Para el ecosistema empresarial, la nube dejó de ser, desde hace años, un concepto relacionado con la meteorología. Más bien, se volvió la forma cotidiana de nombrar una parte de la cultura digital, sobre todo, por la masificación que tuvo el uso de la inteligencia artificial en 2025. Detrás de esa capa de software, modelos y aplicaciones, hay una infraestructura física que consume energía, requiere suelo, capital, conectividad y criterios muy estrictos para operar sin interrupciones.
Equinix participa de manera activa en esa capa. La empresa se define como una compañía de infraestructura digital y centros de datos, aunque su negocio no consiste solo en rentar espacio para servidores. Su propuesta es reunir, en una misma plataforma, nubes públicas, redes, proveedores de contenido, empresas y servicios de TI para que los datos puedan moverse con menor latencia y con más control.
La dimensión de la empresa explica por qué México dejó de ser un mercado periférico. Equinix reportó más de 9,200 millones de dólares en ingresos globales en 2025, más de 41,000 mdd invertidos desde 1998, alrededor de 13,000 empleados y presencia en 73 mercados de 34 países. Opera más de 260 centros de datos y atiende a más de 10,000 clientes, según su hoja de ruta corporativa más actualizada.
“Desde la perspectiva de Equinix, México es una decisión estratégica de inversión, no simplemente un mercado operativo”, dice Eduardo Carvalho, presidente de Equinix para América Latina. El ejecutivo señala que el país “juega un papel único” en su estrategia regional, porque se ubica en la intersección entre integración norteamericana, escala regional y flujos digitales globales. Con base en estimaciones de ‘Las 500 empresas más importantes de México’, localmente obtuvo ingresos por aproximadamente 4,000 millones de pesos en 2025.
La historia local de Equinix empezó en 2019, cuando anunció la adquisición de tres centros de datos de Axtel por 175 millones de dólares. La operación, cerrada en 2020, le permitió entrar de golpe a dos zonas estratégicas: Querétaro, con MX1 y MX2, y Monterrey, con MO1. Aquellos activos agregaron alrededor de 115,000 pies cuadrados de colocación y habían generado 21 mdd en ingresos durante 2018. Además, fue una forma de insertar a México dentro de una red global que ya conectaba hubs como los de Dallas y Miami.
Desde entonces, la apuesta ha crecido por fases. En Querétaro, Equinix concluyó la ampliación de MX2, una inversión reportada en 57 millones de dólares. En Monterrey avanzó hacia MO2, su cuarto centro de datos en el país, cuya primera fase implicó 81 mdd y sumó más de 720 gabinetes a su capacidad operativa. El gobierno de Nuevo León presentó el proyecto total como una inversión de 250 millones de dólares.
La diferencia frente a su primera etapa en México es que Equinix ya no solo integra activos heredados de otra compañía, sino que despliega infraestructura propia en los puntos donde cree que se cruzarán la demanda empresarial, el nearshoring, la inteligencia artificial y la conectividad con Estados Unidos. “Cuando evaluamos inversión en México, no elegimos entre demanda local, nearshoring, conectividad con Estados Unidos o crecimiento de la inteligencia artificial. Analizamos cómo todas estas fuerzas se refuerzan entre sí en un horizonte de 10 a 20 años”, apunta Carvalho.
El directivo compara a México con otros mercados que también conoce. Brasil pesa por escala, Chile, por estabilidad, y Colombia, como conector regional, pero, en México, dice, hay una efervescencia distinta. “Funciona como una puerta de entrada bidireccional que permite a las empresas operar de manera fluida entre América Latina y Estados Unidos”, afirma Carvalho.
La consultora JLL señala que el inventario de colocación en América Latina creció 20% en 2025, un récord para la región, con mayor dinamismo en Brasil, México, Chile y Colombia. Además, el pipeline de construcción de colocación e hiperescala ya estaba 42% precomprometido.
Para la compañía, esa presión se traduce en una conversación distinta con sus clientes. “Hace cinco años, muchas conversaciones todavía estaban centradas en espacio, energía y conectividad básica. Hoy, los clientes piden ecosistemas, escalabilidad, sostenibilidad e interconexión de baja latencia; ya no compran capacidad de centros de datos, compran infraestructura digital e interconectada”, explica Carvalho.
La propuesta de Equinix consiste, entonces, en vender proximidad digital, para que una empresa pueda colocar sus sistemas cerca de las nubes públicas, redes y así operar con baja latencia. En ese modelo, el valor no está solamente en el edificio, sino en quién más está conectado ahí.
La Asociación Mexicana de Data Centers sostiene que el sector debe reconocerse como una industria crítica para el país, pero identifica cuatro grandes obstáculos que coinciden con lo que Carvalho percibe, la regulación, la falta de energía, más metas de sustentabilidad y la necesidad de talento especializado.
Entre los cuellos más complicados de sortear está la necesidad de energía, pues un centro de datos necesita suministro constante, capacidad de crecimiento y, cada vez más, acceso a fuentes limpias para responder a las metas de sostenibilidad de sus clientes. Por eso, el directivo subraya que Equinix no construye sobre especulación. “Nuestra confianza proviene de quién está pidiendo capacidad, por qué la necesita y qué tan central es México para sus modelos operativos de largo plazo”, sostiene.
