Un día antes de que el gobierno federal anunciara el acuerdo con la industria del acero para comprar y construir obra pública con material mexicano, Marcelo Ebrard estuvo en Pesquería, en Nuevo León, en el complejo de Ternium. “Queremos respaldar a la industria que está aquí en México”, dijo el secretario de Economía aquella jornada de finales de abril.
Reconoció también, delante de parte de la plantilla y clientes de la compañía, el trabajo que Máximo Vedoya, CEO de Ternium, hacía para mostrar el valor de la industria nacional. “Siempre anda presumiendo, con fotos, su obra, invitando a que la visiten”, bromeó.
Lo cierto es que Vedoya está orgulloso de la compañía que lidera. A finales de este año, el Centro Industrial Ternium en Pesquería inaugurará su acería, como parte de la tercera fase del complejo, que en febrero también puso en marcha las nuevas líneas de laminación en frío y galvanizado. Esta fase ha supuesto una inversión de 4,000 millones de dólares. Desde 2010, la empresa siderúrgica ha invertido 7,570 mdd en este complejo.
“Nosotros conceptualizamos este nuevo centro industrial como un lugar donde se harían los aceros más sofisticados de las Américas. La etapa 3 es la culminación de toda esta visión”, explica Vedoya.
El CEO presume el trabajo realizado. Cuando iniciaron en Pesquería, tuvieron que contar con un socio japonés porque no había experiencia local para fabricar la lámina para la industria automotriz, sobre todo, la expuesta. “No había tecnología en México hace 10, 15 años, para hacer esto”, dice. Poco a poco, fueron integrando su propia tecnología para lograr hacer toda la cadena.
“La culminación es la acería, que tecnológicamente es muy particular porque será la primera del mundo que va a poder hacer acero automotriz, sobre todo, el más sofisticado, el expuesto, la piel del carro, con casi cero emisiones”. Lo hará con horno eléctrico y una tecnología desarrollada por ingenieros mexicanos.
Mientras Vedoya explica la inversión, un planchón de acero al rojo vivo aparece a su espalda. Estamos en la planta de laminado en caliente. Aquí, grúas totalmente automatizadas trasladan los planchones, con un peso promedio de 24 toneladas, hasta un horno, donde pasan rápidamente de temperatura ambiente a los 1,220 grados.
A medida que avanzan en el recorrido, irán perdiendo calor. Cada planchón tiene un número que lo identifica y se puede rastrear en tiempo real. Según las necesidades de los clientes, se pueden deformar para reducir su espesor y aumentar su longitud a lo largo de todo el circuito de laminado y su paso por las prensas.
La fase 3 culmina en uno de los momentos más complejos para la industria mexicana del acero. A la competencia china aupada por las prácticas de dumping, que el gobierno quiere atajar con este nuevo acuerdo, se sumó la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su política comercial. Si en varios sectores se ha vivido la amenaza constante de imposición de aranceles, en el caso del acero ha sido una realidad.
El año pasado, el gobierno de Estados Unidos reactivó la Sección 232 con un arancel de hasta el 50% al acero, que provocó un desplome del 53% en las exportaciones, de acuerdo con cifras de la Cámara Nacional de la Industria del Hierro y del Acero (Canacero). El sector, señala el organismo, opera actualmente en promedio al 64% de su capacidad instalada y enfrenta una penetración de importaciones equivalente al 42% de la demanda interna. Todo ello llevó a que, en 2025, la producción se redujera 8.1% en productos terminados, a niveles que no se veían desde 2014.
“La razón por la cual el presidente Trump está haciendo esto, yo diría que es correcta”, opina Vedoya. “En el mundo del acero, y de la manufactura en general, había un problema con esta actitud depredatoria de China y sus países satélites. Uno no puede competir contra un Estado. Había que hacer algo”.
Sin embargo, el directivo considera que el país vecino se equivoca al incluir a México en sus medidas. La administración de Claudia Sheinbaum, sostiene, está trabajando para desarrollar el mercado local y frenar las importaciones asiáticas y, de este modo, tener mayor valor agregado en la región.
Y es de manera coordinada, como región, como el CEO de la empresa considera que se debe hacer frente al comercio desleal, en lugar de como países individuales. “No creo que exista un T-MEC con la 232”, señala sobre la próxima revisión del tratado. De ahí que espere un endurecimiento de las reglas de origen para que haya un mayor valor agregado regional. “Es la visión que tiene Estados Unidos y la visión que tiene la presidenta Sheinbaum. Creo que ese es el camino. El camino se da con reglas de origen más estrictas, pero que no haya restricciones en el comercio si uno las cumple”.
