEO junto con Paulsen, hasta que hace un año asumió la presidencia de la compañía. La necesidad de dejar poco a poco la operación para irse más a lo estratégico la llevó a darse cuenta de que quería dar un paso al lado para enfocarse en otro tipo de proyectos y menos en el día a día. Seguía amando lo que hacía, pero su perfil era más de ideas tempranas, de curiosidad, de encontrar soluciones a problemas complejos.
Con todo y ese convencimiento, reconoce que la decisión no fue fácil desde el lado emocional y se planteaba cómo podría agregar valor si no era en la dirección general. Ahora, señala que se encuentra en ese ínter de encontrar el valor correcto entre cuánto involucrarse o no para dar espacio a que los equipos crezcan solos.
Ben & Frank nació en 2015, un momento en el que empezaban a aumentar los fondos de venture capital en México, aunque con inversiones aún pequeñas. En un ecosistema que a veces sacrifica rentabilidad por crecimiento acelerado, la empresa ya tenía números negros en 2018. Sus fundadores estaban convencidos de que no podían tener pérdidas por mucho tiempo. “Empezamos con esta filosofía, pero también hiperparanoicos de que no estábamos inventando el hilo negro y nos teníamos que mover rápido y posicionarnos como marca”.
Sus decisiones siempre se guiaron por los datos. Y ser rentables les permitió controlar su destino. “Siempre que levantamos capital era porque queríamos seguir creciendo rápido, pero nunca a costa de sacrificar los unit economics”.
Esta forma de construir su negocio se aleja de la filosofía del unicornio que eclosionó tras la pandemia, con el furor del capital. A los fundadores de Ben & Frank les animaban a levantar rondas y abrir mercados como Brasil, a incrementar su valuación. Pero tenían claro que querían un negocio que fuera sostenible, más allá del calificativo de unicornio. “Las historias de éxito que más inspiran son estas extraordinarias. Un David Vélez, de Nubank… Y en ese contexto, el tener grandes unicornios, tener empresas que hagan IPO, sí me parece superimportante”, explica. “Si ves la bolsa de Estados Unidos, las 20 empresas con más market cap, todas son nuevas, de los últimos 25 años. Volteas a ver a la mexicana y, de entrada, tienes 30 empresas que cotizan, pero muy poquitas son nuevas y en el top 10 no hay ninguna”.
Castillo está convencida de que su rol es compartir su experiencia y eso la ha llevado a ser consejera de otras empresas, de las que también aprende. Hoy, lo es de Cervecería Colima, Plenna (una start-up enfocada en salud femenina) y del fondo de deuda Anteris Capital. “Yo les digo que estoy aquí por el tiempo que les agregue valor. El día que haya una persona que agregue más valor que yo, a mí me corres de tu consejo. Y yo, feliz porque significa que estás en otra etapa en la que yo no te puedo ayudar”.
La empresaria, que también es mentora en Endeavor, señala que siempre ha crecido con una visión “ultrafeminista” que busca cómo traducir a sus hijos, pero también al ecosistema emprendedor, en el que ve un camino lento en la última década, con avances que van por detrás, incluso, de las cifras que reflejan el número de mujeres en la alta dirección en el mundo corporativo. “Me sorprende que hoy recibo menos solicitudes de mentorías de las que me llegaban hace cinco años, cuando tenía dos o tres correos a la semana de gente que no conocía pidiéndome una llamada”, dice.
Aunque hay excepciones, Castillo considera que el ecosistema sigue siendo de techbros y cree que la situación puede ir a peor si las carreras STEM continúan con mayor porcentaje de hombres. “Y hoy, los emprendimientos como el nuestro, más del mundo real con un componente de tecnología, son menos fondeados porque los fondos están mucho más hacia tech, tech, tech”.
Una década después de iniciar su compañía, la empresaria no se arrepiente del desvío que tomó su carrera. Cada día satisface su necesidad de crear impacto y especialmente ve claros dos. Por un lado, facilitar el acceso a “lentes padres” a un precio razonable; por otro, ser una empresaria responsable. Hoy, alrededor de 1,500 personas trabajan en Ben & Frank. Aunque también reconoce que la responsabilidad a veces le roba horas de sueño.
Su otro impacto, asegura, es más difícil de medir: cómo logra visibilizar que se puede ser emprendedora mujer en un negocio que levanta capital. “Ahí aún me falta medir el impacto, es algo por lo que me sigo preocupando e inquietando cuando veo ecosistemas todavía predominantemente masculinos. Creo que está en mi ‘debe’, pero es algo que sigo trabajando, porque creo que es bien importante hacia adelante”.