La compañía trabaja para que sus proveedores estratégicos adopten compromisos y planes de acción para cerrar la brecha salarial hacia 2030.
Por: Luis Alberto Zanela
Para una compañía que vende productos de belleza en 150 países, el costo de una materia prima no termina en la factura de un proveedor. Detrás de un ingrediente, un envase o un servicio logístico hay personas cuya estabilidad laboral puede determinar la productividad, la calidad y hasta la continuidad del negocio. Esta lógica impulsó a L’Oréal a implementar el concepto de salario digno en su cadena de valor con la meta de que todos sus proveedores estratégicos lo adopten hacia 2030.
La iniciativa forma parte de L’Oréal por el Futuro, estrategia lanzada en 2020. “No se trata solo de cumplir con el salario mínimo legal, sino de entender cuáles son las condiciones reales de vida en cada país”, explica Araceli Becerril, directora de Responsabilidad Corporativa de la compañía en México. La empresa trabaja con organismos como la Red de Salarios Dignos, cuya metodología considera alimentación, vivienda, educación, atención médica, transporte e imprevistos, además de las necesidades familiares.
L’Oréal tiene miles de proveedores globales, pero alrededor de 400 son estratégicos. “El reto está en los sectores con cadenas de suministro más fragmentadas o localizadas en geografías con economías en desarrollo”, sostiene Becerril. “Como la agricultura de materias primas, es decir, la manteca de karité, el aceite de argán o ingredientes botánicos, y ciertos procesos de manufactura y empaque intensivos”.
Más de 50 proveedores estratégicos ya han firmado compromisos oficiales de cumplimiento y más de 115 han recibido asistencia técnica y capacitación para ajustar sus estructuras salariales.
La empresa busca que el incremento que pudiera representar el cierre de brechas salariales no se traduzca en mayores precios para el consumidor, pero tampoco en un deterioro de sus márgenes, por lo que apuesta por eficiencias operativas, innovación en los procesos de compra, optimización logística y relaciones de largo plazo con sus proveedores.
Becerril apunta entre los beneficios observados en los proveedores una menor rotación y menos ausentismo, mayores niveles de productividad y calidad, y una mayor capacidad para atraer y retener talento.
La compañía también ha reforzado los mecanismos de supervisión. “Se emplean auditorías externas e independientes, así como herramientas de autoevaluación y análisis de brechas salariales validadas por expertos”, detalla Becerril. En caso de incumplimientos, se prioriza un enfoque de acompañamiento. “Si un proveedor muestra una falta de voluntad persistente para cumplir con los estándares, L’Oréal contempla la suspensión o terminación de la relación”, dice.
El salario digno convive con la iniciativa Inclusive Sourcing, que opera desde 2010 y que utiliza las compras de la compañía para generar oportunidades económicas. El programa ha impactado a más de 109,000 personas que han recibido apoyo para acceder a empleo o ingresos sostenibles, por encima del objetivo para 2030. “Dado que más del 60% de las beneficiarias son mujeres, se mide el impacto en su autonomía financiera, su capacidad de decisión dentro del hogar y el fortalecimiento de la resiliencia en comunidades rurales”, afirma Becerril.
El reporte ‘Compras inclusivas, sostenibles y de impacto en México’, de la Red Aspen de Emprendedores para el Desarrollo, señala que dos terceras partes del impacto positivo o negativo de una empresa se genera en su cadena de suministro, y las áreas de compras administran hasta el 70% del gasto de una compañía, por eso, los proveedores son aliados para cumplir con las estrategias ESG. “Los consumidores exigen marcas éticas y transparentes. Garantizar esto en las cadenas de suministro fortalece la confianza y la preferencia”, sostiene la directiva.