Hablar de gas natural no se trata solo de hacerlo sobre un combustible más que sirve para generar electricidad o que operen las grandes industrias, es entender que existe toda una logística, infraestructura y un mercado que se desarrolla alrededor y que hoy permite vivir la vida con electricidad, con servicios básicos y con productos que facilitan la vida cotidiana, como tener un automóvil.
México es un importante consumidor de energía, con una demanda que supera los 50,000 megawatts diariamente; pero el 74% de su matriz energética, que permite generar esos megawatts, depende de diversos combustibles fósiles, como el gas natural, el diésel, el combustóleo o el carbón, mientras que solo el 26% utiliza energías renovables, como la solar, la eólica o la geotérmica, según datos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Sin embargo, la mayor parte de la energía que se consume en el país tiene justo su origen en el gas natural, puntualmente, en las centrales de ciclo combinado. Actualmente, su demanda en México es de alrededor de 9,000 millones de pies cúbicos diarios, de los cuales, más del 75% proviene de importaciones directas desde Estados Unidos y el resto es cubierta con la producción nacional de los yacimientos petroleros.
Traer más de 6,000 millones de pies cúbicos diarios de gas requiere una infraestructura de gasoductos que se vuelve medular para mantener la operación económica del país. Y es aquí donde empresas como Esentia Energy Systems juegan un papel clave. La compañía cuenta actualmente con un sistema de gasoductos interconectados privados con más de 2,000 kilómetros disponibles para su transporte.
Esta cantidad de kilómetros es significativa si se considera que el Sistrangas, que es la red troncal de gasoductos del país operada por el Centro Nacional de Control de Gas Natural (Cenagas), se extiende por 10,336 kilómetros.
El sistema interconectado de Esentia Energy Systems es conocido como el Waha-lajara, que permite acceder al mercado de gas natural más barato del mundo, que en promedio puede costar entre 2 y 3 dólares por millón de BTU; mientras que en otros como el europeo el gas puede costar 14 dólares y en el asiático, entre 11 y 16 dólares.
Este sistema está conformado por cinco ductos y cinco estaciones de compresión, que son instalaciones diseñadas a lo largo de los gasoductos para aumentar la presión del gas, reducir su volumen y facilitar su transporte. Esentia cuenta con una capacidad combinada total de transporte de gas natural de 5,800 millones de pies cúbicos diarios; pero el volumen transportado diario es variable, dependiendo de la temporada, del ducto y del cliente, calcula Daniel Bustos, CEO de Esentia Energy Systems.
Puntualmente, los ductos recorren desde la cuenca gasífera de Waha, en Estados Unidos, y cruza los estados de Chihuahua, Durango, Coahuila, Zacatecas, San Luis Potosí, Aguascalientes hasta llegar a Jalisco. Además, cuenta con otro gasoducto que no está interconectado al resto y que se llama TGT, el cual corre desde Palmillas, Querétaro, hasta Toluca, con una longitud de 127 kilómetros.
Estos gasoductos permiten transportar aproximadamente el 16% del gas natural que México importa diariamente desde Estados Unidos.
La compañía, de origen mexicano, fue fundada en 1995, como parte de los cambios impulsados tras la reforma energética de 1994, que permitió la participación de la iniciativa privada en las actividades de transporte y almacenamiento de gas natural.
Como muestra del crecimiento que ha tenido, en noviembre del año pasado, salió a la Bolsa Mexicana de Valores con una oferta mixta por un total de 224 millones de acciones ordinarias. Con ello, Esentia Energy Development debutó con 11,592 millones de pesos, convirtiéndose en el estreno bursátil más relevante del sector energético en los últimos años.
Esentia informó en ese momento que recibirá casi 8,000 mdp en recursos netos, sin considerar la sobreasignación. El capital se destinará a proyectos de expansión, modernización de estaciones de compresión, aumento de capacidad y pago parcial de pasivos, como parte de un plan de inversión que supera los 680 mdd.
