Tania Rabasa


Presidenta en México, directora ejecutiva de Sostenibilidad y VP de asuntos corporativos


Orbia


DONDE SE TOMAN LAS DECISIONES DE IMPACTO

Tania Rabasa Kovacs, presidenta de Orbia México, siempre ha buscado un sitio, más allá del organigrama, para dejar huella a largo plazo.

Foto: Anylú Hinojosa-Peña

POR: Selene Ramírez

E

l poder corporativo se interpretó durante años como un camino homogéneo en el que se asciende, se acumulan títulos y se ocupan diferentes posiciones. Pero en entornos cada vez más complejos, esa lógica se queda corta y para Tania Rabasa Kovacs, presidenta para México y directora ejecutiva de Sostenibilidad de Orbia, este concepto no siempre fue cómodo. Así que, con el tiempo, lo fue resignificando hasta lograr separarlo de la jerarquía institucional y entenderlo como la capacidad de influir, de transformar conversaciones y de abrir espacios para que otras personas avancen. Y es desde esa definición que hoy puede reconocerse a sí misma como una mujer de poder.

Esa visión es inseparable de su propia trayectoria. Rabasa no creció persiguiendo un puesto en específico ni imaginándose solo dentro de un organigrama; lo que sí tuvo presente fue una curiosidad persistente por entender cómo se toman las decisiones. “Mi trayectoria no fue una línea recta, y tampoco crecí pensando en un puesto. Con el tiempo, entendí que quería estar donde se toman decisiones que realmente impactan a la sociedad y las generaciones futuras”, explica.

Antes de llegar a su posición actual, Rabasa transitó por el sector público en instituciones clave del país, como la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y su filial CFEnergía, así como Petróleos Mexicanos (Pemex) donde trabajó en áreas de estrategia y finanzas. Esa etapa le permitió conocer, de primera mano, cómo se toman las decisiones estructurales en México, cómo conviven la urgencia del corto plazo y las implicaciones hacia el futuro.

Después vino su paso por la consultoría privada, lo cual le dio la oportunidad de ampliar su mirada y modelar una visión integral.

Más allá del discurso

Desde la sostenibilidad, uno de sus puestos clave en la actualidad, Rabasa dejó atrás un concepto aspiracional o un discurso periférico para convertirlo en una convicción estratégica. “Entendí que la sostenibilidad no podía quedarse en una narrativa reputacional. Había que pasar del ‘es bueno tenerlo’ a ‘es crítico para la competitividad’”, enfatiza.

Del lado personal, la maternidad añadió otra capa a esa visión. Lejos de ser un elemento que margina, como asegura que muchas veces se percibe en términos laborales, transformó su manera de entender el impacto de las decisiones. “La conversación sobre sostenibilidad deja de ser abstracta”, explica. “Empiezas a pensar todo el tiempo en qué mundo le vas a heredar a tus hijos”.

El largo plazo también dejó de ser una consigna y se volvió un criterio cotidiano, una pregunta constante que atraviesa la forma en que defiende agendas y prioridades.

Desde su posición, Rabasa empuja una agenda que se traduce en resultados medibles. La compañía fue reconocida como una de las 15 emisoras de la Bolsa Mexicana de Valores con mayor participación de mujeres en consejos y posiciones gerenciales; además de haber obtenido un International CSR Excellence Award en 2024 por la campaña Time4Water, enfocada en promover el uso responsable del agua y la acción colectiva en comunidades y ecosistemas.

En paralelo, Orbia ha mantenido su presencia en índices internacionales, como el Dow Jones Sustainability Index. Un reflejo de una estrategia que busca que la sustentabilidad deje de ser una aspiración y se convierta en un criterio operativo.

Para Rabasa, estos avances dialogan directamente con su lectura del mundo laboral actual, en el que observa organizaciones atravesadas por exigencias económicas, sociales y ambientales crecientes y liderazgos que ya no pueden sostenerse únicamente desde la “autoridad formal”. En ese contexto, subraya la ejecutiva, el poder se ejerce desde la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, y la capacidad de alinear decisiones cotidianas con impactos que trascienden.

Ese aprendizaje no estuvo exento de errores. Uno de los más claros, reconoce, fue intentar encajar en modelos de liderazgo que no le pertenecían. “Sobre todo, en entornos más masculinos, sentir que el poder o la fuerza se tienen que ejercer de una u otra manera”, recuerda. Con el tiempo, entendió que esa adaptación forzada tenía un costo personal y profesional. “Cada una puede desarrollar su propio modelo de liderazgo y definir qué es el éxito”, afirma.

En su forma de trabajar, Rabasa rechaza la idea del liderazgo individual y aislado. Habla de trayectorias acompañadas, de equipos y de redes que sostienen el crecimiento. En su caso, ese acompañamiento se ha materializado en equipos diversos, en particular, de mujeres, con quienes comparte conversaciones exigentes, estándares altos y aprendizaje mutuo.

El disfrute del trabajo, aclara, no es algo inmóvil. Lo define como una montaña rusa en la que hay momentos de satisfacción profunda y otros de enorme presión. Lo que permite sostenerse en el tiempo son las convicciones claras y la coherencia. “Cuando el propósito es auténtico, cambia no solo la calidad de las decisiones que tomas, sino la manera en que vives tu trabajo”, señala.

Aunque Rabasa se reconoce profundamente apasionada por su labor, también es clara en que su identidad no se agota ahí. En lo cotidiano y lo afectivo, se nombra madre, hija, pareja y amiga; alguien que disfruta su vida, que se permite gozar la belleza y que mantiene una curiosidad constante por aprender.

Esta búsqueda de equilibrio también pasa por lo corporal. A Rabasa le gusta bailar tango, cumbia y salsa, y escuchar música que va desde lo clásico al jazz y el blues. Son espacios de disfrute que forman parte de su manera de habitar el mundo.

Hoy, Rabasa Kovacs se permite ocupar espacios que antes quizá habría transitado con mayor cautela. “Me permito ser más yo, en lo profesional y lo personal”, dice. Usar su voz de una manera más clara, sin necesidad de estridencia, pero con firmeza. Esa seguridad no nace del control ni del título, sino de la congruencia construída con el tiempo.

El trabajo —y, a veces, la vida—, como ella misma dice, no es fácil. Pero, en trayectorias que no siguen líneas rectas, la realización no está en llegar a un punto final, sino en la capacidad de crecer, influir y transformar a lo largo del camino.