Carvalho plantea que México requiere claridad y estabilidad en política energética, además de acceso a energía confiable, escalable y cada vez más limpia. “La incertidumbre en torno a la política energética, los retrasos en permisos, la falta de planeación de infraestructura de largo plazo y la coordinación insuficiente entre actores públicos y privados podrían frenar el impulso”.
Aunado al crecimiento de la digitalización, otra tecnología que incrementa la necesidad de servidores y desempeño es la IA. IDC estima que el gasto global en tecnologías de la información y comunicaciones llegará a 4 billones de dólares en 2026, impulsado por la adopción de plataformas de IA. Para los centros de datos, esto implica que la capacidad de cómputo deja de ser una compra táctica y se convierte en una condición estructural para operar a escala.
La nube y la IA no se explican solo con software, pues dependen de capacidad eléctrica, edificios especializados, enfriamiento, enlaces de fibra, permisos y una infraestructura invisible que empieza a parecerse menos a un servicio tecnológico y más a un sistema productivo.
Para Carvalho, el norte de México no representa solo una zona con crecimiento de corto plazo. La inversión en Monterrey responde a un cambio en la forma en que las industrias globales operan y en cómo la infraestructura digital debe sostenerlas. “El norte de México se está convirtiendo en uno de los puntos de convergencia más importantes entre la producción física y las operaciones digitales en las Américas”, detalla.
Nuevo León concentra manufactura, automotriz, energía y logística, sectores donde los datos ya forman parte de la operación diaria. Por ello, el ejecutivo subraya la relevancia de este polo en términos de crecimiento tecnológico. “Conforme los sistemas de producción se vuelven más inteligentes y automatizados, la dependencia de infraestructura digital localizada y altamente confiable aumenta de manera drástica”, añade.
Querétaro, por otro lado, se consolidó como uno de los principales hubs de centros de datos en México, pero su madurez trae presiones. Carvalho reconoce que la entidad sigue creciendo, aunque ya entra en una fase en la que las restricciones pesan tanto como la demanda. “Energía, agua y capacidad de planeación son ahora elementos centrales para la viabilidad de largo plazo”, enfatiza.
El talento aparece como una variable menos visible que la energía, pero igual de relevante. Un centro de datos no opera solo con ingenieros de software. Necesita especialistas en electricidad, enfriamiento, seguridad, redes, mantenimiento, operación crítica y cumplimiento.
Lo mismo ocurre con la sostenibilidad. Equinix reporta una cobertura del 96% de energía renovable a nivel global, como parte de su compromiso de llegar a 100%, y Carvalho dice que los clientes mexicanos ahora piden transparencia sobre abastecimiento energético y eficiencia.
Para Equinix, esto confirma que el cliente ya no toma la infraestructura digital como una compra operativa aislada. “Ven la infraestructura digital como capital estratégico, no solamente como capacidad operativa”, comenta el directivo.
La firma observa señales de demanda de largo plazo y quiere ocupar la capa donde se conectan los flujos digitales. Su historia reciente en México muestra esa ruta: entrar con una adquisición de 175 mdd, ampliar Querétaro, abrir una nueva fase en Monterrey y colocar al país dentro de una plataforma global de interconexión. Pero su apuesta también depende de condiciones que exceden a cualquier operador.
La oportunidad no se gana solo con anuncios de inversión. Se gana con energía disponible, reglas claras, permisos ágiles, conectividad, talento y coordinación urbana. Para Carvalho, la fórmula para atraer más inversión no pasa por reinventar el país. “México no necesita reinventarse para atraer inversión en infraestructura digital, necesita alinear sus fortalezas con políticas claras y de largo plazo. Cuando eso ocurre, la oportunidad es enorme”, sostiene.
Tras consolidar la venta de equipos celulares como el núcleo de su negocio, Macropay decidió ampliar su oferta comercial con la intención de dejar de depender exclusivamente del mercado de la telefonía móvil y avanzar hacia un ecosistema más amplio de productos y servicios.
El año pasado, incorporó incluso una vertical de préstamos. Además, lanzó su propio Operador Móvil Virtual (OMV), en la red de Altán Redes bajo la marca Macropay, como un servicio de valor agregado orientado a fortalecer la fidelización de los clientes. Actualmente, cuenta con 150,000 usuarios. Pero Osorio reconoce que aún las ventas principales corresponden a teléfonos.
Con esta estrategia, el CEO de Macropay asegura que busca consolidar a la empresa como “un retail con una financiera encima”, en un mercado donde identifica como principales competidores a Coppel y Grupo Elektra, más que a las compañías de telecomunicaciones.
Además, revela que la expansión no se limitará a México. Macropay llevará su modelo de negocio a Guatemala, tras diversas reuniones con el cónsul de ese país para concretar su llegada al mercado guatemalteco. “El diplomático nos buscó porque quiere meter inversión en su país. Y vio una de nuestras tiendas en Quintana Roo y le gustó el concepto”.
Por ahora, Macropay ya cuenta con el RFC necesario para operar en Guatemala. La expectativa es abrir su primera sucursal en los próximos meses y, en el mediano plazo, alcanzar entre 30 y 50 tiendas en ese país. “Nuestro modelo de negocio puede funcionar en toda Latinoamérica”, destaca. “Es un tema de hacer nuestra primera operación fuera de México y esperamos que nos vaya bien”.