Los gasoductos fueron entrando en operación en distintas fases y años, desde 2012, pero ya de manera integral, como se conforma actualmente, no fue hasta 2020. “En general, fueron más de 10 años de desarrollo para llegar al sistema completo”, explica Bustos. La empresa, que previamente se denominó Fermaca, también había incursionado en proyectos de infraestructura de gas. Tiene también actividades en Estados Unidos y otras divisiones de negocio, pero la más significativa en México es la del gas natural.
El impacto de su red de ductos no es solo para las zonas por las que cruzan, sino que los efectos son mayores porque hay algunos ramales o conexiones con ductos del Cenagas. Esto implica que, de un ducto que atraviesa el estado de Chihuahua, por ejemplo, el gas puede terminar en diversos puntos, como Topolobampo, Durango, Torreón, La Laguna o Manzanillo.
La compañía quiere ampliar sus actividades y, para ello, ya se alista con el desarrollo de tres nuevas etapas de inversión que le permitirían incrementar su capacidad de transporte con la integración que tiene con otros gasoductos. Desde 2012, la empresa ya ha invertido alrededor de 3,000 millones de dólares.
Su apuesta no está ligada de manera exclusiva a la venta de gas a grandes proyectos, como las centrales de la CFE; sino que se basa en la confianza de clientes privados que también necesitan gas natural y que no lo obtienen por falta de infraestructura.
“Somos la única empresa en México que está invirtiendo en capacidad de transporte basado en ventas a privados. El desarrollo en general del sistema se hizo basado en contratos con la CFE o con Pemex, pero hay un momento en el que no se le puede pedir todo al gobierno y nosotros tomamos la decisión de invertir en el sistema de transporte usando un portafolio de clientes privados”, asegura Bustos. “Y eso es más difícil que tener un contrato de 20 años con una empresa tan grande como la CFE”.
La primera fase de inversión inició el año pasado y contempla agregar un 10% de capacidad al sistema a través de la construcción de una estación de compresión y estará disponible a inicios del próximo año. A finales de marzo, se tomó la decisión de inversión de la segunda fase, la cual va a agregar un 20% más de capacidad –también con sistemas de compresión– como respuesta al interés y a la demanda de los clientes, y se pretende que pueda estar disponible a mediados de 2028.
La tercera etapa, se espera que entre en operación a finales de 2029, y contempla la construcción de un gasoducto de 70 kilómetros en paralelo al ducto de El Encino, que corre entre Chihuahua y Durango.
La gran dependencia de las importaciones de gas natural que el país mantiene ha puesto a la administración federal una alarma de las diversas medidas que pueden tomar para reducirla. Datos de la Secretaría de Energía (Sener) señalan que Pemex apenas produce entre 2,300 a 2,500 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, el 25% de la demanda, lo que agudiza la dependencia del extranjero.
Ante esta situación, el gobierno ya analiza la posibilidad de explotar los yacimientos no convencionales o de ‘geología compleja’ que son en donde se concentra la mayor cantidad de reservas de gas. No obstante, para su explotación sería necesario emplear fracking o fractura hidráulica, cuya técnica fue prohibida –de palabra– por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, por sus efectos ambientales.
Pero esa visión ha quedado atrás para la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ya instruyó a un grupo de expertos que evalúa los pros y los contras de utilizar esta técnica, desde el punto de vista ambiental, tecnológico y económico. Y, si se aprueba la fractura y se aumenta de manera considerable la producción nacional, ¿qué pasará con empresas que tienen infraestructura de ductos para importación?
Bustos añade que es positivo que México tenga planes para el desarrollo propio del gas, no solo como país, sino también para todas las empresas que tienen un negocio en la materia. “No hay una competencia entre ambas cosas, se convertiría en una complementación. Lo mismo pasa con otras tecnologías que se incorporan, como las renovables. Es necesario tener alternativas ante la mayor demanda de energía”, asevera.
“Nosotros proveemos la capacidad de importar gas en caso de momentos críticos. Y por hoy importamos a través de nuestros gasoductos, pero, en su momento, también podemos movilizar producción del fracking en el norte de México. Gas es gas, y estos ductos son necesarios para poder tener una mejor distribución”, concluye.