Marlene Garayzar es la primera mujer mexicana en fundar un unicornio con Stori, fintech enfocada en ampliar el acceso al crédito en México.
Foto: Anylú Hinojosa-Peña
POR: Eréndira Reyes
l crecimiento profesional, para Marlene Garayzar, no es un salto, sino una acumulación. Cada nivel se desbloquea con resultados, pero también con visibilidad. “A medida que vas demostrando que entregas lo que se espera, se te van abriendo niveles. Puedes estar dando impacto, pero nadie se entera. Tienes que hacer una labor también de comunicar lo que haces”, advierte la emprendedora, quien señala la relevancia de aprender a comunicar en el mundo corporativo.
La cofundadora y Chief Governance Officer (CGO) de Stori, fintech que alcanzó el estatus de unicornio en 2022, cuatro años después de su fundación, ha sabido visibilizar ese impacto. Con una trayectoria de más de 15 años en el sector financiero, Garayzar se asoció con un equipo internacional de expertos en crédito y tecnología para lanzar en 2018 una empresa que tratara, desde su origen, de resolver un problema estructural en el país, la falta de inclusión financiera. Así se convirtió en la primera mujer mexicana en fundar un unicornio.
El rezago en el acceso al crédito en México es un problema de fondo. La Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (Ensafi) señala que más de la mitad de la población adulta no cuenta con un producto financiero formal y una proporción aún mayor carece de historial crediticio. Esta brecha no solo limita el acceso al financiamiento, sino la posibilidad de integrarse a la economía formal, un vacío que ha empujado al sector fintech.
En este entorno, el modelo de Stori, que usa la tecnología para otorgar crédito a personas sin historial financiero, le permitió crecer rápidamente y posicionarse como un actor relevante del ecosistema y hoy cuenta con cuatro millones de clientes, según datos de la compañía.
El país es uno de los mercados más dinámicos de América Latina en número de start-ups financieras, con un enfoque particular en crédito. De acuerdo con la asociación fintech México, hasta febrero de 2025 había cerca de 1,000 empresas fintech con operaciones en el país.
Competidores como Nu, Klar, Ualá o los propios bancos tradicionales intensificaron su apuesta por el crédito digital, en una carrera por captar a los millones de usuarios sin historial financiero. En ese contexto, diferenciarse es vital y no depende solo de la tecnología, sino de la capacidad de evaluar riesgos, escalar operaciones y mantener la rentabilidad.
Ante esta competencia, las fintech han tenido que desarrollar modelos propios de evaluación basados en datos alternativos y comportamiento digital, en un sistema en el que el incumplimiento puede afectar la sostenibilidad del negocio. El crecimiento, por lo tanto, no es solo una cuestión de expansión, sino de balance entre inclusión y viabilidad financiera.
Para Garayzar, el objetivo va más allá del negocio, pues se trata de “usar la tecnología para ayudar a la gente” y construir productos accesibles que permitan a millones de personas integrarse al sistema financiero, demostrando que es posible combinar rentabilidad con impacto social. Esa lógica también define su forma de liderar.
La empresaria, que desde hace un año preside la Asociación Mexicana de Sociedades Financieras Populares (AMSOFIPO), piensa en escenarios, en variables que cambian y en la necesidad de moverse con ellas. “Es muy rara la ocasión en la que solamente hay una salida para llegar a un lugar u objetivo”, explica.
Por eso, más que insistir en una idea, prefiere reformularla, volver a intentar desde otro ángulo, recalibrar. Esa manera de pensar se traduce también en cómo entiende el poder. Para ella, no es un punto de llegada sino una consecuencia de los resultados. “Cuando te das cuenta de que no tienes que pedir permiso, es porque ya te ganaste tu lugar”. La transformación a escala de liderazgo es que hoy esos “permisos” vienen de inversionistas y accionistas, de la responsabilidad de responder a quienes confiaron en su visión.
Garayzar no romantiza el ascenso profesional ni el mundo corporativo. Insiste en que la complejidad aumenta con cada paso que ha recorrido desde Stori. “No deberíamos decirle a las mujeres que a medida que crecen profesionalmente las cosas se ponen sencillas”, sostiene. El avance implica más decisiones, más presión y, en muchos casos, una carga doble. Como cofundadora, la ejecutiva ha enfrentado este tipo de decisiones que no suelen celebrarse en los perfiles, como cambios de cultura, redefiniciones estratégicas y proyectos que no funcionaron.
La construcción de Stori también ha sido un ejercicio constante de prueba y error. En un sector en el que la innovación es obligatoria, Garayzar ha aprendido a descartar con rapidez. “Probamos productos y si no funcionan, los dejas ir”. No hay apego a las ideas fallidas, sino una insistencia en el objetivo mayor, que en este caso es el core de la empresa que confundó, o sea, la inclusión financiera.
Ese enfoque pragmático convive con una visión más amplia del liderazgo. La empresaria evita exponer su vulnerabilidad en público, pero reconoce que la gestiona en espacios más íntimos. “No hay una sola persona con la que discuta temas todo el tiempo, tengo diferentes personas con las que hablo y dialogo sobre diferentes situaciones”, dice. Para ella, liderar también implica saber qué se comparte y qué se resguarda.
Pero, al mismo tiempo, reconoce el valor de rodearse de gente que cuestione, pues considera que la fricción de ideas, lejos de ser un obstáculo, es el motor que le permite evolucionar.
Esa apertura al cambio se vuelve clave en un entorno que describe como “multifactorial”. Las decisiones, insiste, ya no pueden tomarse en compartimentos aislados. Variables como el tipo de cambio, la regulación o el contexto político inciden directamente en el negocio. “Nada permanece constante en el tiempo”, apunta. La única constante es la necesidad de estar informada y anticipar escenarios.
Hacia adelante, su ambición no se limita al crecimiento de la empresa, ya que habla de representación, de visibilidad y de narrativa enfocada especialmente a jóvenes ejecutivas que inician su carrera, por ello cree que los reconocimientos importan, pero solo si cuentan una historia completa. “No siempre estuve aquí”, dice Garayzar, como una idea que le gustaría transmitir a otras mujeres, pues mostrar el punto de partida es igual de valioso que el resultado.
En ese trayecto, Garayzar vuelve siempre al mismo principio de elegir con cuidado dónde poner la energía. Porque en el mundo de los negocios, y en la vida, no se trata de ganar todas las batallas, sino de reconocer cuáles realmente merecen la pena luchar.