La inversión realizada por Ternium ayudará a cumplir con esas reglas. La acería surge, de hecho, del cambio en las reglas de origen automotriz en la negociación anterior del T-MEC, que implica la necesidad de una mayor integración.
El año pasado, Ternium, como la industria, vivió un año complicado. El Ebitda ajustado de la compañía disminuyó 24%, hasta los 1,541 mdd, debido a la caída de los precios del acero y a una disminución en los envíos en México, ante la lenta actividad en la industria de la construcción del país y una menor demanda industrial, a causa de la incertidumbre provocada por la política comercial estadounidense. Las ventas netas de acero de la empresa en México cayeron 16% (frente al 8% en Brasil) el año pasado.
El primer trimestre de 2026 ha mostrado cifras más positivas. El Ebitda ajustado aumentó 21% con respecto al trimestre anterior y las ventas en el país comenzaron a tomar impulso y crecieron 12% respecto al cuarto periodo de 2025. La empresa prevé que sigan al alza en el segundo trimestre, según su reporte financiero del primer periodo del año, con todo y el incremento de aranceles que afrontó la industria.
“Nosotros tenemos que trabajar en lo que podemos controlar”, afirma Vedoya sobre el entorno que atraviesa la industria. “No podemos controlar las negociaciones entre México y Estados Unidos. Nuestra estrategia es trabajar en nuestra competitividad, cómo bajamos los costos, cómo somos más eficientes mientras pasamos esta tormenta. Y cómo damos soluciones más complejas y de calidad para que nuestros clientes nos elijan a nosotros en lugar de un material importado”.
El ritmo no para en Nuevo León. Al Centro Industrial Ternium en Pesquería entran hoy cada día 60,000 personas, entre propios y contratistas. Cuando la acería empiece a funcionar, el complejo generará 2,500 empleos directos más y el mismo número de indirectos. “Todas son plantas extremadamente sofisticadas en lo tecnológico, con mucha automatización. Nuestros empleados en su mayoría son técnicos o ingenieros muy enfocados a mejorar la productividad y la performance de todo el equipo autónomo”, explica Vedoya.
Actualmente, gran parte del acero que usa el complejo viene de Brasil, pero esto cambiará cuando se inaugure la acería, a finales de año, con su producción de 2.6 millones de toneladas de planchones de acero. El laminador en caliente tiene una capacidad de 4.4 millones de toneladas al año de acero especializado.
La zona donde va tomando forma la acería cambia cada día. En el proceso de construcción participó incluso una grúa con capacidad para 3,000 toneladas y que anteriormente fue utilizada para levantar un cohete de la empresa SpaceX, de Elon Musk. Se empleó para montar un cooler de 280 toneladas, una pieza crítica para la torre de reducción directa.
Pero la huella de Ternium en Pesquería no se encuentra solo en las 437 hectáreas del complejo (de las que 99 son de reserva natural). El municipio ha cambiado desde su llegada. En agosto se cumplirán 10 años del inicio de clases de la primera generación de la Escuela Técnica Roberto Rocca, un centro educativo impulsado por la empresa que ha cambiado las perspectivas de los jóvenes locales, que pueden estudiar becados el bachillerato técnico en Electromecánica o en Mecatrónica. Y, desde septiembre del año pasado, entró en sus aulas su primera generación de secundaria.
En un municipio que ofrecía pocas oportunidades, ahora, casi el 80% de sus jóvenes estudia la preparatoria y el 60% va a la universidad, explica Vedoya. “De nuestra escuela, terminan siendo ingenieros. Pasamos de un 80% de chicos que no iba a la prepa a un 80% que sí va. La industria es la fuente de la movilidad social en cualquier país desarrollado, por eso se llaman industrializados”, dice sobre el cambio en los índices educativos de la localidad.
La mañana después de la visita de Ebrard a Pesquería, Vedoya estaba en Palacio Nacional, en el anuncio del acuerdo para impulsar la industria siderúrgica nacional. “Queremos respaldar la industria que está en México”, decía un día antes Ebrard. “La inversión que se hace aquí es estratégica. (...) Por acá nos vemos en la inauguración”.